La Coctelera

Categoría: "Martha"

El respeto, la admiración y la fama

Parece ser que en cierta ocasión allá por los finales del siglo XIX y más concretamente en Milán, tras alguna de las representaciones del Otello verdiano que se había estrenado en el Teatro alla Scala, los músicos de la orquesta decidieron darle una sorpresa al anciano genio de Busseto y de este modo se trasladaron, instrumentos en mano, a la calle frente el Gran Hotel donde se hospedaba Verdi y su mujer Giussepina. La sorpresa fue mayúscula para el compositor cuando desde su habitación pudo escuchar los primeros acordes del preludio deLa Traviata, no se lo podía ni creer, la orquesta del coliseo Milanés estaba apostada en plena calle mientras curiosos y transeúntes paraban para escuchar la hermosa melodía interpretada por los maestros del teatro scaligero. Verdi acabó asomándose al balcón mientras la música sonaba y un par de amigos que estaban entre el público se miraron y uno de ellos dijo al otro “he ahí la fama”.

Os preguntaréis porque os cuento esto, bueno pues ni más ni menos que para poneros en situación y pensar que algo así debieron pensar muchos de los admiradores y seguidores de Kraus que se agolpaban en las localidades del Teatro Colón de Buenos Aires en septiembre de 1989 para disfrutar del recital que Alfredo iba a dar después de muchos años sin haber pisado aquel escenario y mientras el tenor avanzaba hacia el escenario.


La entrada de hoy así como todas aquellas que se han producido este año y han tenido al Teatro Colón como testigo de las hazañas de nuestro tenor, quiero que sean tambien un diminuto homenaje al centenario que este año se conmemora desde la inauguración de este magnífico recinto.

Como vais a comprobar, la entrada es simplemente espectacular, público en pie, bravos, vítores, etc… y todo eso durante mas de un minuto, sin que Alfredo hubiera abierto la boca todavía. Yo calificaría la relación de Kraus con el público del Coliseo Argentino como de auténtico flechazo pues desde su primer encuentro (La Favorita-1967) entre público y artista surgió una gran relación de respeto, cariño y admiración mutua.

.Acontinuación os dejo con este video de la entrada de Alfredo a escena y de la que fue su primera intervención, la “Martha” de Flotow.

Disfrutarla.



Martha, por una buena causa ...

Hola familia, feliz lunes y feliz semana también; en el día de hoy para comenzar con alegría y más fuerza esta nueva semana he pensado que además de audio le pusiéramos un poco de imagen al bueno de Alfredo por ello hoy comenzaremos con un fragmento de la Martha de Von Flotow.

Tratándose de esta obra ya la mayoría sabe que vamos a escuchar el “M’apparì…”; este vídeo pertenece a una Gala celebrada en el Teatro Bolshoi de Moscú con motivo de una acción benéfica con el fin de recaudar fondos para las victimas del terremoto que asoló Armenia unos meses antes.

La mencionada Gala en la que también participaron otros ilustres artistas se produjo el 6 de septiembre de 1989.

Esto es todo, como decía al comienzo, FELIZ SEMANA.

Kraus Vs. Schipa


Alfredo y uno de los artistas que más admiró, Tito Schipa

En el año 1989 se conmemoraba el centenario del nacimiento de uno de los artistas más exquisitos que viera la lírica del siglo XX. Me estoy refiriendo al hijo predilecto de Lecce, el gran Tito Schipa; para conmemorar este centenario se organizó una Gala-Concierto con un único invitado y protagonista, ¿sabéis quién? Efectivamente, nuestro Alfredo Kraus; el canario que desde sus comienzos y a lo largo de su vida no dejó de piropear el arte canoro de Schipa, fue el escogido para llevar a cabo esta velada de conmemoración.

La fecha de tal evento fue el 3 de abril de 1989 para ser más concretos y el lugar escogido fue el Auditórium del Foro Itálico de Roma; allí Kraus contó con el acompañamiento de la Orquesta de la Academia Musicale Italiana a cuyo frente se puso Franco Mannino.

De entre las diferentes piezas que ofreció Kraus para aquella noche histórica he escogido una de la ópera “Martha” del compositor alemán Flotow. A nadie escapa que lo que aquí vamos a escuchar es el célebre “M’appari”.

