La Coctelera

Categoría: "La tabernera del puerto"

El "No puede ser" Nipón


 

 Otro fragmento de ese recital en Tokio, en esta ocasión la conocidísima y popular  "No puede ser..." de La tabernera del Puerto del maestro Pablo Sorozábal.

Esta es la versión que en los últimos años nos dejó Alfredo con ese final en punta no escrito y que por ello fue en más de una ocasión un tanto criticado.

La verdad es que estas "cosas" no dejaban de  ser de algún modo una firma en la que podía leerse algo así: "esto solamente lo puedo hacer yo"

Saludos cordiales mi fiel parroquia.


 

 

 

Hace diez años ...

Retomo el recital que Alfredo dio con motivo del festival de música celebrado en Úbeda hace ahora diez años. Lo que escucharemos en el día de hoy es la romanza de “La tabernera del Puerto” con ese arreglo en el final, “a la Kraus” en forma de sobreagudo que en sus últimos años el tenor solía utilizar a menudo en esta romanza, si bien esa subida final no siempre fue bien recibida por todo el mundo sobre todo por los más críticos por lo innecesario de esa nota.

Escuchemos ya este “No puede ser” registrado el 29 de Mayo de 1998 durante el IX Festival Internacional de Música y Danza “Ciudad de Úbeda” y en el que acompañó al tenor, el pianista Edelmiro Arnaltes.



¡No puede ser! Esa mujer es buena.
¡No puede ser una mujer malvada!
En su mirar como una luz singular
he visto que esa mujer es una desventurada.

No puede ser una vulgar sirena
que envenenó las horas de mi vida.
¡No puede ser! porque la ví rezar,
porque la ví querer,
porque la ví llorar.

Los ojos que lloran no saben mentir;
las malas mujeres no miran así.
Temblando en sus ojos dos lágrimas ví
y a mi me ilusiona que tiemblen por mí.

Viva luz de mi ilusión,
sé piadosa con mi amor,
porque no sé fingir,
porque no sé callar,
porque no sé vivir.



Semana grande, Kraus ya es octogenario

Mis queridos amigos,tal y como ya os adelanté la semana pasada, la presente será un poco especial y eso se debe a que esta semana se cumple el 80 aniversario del nacimiento de nuestro protagonista, Alfredo Kraus.
Con motivo de este acontecimiento, lo que os he preparado es un especial para toda la semana en el cual escucharemos y también veremos a Kraus a lo largo de las cinco décadas que abarcó su carrera, entiéndase los años 50, 60, 70, 80 y 90.
Y esta semana de modo excepcional el sábado también os pondré un vídeo ya que ese día, el 24 de Noviembre es cuando se cumple exactamente la mencionada efeméride.
Haré pues un breve repaso por esos cuarenta y dos años de ARTE que Kraus nos regaló con ese don de la naturaleza, que fue su voz.
Para empezar este repaso, hoy vamos a escuchar una version de los años 50, en concreto una grabación de 1958. En este año Kraus grabo unas versiones que podríamos decir históricas de algunas Zarzuelas; el calificativo de histórico viene dado porque la dirección musical de estas grabaciones corrieron a cargo del propio compositor, en este caso Pablo Sorozabal.
Lo que escucharemos en el día de hoy es el "No puede ser" de La tabernera del Puerto que Kraus grabó en este 1958 junto con otras dos obras, Black el payaso y Katiuska.
El reparto completo de la grabació incluía a Leda Barclay, Renato Cesari, Jorge Algorta, Enriqueta Serrano, Luisa Espinosa, Enrique Fuentes, José Ramón Henche, José Marín.
Junto a todos estos, el Coro Cantores de Madrid y la Oquesta de Conciertos de Madrid, todos bajo la atenta mirada y dirección del autor de la obra, Pablo Sorozábal.

En esta versión del día de hoy quiero hacer hincapié una vez más en una de la cualidades que Kraus abanderó a lo largo de su carrera, se trata del fiato; el ejemplo de hoy es bastante ilustrativo, cuando nos disponemos a escuchar el final de la romanza, en ella los cantantes e incluso el propio Kraus en años posteriores realizan una pausa tras el "porque no sé" final, para recuperar aire y atacar el "vivir" final. En este registro de hoy puede escucharse como Kraus canta todo el verso de una tacada y por si alguno quiere, que mida el tiempo transcurrido desde la última respiración hasta el final de su postrera nota.

