La Coctelera

Categoría: 2011

A los 80 años fallece Carmen Kraus

 Carmen Kraus, hermana del tenor Alfredo Kraus, fallecía ayer a los 80 años, tras complicarse una intervención quirúrgica a la que había sido sometida. Sus restos mortales permanecían ayer en el Tanatorio San Miguel, donde hoy será incinerada. Carmen fue durante muchos años representante de Alfredo.

Nació el 16 de julio de 1930. Era pues casi tres años menor que el tenor. Estudió canto en Italia con él y su otro hermano, el barítono Francisco. Su sobrina Rosa, hija de Alfredo, recordaba ayer esa etapa de formación. "Carmen tenía tesitura de mezzosoprano, pero no ejerció, no siguió cantando, aunque siempre estuvo vinculada a ese mundo porque le gustaba mucho el canto", explicaba ayer.

A continuación inició una larga etapa como representante de Alfredo. "Luego ya empezó como mánager de mi padre. No desde el principio de su carrera, porque él tuvo antes otro representante, pero Carmen siguió con él hasta que falleció", dijo su sobrina Rosa. Fue durante toda esta etapa una persona de confianza del tenor, que se apoyó en Carmen para muchas cuestiones que concernían a su carrera, como atestiguaron ayer varias personas.

Concurso de canto
Tras fallecer Alfredo, en 1999, Carmen Kraus se retiró a un discreto segundo plano, en el que permaneció hasta su fallecimiento, con una única excepción: su lucha contra la continuidad del Concurso Internacional de Canto que llevaba el nombre de su hermano, una vez fallecido éste. Carmen no dudó en salir a los medios de comunicación en 2001 para expresar su postura con rotundidad.

Sostuvo entonces la inconveniencia de continuar con un certamen que "desde hace ya unos cuantos años mi hermano no quería que se hiciera, pero era incapaz de decirle no a nadie», explicaba hace diez años decidida a impedir que se usara el nombre del tenor. Finalmente el concurso de canto dejó de celebrarse, tras una única edición posterior al fallecimiento del tenor. "Una vez fallecido mi padre no tenía sentido seguir con ese concurso, y además las personas que seguían al frente del certamen no hacían lo que mi padre habría hecho", afirmó Rosa, "así que la familia decidió, de común acuerdo que no se siguiera celebrando".

Últimamente se pudo ver a Carmen, junto a su hermano Francisco, en los actos relativos a la puesta en marcha de la fundación que lleva el nombre del tenor, así como en la firma del convenio que facilitó el traslado a Gran Canaria de los restos de Alfredo.

El apunte sobre la forma de ser de la fallecida nos la da, quien fuera durante 28 años su compañera, María del Pino Vázquez. "Definir a Carmen no es fácil, porque es un conjunto de modos en uno solo. La palabra sería 'irrepetible'. Amiga a fuego y sangre de sus amigos, directa con las personas que no compartían sus puntos de vista. Era una mujer que le daba la cara a los problemas y tenía una virtud que hoy se considera un defecto: iba de frente. Esa era Carmen", explica Pino, para añadir un último detalle sobre la hermana del tenor. "Era solidaria a capa y espada donde tenía que serlo. Podía hacer al favor más grande a un amigo o a una persona que quería si lo necesitaban, y jamás se lo volvería a recordar.

Esa era una de sus cualidades, el ser muy generosa".

Hoy está previsto que lleguen a Gran Canaria para asistir a la incineración los hijos de Alfredo "por los que sentía debilidad, pues son muchachos que vio nacer en Milán", finalizó Pino.

Fuente laprovincia

Leo Nucci: "«Mi ideal de la ópera es Kraus» "

 Leo Nucci (Bolonia, 1942) es puro romanticismo. No sólo al cantar -se ha convertido en una referencia en el repertorio verdiano y verista-, sino al hablar. Muestra la misma pasión cuando se refiere a la ópera. Vital y cercano, Nucci llegó a Asturias junto a su mujer, la soprano Adriana Anelli, un día después de su exitosa «Traviata» en la Deutsche Oper de Berlín. Nucci volvió ayer al Campoamor, después de muchos años, para recibir el galardón al mejor cantante masculino de ópera. La estatuilla premió su actuación en el «Rigoletto» del Teatro Real en 2009, que supuso el primer bis en la historia del Real, y ciertas polémicas con la directora de escena. En su vuelo hacia Asturias, Nucci coincidió con otro premiado, el joven tenor Celso Albelo, con el que comparte su admiración por Alfredo Kraus, quien para Nucci es, sencillamente, «el arte».

