En los preámbulos del verano de 1985 Kraus iba a presentarse en el Liceo barcelonés para llevar a cabo una serie de funciones de "L'elisir d'amore" de Donizetti.
Nos encontramos en el mes de junio para ser mas concretos y acompañan a Alfredo en el reparto, Sona Ghazarian como Adina, Ingvar Wixell como Belcore, y Carlos Chausson como Dulcamara, la orquesta y coros eran los del gran teatro del Liceo y todos a las ordenes de Brian Saletsky.
Ni que decir tiene que aquellas funciones resultaron un éxito de primer orden y es que la sola presencia de Alfredo en un reparto ya es de por si un valor seguro para cualquier producción, y en este sentido o similar se expresaba Joan Arnau en un artículo de La Vanguardia de aquellos días:
Kraus, una interpretación poética y elegante
Entre el suspiro ingenuo de "Quanto é bella, quanto é cara" y la emoción viva de "Una furtiva lágrima" se ha diluido la ironía, la leve caricatura inicial del personaje, desmaterializado, casi, en pura efusión lírica que le aleja del tipo usualmente motivo de mofa en la vieja ópera bufa. Todo este proceso tiene un no sé qué de melancolía por otra parte habitual en la música de Donizetti que no logra evitar el buen final de la obra. Y es que Dulcamara se marchó con su prodigioso elixir del amor.
No sé hasta qué punto Alfredo Kraus coincidirá con estas apreciaciones, pero puedo asegurarle que a mí me las ha sugerido su interpretación cuidadosamente estudiada, servida con un estilo poético y elegante que es idealización de un personaje que así, como lo canta él, pertenece en propiedad a Donizetti y al romanticismo. Ya no voy a elogiar otra vez ¡Son tantas, con admiración! la técnica perfecta de Alfredo Kraus y el portentoso dominio que ésta ejerce sobre la emisión de la voz, pero de alguna manera las dos me sirven para intentar explicar cómo su versión de Nemorino se llena de matices -musicales en primer lugar- que llegan a darse en un solo sonido una vez colocado en la exacta zona de resonancia. Producido con opacidad, porque así conviene al sentido de la frase, se vuelve traslúcido porque así es más expresiva la intención del mórbido fraseo, siempre con dicción impecable, dúctil a reguladores fascinantes, a alegatos emocionantes que, en suma, dan a la interpretación la más variada gama de sentimientos. Patético en "Adina, credimi", soñador en "Una furtiva lágrima", por no alegar las citas, la línea de buen gusto llega al refinamiento más exquisito.
Dicho esto por parte de Joan Arnau en La Vanguardia poco mas cabe reseñar pero si os advertiré de un par de cosas la primera es que aquí vais a volver a tener de nuevo la oportunidad de escuchar uno de esos documentos realmente excepcionales precisamente por lo excepcional que también era ver a Alfredo Kraus bisando durante una representación.
Efectivamente, el Liceo entero sucumbe a la delicadeza, al arte de este MAESTRO y tras la célebre aria de Nemorino, que todo el teatro escucha encogido por la emoción y lo intimista de la interpretación, se viene abajo en una salva de aplausos, bravos e incluso como podréis escuchar alguien del público le "lanzará" el mejor piropo que cualquier "Krausista" podría decirle a su ídolo. Tras lo escandaloso de la ovación y ante un enfervorecido público, Kraus accede a bisar aunque fuera solo con la segunda parte del aria, esa "Furtiva lágrima" de tanta, tanta belleza.
Para finalizar me gustaría dedicar este post del día de hoy a una amiga y gran admiradora de Kraus que es la "Baronesa de A." quien además podría rememorar este momento ya que ella lo vivido en primera persona por encontrarse en el teatro durante aquella representación.
Amigos mios, cerrar los ojos y poner los cinco sentidos en degustar esta joya de orfebrería que Alfredo produce con su arte.
Va por todos vosotros y especialmente para ti, Baronesa.