Saludos muy cordiales para todos y feliz semana Krausiana.

No puede ser! Esa mujer es buena.
¡No puede ser una mujer malvada!
En su mirar como una luz singular
he visto que esa mujer es una desventurada.

No puede ser una vulgar sirena
que envenenó las horas de mi vida.
¡No puede ser! porque la ví rezar,
porque la ví querer,
porque la ví llorar.

Los ojos que lloran no saben mentir;
las malas mujeres no miran así.
Temblando en sus ojos dos lágrimas ví
y a mi me ilusiona que tiemblen por mí.

Viva luz de mi ilusión,
sé piadosa con mi amor,
porque no sé fingir,
porque no sé callar,
porque no sé vivir.

El cuarto tenor ..... o el primero

De este modo titulaba el periódico "El Mundo" la crónica del recital que ofrecía Alfredo Kraus en su regreso a los escenarios, en 1998 tras el fallecimiento de su esposa.
En honor a la verdad, hay que ser objetivo y no dejarse cegar por la pasión, admiración o como en mi caso (y la de muchos otros), la veneración, que por este artista siempre he tenido y tendré.
Realmente aunque podemos decir que el "examen" de este recital ha sido aprobado con algo más que solvencia, no es menos cierto que en algunos pasajes de las romanzas que este día interpretó, se ven pequeños momentos de tensión por parte de nuestro querido tenor como si necesitase hacer un esfuerzo extra para dar lo mejor de si mismo.
No hay que engañarse, son ¡¡¡ 70 años !!! y quizás para este entonces, esa grave enfermedad es posible que ya empezara a hacer sus estragos en este extraordinario ser.

¡¡¡ Que gran artista, y que grandísimo ser humano !!!

A continuación os transcribo toda aquella crónica así como algunos ejemplos audiovisuales de lo que fue la mencionada velada.

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El 21 de febrero de 1998 puede inscribirse en la nueva historia del Teatro Real con los honores de la primera noche de gloria. Al menos, así se desprende del clamoroso triunfo que Alfredo Kraus consumó anoche en el coliseo madrileño, cuya envergadura, resumida en 25 minutos de ovaciones y bravos, ha sobrepasado definitivamente el tono de la emblemática velada inaugural, el concierto de los tres tenores y las distintas producciones operísticas que se han desencadenado desde el pasado mes de octubre.

En realidad, el rotundo éxito del tenor canario no puede explicarse desde una perspectiva exclusivamente musical, sobre todo porque los espectadores congregados anoche en el Teatro Real también celebraban el feliz regreso de Alfredo Kraus a la ópera con mayúsculas, el milagro de sus 70 años, el nostálgico reencuentro con un intérprete de culto y la sensación de que se ha sobrepuesto al fallecimiento de su mujer con la capacidad de desafíar el repertorio más arriesgado de Donizetti, Cilea y Massenet.

(Fotografiado junto a un busto del gran Julián Gayarre)

De hecho, Alfredo Kraus no tuvo más que insinuarse sobre el escenario para que los espectadores le tributaran un conmovedor recibimiento: el tenor canario sabía de que después de la calurosa reacción del público se econtraba en el compromiso de superar el filo de los nueve do de pecho despiadadamente encadenados en La hija del regimiento. Y fue entonces cuando pudo reconocerse que las emblemáticas virtudes de Kraus sobreviven a las circunstancias más desagradables, quizá porque la técnica, la inteligencia, el buen gusto, el exquisito fraseo, la magistral dicción y la personalidad trascienden la propia naturaleza vocal y constituyen un bagaje artístico imperecedero.

