Nos situamos en el 24 de noviembre de 1927, ese día quedará grabado en los anales de la historia por ser la fecha de nacimiento del que años mas tarde estaría llamado a ser uno de los tenores mas grandes de la historia del canto.
El alumbramiento del pequeño Kraus tendría lugar en el histórico barrio de Vegueta de Las Palmas de Gran Canaria y concretamente en una casa muy significativa que con los años sería convertida en la casa-museo Colón en honor al ilustre navegante, y es que resulta que el descubridor de las Americas había visitado la mencionada casa antes de su primer viaje (1492).
He aquí como la singladura de Alfredo Kraus comienza ya con un eminente caracter histórico, presagio de las grandes páginas que escribiría en el futuro como gran artista que fue.
El pequeño Kraus en el que se reconocen ya sus rasgos faciales.
Los “Kraus” debían su apellido a su padre Otto Kraus Polensky; este hombre de origen austríaco al declararse la Primera guerra mundial intuyó que tarde o temprano su pais se vería involucrado en el conflicto por lo que decidió embarcarse en un barco hacia las Islas Canarias, y concretamente se instalaría en la isla de Las Palmas.
Aquel vienés comenzaría a trabajar gracias al consulado alemán y con el tiempo desarrollaría su labor de periodista en un periódico local, La Provincia del cual llegaría a ser administrador-gerente.
En la isla conocería a una lugareña de nombre Josefa Trujillo Mújica, con la que formaría familia.
Con apenas cuatro años el pequeño Alfredo comienza a estudiar piano sin embargo no sería hasta la edad de ocho años cuando muestra un verdadero interes por la voz de ahí que se presentara voluntariamente para formar parte del coro del colegio “Corazón de Maria” de Las Palmas.
Debido a la “fealdad” de su voz a esa edad (palabras del mismo kraus) no podía cantar los solos de soprano con lo cual se limitaba a hacer las segundas voces.
En casa de los Kraus reinaba un ambiente musical pero como simples aficionados, sin grandes pretensiones. Otto y Josefa acudían de vez en cuando a ver representaciones de ópera muchas veces con cantantes de primera fila, que en su viaje hacia América realizaban una parada en las Islas Canarias antes de proseguir con el largo viaje.
También eran frecuentes en ocasiones las reuniones en casa acompañados de amigos que cantaban acompañándose al piano.
En este ambiente fue creciendo el joven Alfredo y pronto quedo fascinado por las voces de algunos de los cantantes de aquella época como Aureliano Pertile, Beniamino Gigli, Gino Bechi, Maria Caniglia, Tito Shipa y sobre todo el gran Miguel Fleta.
De todos estos grandes artistas pudo escuchar algunos discos de grabaciones de la época. Otra fuente eran las retransmisiones radiofónicas que se realizaban desde el Teatro San Carlos de Lisboa y que Kraus seguía con sumo interés.
También disfrutó de musica en directo cuando su tía Rosario lo llevaba por las iglesias de la ciudad, de novena en novena; en palabras de Kraus : "Nos llevaba a San Agustín, a la capilla de San Antonio Abad, a la catedral. Allí escuchábamos el coro polifónico de los seminaristas. Sabía los horarios del canto gregoriano y me pasaba horas delante de aquellas voces...". (El Pais Semanal)
Sin embargo no sería hasta la edad de 11 años cuando el joven Alfredo pudo escuchar en directo una voz educada; dicha voz fue la de un tenor, primo de su abuela materna.
A la edad de 16 años, Kraus entra a formar parte de la Sociedad Filarmónica de Gran Canaria bajo la supervisión del maestro Obradors. Su debut con dicha agrupación sería en el Coro de los peregrinos del Tannhäuser de Richard Wagner.
A continuación, escuchemos esta hermosa página Wagneriana para hacernos una idea de como podía sonar en esta música la voz de nuestro Alfredo en plena pubertad.