-¿Conocía los premios líricos del Campoamor antes de recibir la noticia de su galardón?

-Sí. Cantantes muy famosos ya han sido premiados. Pero yo no soy famoso, en todo caso soy conocido, célebre.

-¿En qué se diferencia?

-El famoso trabaja firmando autógrafos y posando para fotos. Yo canto en los teatros y sobre el escenario, no estoy en una vitrina. Tengo otra visión de la vida y de cómo hacer mi trabajo.

-Regresa al Campoamor, aunque no para cantar, tras 32 años. ¿Invaden los recuerdos?

-Pues sí. Yo empecé mi carrera fuera de Italia, en España: Oviedo, Bilbao, La Coruña? Pasé por muchos teatros españoles en mis comienzos. Volver a cantar en este país, en los últimos cinco o seis años, con este éxito enorme, es especial. El «Macbeth» de Verdi en Barcelona con Muti, el «Nabucco» el año pasado de La Coruña, o mis últimas óperas en Bilbao, Vigo o Madrid. Significa que el público me mantiene en el recuerdo y que el trabajo que he hecho durante todo este tiempo ha funcionado.

-Y sigue en buena forma vocal.

-El secreto es la serenidad, la tranquilidad y el estudio, por supuesto. Pero lo más importante es saber lo que es bueno y lo que es perjudicial para la voz. Y me refiero al repertorio. Yo tengo 69 años y hay barítonos famosos muy jóvenes, pero no de edad intermedia.

-¿Piensa que la carrera de estos últimos no durará mucho?

-Es probable. Todo es por culpa de la rapidez del éxito que se busca hoy día. Y la vida es larga, o por lo menos tiene que serlo. En esta profesión hay que pensar que todo cuenta. La experiencia, los cambios, todo es importante. No sólo hay que estudiar, hay que comprender la idea de nuestro trabajo como cantantes. El glamour de este mundo es sólo una atracción. La profesión no es fácil en absoluto.

-¿Su admiración por Alfredo Kraus responde a esa idea suya de la profesión?

-Alfredo era compañero y también amigo. Con él canté en diversas óperas: «Rigoletto» y la «Traviata» en Barcelona, otro «Rigoletto» antológico de 1987 en Parma que se grabó en vídeo? Mire, yo nunca he imitado a nadie. Soy yo con mis defectos y mis virtudes. Pero hay una cosa en Alfredo que, más que imitar, lo intento: el estilo de su carrera, de presentarse al público, de colocar la frase. De hecho, anoche en Berlín me dijeron que recordaba a Kraus por cómo recibí los aplausos.

-Ha llegado a decir sobre el tenor canario que era «el arte».

-Escuché a Kraus por primera vez en una «Traviata» en 1960 y no lo puedo olvidar. Vi entrar a un joven de gran presencia. Ése era Alfredo. He tenido la suerte de cantar con casi todos los grandes cantantes de ayer y de hoy. Pero mi ideal de ópera era Alfredo Kraus. El resto forman el mundo de la ópera. Kraus era la ópera.

-¿Se ha perdido entonces la pureza del arte lírico?

-La ópera no es un disco ni un vídeo, ni tampoco es música para cantar en un campo de fútbol, sino en un teatro pequeño. Incluso, la Scala de Milán, que es «mi teatro», que adoro, quizá es demasiado grande. La ópera es un arte que conmueve. No es un «business».

-¿Hay esperanza de recuperar el sentido original de este arte?

-El mundo cambia, tiene que cambiar. La tecnología y la inteligencia artificial facilitan la vida, pero hay que tener precaución. Defiendo la sensibilidad. Creo en lo romántico, que siempre está presente con fuerza. Espero que siempre quede una función de ópera en la que una chica vaya con su novio y llore. Como Julia Roberts en «Pretty woman». Pasa por el poder de la música y la voz. Siempre ganan.

-¿Se refiere a esa especie de batalla que existe actualmente entre la música y la escena en la ópera?

-Ahora se le da mucha importancia al director de escena. Pero al final todos hacen lo mismo. En realidad no son tan innovadores. Creo que pronto se volverá a comprender que el teatro, la ópera, es un momento de grandísima libertad, de sueños. Es lo que creo que falta en los jóvenes, la posibilidad de la fantasía. Hay que recuperar la creatividad, que hoy se pierde ya en los niños. Hay que imaginar el mundo.

 

Fuente: lne.es