REPERTORIO EMBLEMATICO.- Y la valentía. No fue un recital generoso en el número de arias y romanzas -es cierto que las intervenciones solitarias de la versátil Orquesta Sinfónica de Madrid bajo la eficiente dirección de Rolf Reuter rompieron, en determinadas ocasiones, el ritmo y la magia del acontecimiento-, pero sí puede considerarse muy representativo de las tentaciones de Alfredo Kraus y de las obras que han señalado su impecable trayectoria. Por ejemplo, Lucia di Lammermoor, cuya oportunidad en el programa de anoche dio lugar a que el tenor canario se exhibiera categóricamente en la introducción y el aria de Tombe degli avi miei. Por ejemplo, Werther, recordada ayer con el memorable capítulo de Pourquoi me réveiller. Y, por ejemplo, Rigoletto: Alfredo Kraus, visiblemente emocionado, se resistía a conceder una propina, pero, dada la insistencia, no tuvo otro remedio que despedir el recital con el popularísimo testimonio de La donna è mobile.

Los espectadores, claro, reaccionaron de una manera desenfrenada, apasionada. Más o menos como sucedió cuando el tenor hizo su única alusión al repertorio español -No puede ser, de La tabernera del puerto-, cuando se recreó en El lamento de Federico y cuando recurrió al lirismo de Martha. La diferencia estriba en que las palabras escritas para las obras de Sorozóbal, Cilea y Flotow entrañan ahora un significado mucho más especial que antaño, quizá porque ya no narran experiencias ajenas ni se refieren a mujeres absolutamente anónimas.

Al contrario, no ha cambiado la profesionalidad de Kraus, ni su apabullante seguridad en los agudos, ni siquiera su capacidad para abstraerse de las circunstancias personales y afirmarse como un verdadero cantante de ópera. Un mes después del concierto de José Carreras, Domingo y Pavarotti, parece que es oportuno revisar la versoimilitud de alguna que otra fórmula exclusiva. Aquella de los tres tenores, por ejemplo.

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Ah, mes amis ...

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Tombe degli avi miei...

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M'appari (Marta)

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Lamento de Federico

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No puede ser...

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Pourquoi me réveiller

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La donna e mobile

Alfredo Kraus, una biografía (VII) y final.

Otra de las facetas importantes de Alfredo Kraus a lo largo de su carrera fue el de la difusión de la Zarzuela tanto a través de representaciones como de grabaciones en disco; valga como ejemplo las tres versiones llevadas a disco de la Zarzuela de Amadeo Vives "Doña Francisquita".
Precisamente con esta obra se presentó en España en el año 1956 en la inauguración de la temporada del Teatro de la Zarzuela con la compañía de José Tamayo.

Fotografía de 1956 en que Kraus canta por primera vez el papel de Fernando.

A continuación escuchemos una versión de la célebre romanza de Fernando "Por el humo se sabe donde está el fuego" en una grabación de 1979.

La década de los 70 y 80 se caracterizan por la inclusión de nuevos personajes a su repertorio así algunos ejemplos serían Linda de Chamounix, Lucrezia Borgia, Lakmé, La hija del regimiento, Romeo y Julieta……

Linda de Chamounix es de esas obras que apenas se pueden anunciadas en los cartelones de los teatros y buena culpa de ello en ocasiones obedece a la falta de un o unos, buenos interpretes para alguno de los papeles de la obra.
En marzo de 1972 Kraus hizo una aparición estelar con esta obra en el Teatro Alla Scala junto a Margherita Rinaldi, Renato Bruson y Enzo Dara todos bajo la supervisión de Gianandrea Gavazzeni; escuchemos un fragmento de esta representación donde Kraus se recrea en el papel de Carlo.

Como decía anteriormente Alfredo Kraus ha tenido buena "culpa" de la recuperación de algunas obras para la representación en teatros, que habían caido un tanto en el olvido, una de estas obras es Lucrezia Borgia con la que Kraus ya había realizado una pequeña incursión en este caso en el estudio de grabación para dejar una gran versión en los sesenta junto a Montserrat Caballé en la que quizás la única pega sería la ausencia de la célebre aria de tenor "T'amo qual s'ama un angelo" que Kraus recuperaría años más tarde.

El debut en los escenarios con Lucrezia Borgia se produjo en febrero de 1979 en el Teatro Comunale de Florencia acompañado de Katia Ricciarelli, Leyla Gencer y Bonaldo Giaiotti y a la batuta Gabrielle Ferro.

Veamos a continuación la célebre y dificil aria de Gennaro en una representación de 1988 en el teatro del Liceo Barcelones.