Aquí os dejo pues con este “bis” a “bis” de dos artesanos de la voz, Kraus y Schipa, Schipa y Kraus.

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M'appari tutt' amor,
il mio sguardo l'incontro;
bella si che il mio cor,
ansioso a lei volo;
mi feri, m'invaghi
quell' angelica belta,
sculta in cor dall'amor
cancellarsi non potra:
il pensier di poter
palpitar con lei d'amor,
puo sopir il martir
che m'affana e stranzia il cor.
M'appari tutt'amor,
il mio sguardo l'incontro;
bella si cheil mio cor
ansioso a lei volo;
Marta, Marta tu sparisti
e il mio corcol tuo n'ando!
Tu la pace mi rapisti,
di dolor io moriro.

Concierto de Kraus en Montjuit

En el mes de Julio de 1987 concretamente el día 19, Alfredo Kraus dio un concierto al aire libre en la ciudad de Barcelona. El marco del mismo fue la avenida de Maria Cristina a los pies de Montjuit teniendo como telón de fondo la fuente de Buigas así como el Palacio nacional.

Este fue un concierto verdaderamente emocionante que en muchos momentos produjo que se derramaran lágrimas por algunos de los 17.000 espectadores que acudieron a aquella cita veraniega. Sin duda uno de esos momentos se produjo cuando Alfredo envió un emotivo saludo de ánimo y esperanza hacía otro colega, José Carreras que hacía pocas semanas había sido ingresado en un hospital norteamericano a raíz de una leucemia que le había sido diagnosticada; una cerrada ovación fue la respuesta del público de la ciudad condal hacía uno de sus paisanos mas ilustres y que en aquellos momentos estaba pasando por un duro trance.

La sensibilidad estaba a flor de piel ya que como estos días pasados, nos han recordado, unas semanas antes de este concierto se producía en Barcelona uno de los mayores actos terroristas perpetrados en nuestro país.

Y como colofón a tanta emoción Kraus terminó por “tocar” la fibra de todos los asistentes cuando decidió terminar el concierto con un “bis” muy especial cantado en catalán, se trata del tema “Russo” sin duda, una de las páginas más bellas y hermosas compuestas en la lengua catalana.

La parte musical de la velada que nos ocupa corrió a cargo de la Orquesta ciudad de Barcelona bajo la dirección de Alberto Argudo y teniendo también como colaborador al coro de la ABAO.

Como primera toma de contacto de este recital he escogido el conocido fragmento de Martha de Friedrich Von Flotow. La calidad tanto de las imágenes como del sonido no se pueden decir que sean excelentes pero si lo suficiente como para que sean mostradas como un nuevo documento del buen hacer de Kraus.

"Imagen del hermoso lugar donde se celebró este concierto"

M'appari tutt' amor,
il mio sguardo l'incontro;
bella si che il mio cor,
ansioso a lei volo;
mi feri, m'invaghi
quell' angelica belta,
sculta in cor dall'amor
cancellarsi non potra:
il pensier di poter
palpitar con lei d'amor,
puo sopir il martir
che m'affana e stranzia il cor.
M'appari tutt'amor,
il mio sguardo l'incontro;
bella si cheil mio cor
ansioso a lei volo;
Marta, Marta tu sparisti
e il mio corcol tuo n'ando!
Tu la pace mi rapisti,
di dolor io moriro.

El cuarto tenor ..... o el primero

De este modo titulaba el periódico "El Mundo" la crónica del recital que ofrecía Alfredo Kraus en su regreso a los escenarios, en 1998 tras el fallecimiento de su esposa.
En honor a la verdad, hay que ser objetivo y no dejarse cegar por la pasión, admiración o como en mi caso (y la de muchos otros), la veneración, que por este artista siempre he tenido y tendré.
Realmente aunque podemos decir que el "examen" de este recital ha sido aprobado con algo más que solvencia, no es menos cierto que en algunos pasajes de las romanzas que este día interpretó, se ven pequeños momentos de tensión por parte de nuestro querido tenor como si necesitase hacer un esfuerzo extra para dar lo mejor de si mismo.
No hay que engañarse, son ¡¡¡ 70 años !!! y quizás para este entonces, esa grave enfermedad es posible que ya empezara a hacer sus estragos en este extraordinario ser.