Romeo y Julieta entró en el repertorio Krausiano en 1981 concretamente en el mes de noviembre, en la Civic ópera de Dallas junto a Jeanette Pilou, Alan Titus y Agostino Ferrin, en la batuta Nicola Rescigno.
Escuchemos el aria de Romeo Ah! lêve-toi soleil
en una grabación de 1985 en el Teatro Regio de Parma.

Otra de las facetas que más cultivó en sus últimos años Kraus fue la del repertorio de canciones tanto españolas, francesas e italianas y que componían en muchas ocasiones el núcleo principal de muchos de sus recitales sobre todo aquellos en los que simplemente estaba acompañado por el piano.
Escuchemos a continuación dos ejemplos, por un lado una de las canciones más conocidas del compositor italiano Paolo Francesco Tosti concretamente "L'alba separa della luce l'ombra" y de otra parte una de las piezas mas conocidas del maestro Obradors, "Del cabello más sutil".
Ambos registros son de 1989.


Junto a una de sus alumnas

Una de las preocupaciones de Kraus sobre todo en su etapa final era la de la enseñanza, el creía que el artista debía transmitir sus conocimientos para que estos no se perdieran en el transcurso del tiempo y así todo ese legado de sabiduría aplicada a la técnica vocal que le habían conferido sus maestros junto con su propio conocimiento y experiencia decidió ponerlo a merced de los jóvenes valores primero a traves de ocasiones puntuales en las que impartía clases magistrales por todos los rincones del mundo y ya en sus último años desde la cátedra de música Reina Sofia en la que ayudaba a nuevos valores de la música.

Y así llegamos hasta el año fatídico de 1999, como muchos de los personajes que interpretó a lo largo de su carrera desaparecía el último romántico, el último artista en concebir el arte de cantar tal y como lo concebían aquellos grandes artistas a los que el admiró, Shipa, Pertile, Gigli y como muchos otros, antecesores de estos últimos.
Para la ciencia, Alfredo Kraus falleció a consecuencia de un cáncer, para la mayoría de nosotros murió de amor como su WERTHER, y es que el apoyo y compañía de su esposa Rosa había terminado dos años antes y este trago fue algo que Alfredo nunca pudo superar.

Aquí os transcribo una de las últimas entrevistas concedidas por Kraus en este caso poco despues del fallecimiento de su esposa.
La entevista es de Rubén Amón para un suplemento del periódico El Mundo de noviembre de 1997.

Alfredo Kraus (Las Palmas, 1927) ha reaparecido en el escenario de la actualidad con unas polémicas declaraciones sobre el Teatro Real justificadas en la evidencia de que podía incumplirse el acuerdo de inaugurar la próxima temporada.

"El Teatro Real me maltrata, no existe profesionalidad ni respeto", señaló el pasado 21 de octubre. En realidad, semejante gesto de indignación también puede explicarse desde una perspectiva extraprofesional, precisamente porque el histórico tenor canario trata de sobreponerse al reciente fallecimiento de su esposa con la normalidad que entraña el ajetreo de los teatros, los contratos, las funciones. Es más, parece dispuesto a retomar su carrera el próximo viernes, 7 de noviembre, con un programa de zarzuela en el Auditorio Nacional de Madrid, después de ocho meses de silencio, de dolor, de desesperanza. Y es que Alfredo Kraus reconoce haber sufrido un infierno. "¿Me podía haber pasado algo peor? No, ésta ha sido la mayor tragedia de mi vida, los momentos más duros y trágicos, la situación más terrible que nadie pueda imaginar. Me siento solo, hundido, destrozado, roto, abandonado, triste, vacío. ¿Qué puedo decir después de haber estado tantos meses junto a la cama de mi esposa con la esperanza de que iba a recuperarse? Este dolor sólo puede imaginarlo quienes han sufrido experiencias parecidas".

El dolor. Conmueve escuchar a Alfredo Kraus en estos términos tan crudos, y cuesta trabajo conciliar su aparente entereza con el dolor interior que padece, quizá porque siempre le hemos conocido como un hombre fuerte y valiente capaz de revelarse ante las injusticias profesionales y porque su imagen de azote social no parecía esconder fisuras. Y sin embargo, Alfredo Kraus se ha roto. "Muchas veces tengo ganas de pegar puñetazos contra la pared, de levantar la voz y de preguntarme por qué me ha sucedido esto a mí. Es una situación de impotencia. En su momento pensé que no pintaba nada en esta vida, que lo justo sería que dos personas que se quieren durante tantos años tienen derecho a morir juntas. Quizá sea un problema de mentalidad, pero sería mejor que aprendiéramos a convivir con la idea de la muerte, igual que ocurre en las culturas orientales, porque luego sucede que estos batacazos te dejan sin aliento, sin ganas de vivir, sin retos ni expectativas".

Continuar. Alfredo Kraus quiere seguir adelante, no puede abstraerse de su entorno y contempla las fotos que rodean el salón de su casa consciente de que permanece como la cabeza de una gran familia. "Sí, después analizas la situación con mayor frialdad y te das cuenta de que tienes algunas cosas por las que luchar que todavía merecen la pena, una familia, unos hijos, unos nietos, unos amigos. Si ellos han perdido a su madre y a su abuela, también sería peor que ahora se quedaran sin padre y sin abuelo. No lo sé, pero tengo la impresión de que las mujeres son más capaces de remontar estas situaciones, que tienen más fortaleza y han adquirido una capacidad de autosuficiencia con la que se enfrentan a los problemas de manera más valiente y sólida. Yo siempre pensé que me iría antes de este mundo que Rosa, pero ahora me doy cuenta de que estoy solo, desalentado. Sé que tengo que salir del bache como sea y participar de la vida, porque es mi obligación. Y aún así, me asaltaron las dudas de no querer seguir en la vida. No quería estudiar, ni cantar, ni ver a mis amigos".

La experiencia de haber permanecido ocho meses de silencio explica que Alfredo Kraus tenga una perspectiva diferente de las cosas, incluso que se plantee su porvenir profesional con cierta distancia y escepticismo. "He cumplido 41 años de carrera profesional y me he enfrentado ante la mayor tragedia de mi vida, de modo que es lógico que las cosas que antes valoraba de una forma, ahora las juzgue de una manera distinta. ¿Mi carrera? No sé lo que va a pasar el día que vuelva a subir a un escenario, porque nunca me he encontrado en circunstancias emocionales tan intensas. En realidad, tampoco me importa demasiado lo que suceda a partir de este momento, precisamente porque a esta edad y después de tantos años de trayectoria profesional se van agotando los retos y los desafíos profesionales".

Quizá el único reto que permanece es el Teatro Real, aunque Alfredo Kraus no está dispuesto a pagar cualquier precio. "No he tenido la menor intención de crear polémicas cuando dije que el Teatro Real me maltrataba. De hecho, mi único objetivo era dar a conocer que había unos compromisos adquiridos, que se me prometió inaugurar la temporada 98-99 con Los cuentos de Hoffmann y, que después convinimos que era mejor hacerlo con Werther. El caso es que transcurrían los días, se confeccionaba el ejercicio 98-99 y mi nombre no aparecía en ningún sitio. El gerente del Teatro Real, Juan Cambreleng, no atendía nuestras llamadas, incluso le dijo a mi hermana (su mánager) que ya no había sitio para hacer el Werther. ¿Por qué estas cosas siempre me tienen que pasar a mí?".

Indignación. La indignación de Alfredo Kraus tuvo efectos inmediatos en el Teatro Real, hasta el extremo de que Juan Cambreleng se ha comprometido a que Alfredo Kraus interprete Werther en octubre de 1998. "Si se arreglan las cosas, bien, pero si no, tampoco pasa nada, porque repito que paso de muchas cosas a estas altura de la vida. No he hecho presiones en el Teatro Real, ni he pedido nada, ni he querido figurar. Sencillamente, soy un artista que tiene en vigor un compromiso y que exige se actúe en consecuencia, de un modo profesional. En estos momentos soy una persona más realista, menos soñador, menos Quijote. He obtenido unas metas. Quizá la mayor consecuencia de todos estos sucesos tan desgraciados es que me he convertido en una personalidad fatalista. Y no digo que sea bueno, pero no puedo cambiar los hechos".