¡¡¡ Que gran artista, y que grandísimo ser humano !!!

A continuación os transcribo toda aquella crónica así como algunos ejemplos audiovisuales de lo que fue la mencionada velada.

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El 21 de febrero de 1998 puede inscribirse en la nueva historia del Teatro Real con los honores de la primera noche de gloria. Al menos, así se desprende del clamoroso triunfo que Alfredo Kraus consumó anoche en el coliseo madrileño, cuya envergadura, resumida en 25 minutos de ovaciones y bravos, ha sobrepasado definitivamente el tono de la emblemática velada inaugural, el concierto de los tres tenores y las distintas producciones operísticas que se han desencadenado desde el pasado mes de octubre.

En realidad, el rotundo éxito del tenor canario no puede explicarse desde una perspectiva exclusivamente musical, sobre todo porque los espectadores congregados anoche en el Teatro Real también celebraban el feliz regreso de Alfredo Kraus a la ópera con mayúsculas, el milagro de sus 70 años, el nostálgico reencuentro con un intérprete de culto y la sensación de que se ha sobrepuesto al fallecimiento de su mujer con la capacidad de desafíar el repertorio más arriesgado de Donizetti, Cilea y Massenet.

(Fotografiado junto a un busto del gran Julián Gayarre)

De hecho, Alfredo Kraus no tuvo más que insinuarse sobre el escenario para que los espectadores le tributaran un conmovedor recibimiento: el tenor canario sabía de que después de la calurosa reacción del público se econtraba en el compromiso de superar el filo de los nueve do de pecho despiadadamente encadenados en La hija del regimiento. Y fue entonces cuando pudo reconocerse que las emblemáticas virtudes de Kraus sobreviven a las circunstancias más desagradables, quizá porque la técnica, la inteligencia, el buen gusto, el exquisito fraseo, la magistral dicción y la personalidad trascienden la propia naturaleza vocal y constituyen un bagaje artístico imperecedero.

REPERTORIO EMBLEMATICO.- Y la valentía. No fue un recital generoso en el número de arias y romanzas -es cierto que las intervenciones solitarias de la versátil Orquesta Sinfónica de Madrid bajo la eficiente dirección de Rolf Reuter rompieron, en determinadas ocasiones, el ritmo y la magia del acontecimiento-, pero sí puede considerarse muy representativo de las tentaciones de Alfredo Kraus y de las obras que han señalado su impecable trayectoria. Por ejemplo, Lucia di Lammermoor, cuya oportunidad en el programa de anoche dio lugar a que el tenor canario se exhibiera categóricamente en la introducción y el aria de Tombe degli avi miei. Por ejemplo, Werther, recordada ayer con el memorable capítulo de Pourquoi me réveiller. Y, por ejemplo, Rigoletto: Alfredo Kraus, visiblemente emocionado, se resistía a conceder una propina, pero, dada la insistencia, no tuvo otro remedio que despedir el recital con el popularísimo testimonio de La donna è mobile.

Los espectadores, claro, reaccionaron de una manera desenfrenada, apasionada. Más o menos como sucedió cuando el tenor hizo su única alusión al repertorio español -No puede ser, de La tabernera del puerto-, cuando se recreó en El lamento de Federico y cuando recurrió al lirismo de Martha. La diferencia estriba en que las palabras escritas para las obras de Sorozóbal, Cilea y Flotow entrañan ahora un significado mucho más especial que antaño, quizá porque ya no narran experiencias ajenas ni se refieren a mujeres absolutamente anónimas.

Al contrario, no ha cambiado la profesionalidad de Kraus, ni su apabullante seguridad en los agudos, ni siquiera su capacidad para abstraerse de las circunstancias personales y afirmarse como un verdadero cantante de ópera. Un mes después del concierto de José Carreras, Domingo y Pavarotti, parece que es oportuno revisar la versoimilitud de alguna que otra fórmula exclusiva. Aquella de los tres tenores, por ejemplo.

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Ah, mes amis ...

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Tombe degli avi miei...

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M'appari (Marta)

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Lamento de Federico

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No puede ser...

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Pourquoi me réveiller

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La donna e mobile