Tampoco quiere que se le identifique con la polémica y que se haya creado en torno a él un clima de personaje incómodo." Me gustaría cantar en el Teatro Real el año que viene porque me queda muy poco tiempo de carrera, el problema es que me molesta que se interprete mi reacción como una pataleta, porque no lo es. Alfredo Kraus no quiere ser un hombre polémico ni le gusta aparecer en grandes titulares, pero cada vez que intenten avasallarme, voy a responder. No me dejo pisotear ni admito que se cometan injusticias. Es más, me duele que esta sociedad sea tan conformista. No me refiero sólo al mundo de la cultura. Creo que resignarse es perjudicial, de ahí que haya querido alzar mi voz contra la situación del Teatro Real".

Ahora todo es peor. Entretanto se resuelve el problema del coliseo madrileño, Kraus tiene la intención de cantar Werther en Zurich y Lucia di Lammermoor en Berlín, aunque el tenor canario reconoce que va a tomarse la carrera de una forma más descansada a como lo hacía hasta ahora. "Quiero hacer lo que me apetezca. Y quiero que mi profesión sea una forma de mantener la normalidad, una vía de escape. También sé que voy a viajar solo, que ni siquiera puedo hablar con mi mujer por teléfono y que el hecho de haber vivido tantos años con mi mujer supone que a partir de ahora todo es diferente, que es peor. Mi último recital fue en febrero, así es que la reaparición entraña unas circunstancias muy especiales. Si soy sincero, debo decir que todavía no me apetece cantar, pero sé que debo hacerlo, porque es un síntoma de que, en cierto sentido, he remontado la tragedia. Cantar sería una forma de admitir que estoy vivo".

Alfredo Kraus se ha distinguido siempre por su capacidad de controlar los sentimientos sobre el escenario, de conmover sin conmoverse. ¿Qué sucederá ahora? ¿Cuánto tiempo quiere estar sobre los escenarios? "El cantante, el artista, tiene que aprender a dominarse, a utilizar la inteligencia. La emoción es un momento de la inteligencia. He aprendido a emocionarme si yo quiero o a no hacerlo si yo no quiero. No sería bueno que las emociones se te fueran de las manos sobre un escenario, pero también sé que nunca me he enfrentado a una situación emocional tan fuerte. En verdad, no sé lo que va a pasar cuando reaparezca en público, pero temo la soledad".

La soledad. Los compañeros de profesión de Alfredo Kraus, al menos, han procurado que no se sintiera solo en este largo proceso que ha precipitado la enfermedad de su mujer. "He tenido muchas muestras de solidaridad y de cariño, incluso de personas que no me lo esperaba. Plácido Domingo me llamó inmediatamente desde Nueva York para darme el pésame, Montserrat Caballé me envió un fax desde Moscú, José Carreras me mandó un telegrama de condolencia. Y después ha habido otros cantantes que han permanecido siempre pendientes, como Mirella Freni, Renata Scotto, Jaime Aragall, Teresa Berganza, Pedro Lavirgen. No me gustaría dejarme nombres, por eso aprovecho la ocasión para agradecerle a todos los artistas su calor y su aprecio. Ha sido una manera de combatir la tragedia".

Llegará el momento en que Alfredo Kraus tenga que ponerse el disfraz de Edgardo en la Ópera de Berlín para interpretar Lucia di Lammermoor. ¿Qué pasará entonces? "Entonces trataré de que los problemas sean los de un personaje ficticio y que mis problemas desaparezcan, aunque sea durante unas horas".

Ya como último documento sonoro de esta serie dedicada a la semblanza del gran tenor canario, escuchemos una de las últimas actuaciones de Kraus, en este caso un fragmento de un recital dedicado a la memoria de Miguel Fleta que se celebró en octubre de 1998 en Zaragoza apenas un año antes de su desaparición.

Con Kraus desapareció un modo de concebir la música y el canto, quizás algún día (alguna promesa hay) algún otro pueda tomar el relevo que en su día también Kraus tomó de aquellos artistas que como el, concebían el canto, el Bel Canto como una manera única y diferente de cantar.

Ha desaparecido la persona pero no el artista y desde aquí lo seguiremos recordando con todo tipo de documentos visuales y sonoros.

¡¡¡ GRACIAS MAESTRO, Y HASTA PRONTO !!!