Cuando transcurre el año 1973 concretamente el mes de junio, Alfredo se mete de nuevo en los estudios de grabación, en este caso en los de su sello discográfico Carillón para grabar la zarzuela El Huesped del Sevillano. Es muy posible que uno de nuestros grandes contertulios el amigo Enrique Paz por aquel entonces ya estuviera bajo la tutela de Kraus y por tanto pueda incluso ofrecernos algún dato o anécdota sobre esta u otras grabaciones de la época.
Como ya he dicho en otras ocasiones el sonido de muchas de aquellas grabaciones en los estudios de Carillón no son precisamente de la calidad que debiera y es por ello que muchas de ellas tienen un sonido como opaco como es el caso de la que hoy os ofrezco, sin embargo y pese a este pequeño "hándicap" puede apreciarse perfectamente la frescura y limpieza de Alfredo cuando todavía no había llegado a la mitad de su carrera.
De esta Zarzuela del maestro Jacinto Guerrero os dejo el dúo de Juan Luis y Raquel esta última interpretada por Ángeles Chamorro.
La escena representa un pequeño piso de alquiler en la cuarta planta de un edificio de los años treinta, en la esquina de una callecita secreta, como olvidada, próxima a un teatro de ópera...
Ventanales semiobstruidos por comercios que atemperan claridad y calor de un mayo tórrido.
Huéspedes provisionales de estas paredes neutras, un mobiliario escogido in extremis por las necesidades de una estancia limitada a una serie de representaciones: conjunto de canapés y butacas cubiertas de terciopelo carmín, mesa baja de vidrio, biblioteca inglesa cuyos desguarnecidos estantes albergan sin embargo una o dos partituras de cubiertas usadas. Ni piano, ni cadena Hi-Fi, ni magnetofón. Cerca del teléfono, en un buen lugar, una amplia agenda.
Al levantarse el telón hay un hombre sentado de espaldas a la luz, en el ángulo del canapé, con el cuerpo ligeramente inclinado hacia delante, medio vuelto hacia su visitante, que ha tomado asiento en una butaca próxima. Vestido con unos pantalones negros y una camiseta alegre, cuesta trabajo reconocer a Alfredo Kraus, cuya silueta altiva, esbelta, elegante, es inseparable de los jubones, los redingotes, los uniformes cortados para héroes que transfigura pacientemente desde hace treinta años con la incandescencia y el secreto de una voz y un arte realzados por la extensión y el alcance de un reino.
Con una mezcla de curiosidad y vigilancia, se apresta a confiar la leyenda de la que es portador. Su rostro mil veces descrito: lo aguileño de su nariz, la extensión de la boca de labios finos bordeados por el trazo incisivo del estrecho bigote, la agudeza y el pudor alternados en la mirada de tonos grises, cambiantes, perpetuo evadido de un cuadro de Velázquez, príncipe conquistador, al que se podría considerar extraviado en este siglo, en el que Romeo vuela en Concorde, o Werther discute sus contratos.
Antes de que su visitante se haya atrevido a hacer su primera entrada, Alfredo Kraus le dedica una sonrisa enigmática o socarrona, alisa su bigote con un dedo vivaracho y articula las siguientes palabras con gran suavidad:
A.K.: Es muy difícil esto que vamos a intentar hacer juntos, porque ¿sabe?, semejante voz ¡no existe!
Calibra por un instante el efecto sorpresa producido en su interlocutor y prosigue:
A.K.: Si, nuestra voz no es nada concreto, ni definible. No se puede mostrar; es un misterio eternamente perseguido, hostigado, que se nos escapa en cuanto comienza a desvelarse, en cuanto se le atrapa.... ¿Puede definirse una vida centrada en algo que no existe? ¿No le parece peligroso?
F.L.: ¿A usted?
A.K.: ¡No, a usted! ( Se ríe.)
F.L.: Mi único riesgo, y es de envergadura, sería no conseguir dar cuenta fiel del descubrimiento que intento hacer de usted...
A.K.: ¿Quién le ha dicho que tengo necesidad de descubrirme? (Sonríe sin dejar de considerar, con los brazos cruzados, a su oponente.)
F.L.: Usted, por el solo hecho de haberme recibido esta tarde para un encuentro...
A.K.: Un encuentro...
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Extracto de "Confidencias para una leyenda" Francis Lacombrade
Cuando se habla de La Hija del Regimiento casi automáticamente se nos viene a todos a la mente el célebre "Ah!, mes amis...." y sus famosos nueve "Do" sin embargo hay más pasajes donde el tenor puede lucirse y mostrar su valía como puede ser por ejemplo este dúo del primer acto que hoy os propongo.
Al valor ya de por si intrínseco de la pieza musical podemos a su vez añadir lo especial de la versión que os invito a oír y que no es otra que una de las representaciones que supusieron el debut de Alfredo Kraus en el papel de Tonio.
Este acontecimiento se produjo en 1973 en la ciudad de Chicago teniendo como pareja para tal ocasión a la "stupenda" Joan Sutherland.
De esta misma representación ya os ofrecí en su momento el "Ah! Mes amis" del que hablaba al comienzo y se puede comprobar la reacción del público, no menos efusiva que unos minutos antes cuando Sutherland y Kraus remataron y bordaron este precioso dúo.
Hoy os dejo este dúo que como el resto de la obra estoy estos días escuchando continuamente para "ambientarme" en la representación que dentro de pocas semanas presenciaré en el teatro del Liceo con el mejor Tonio posible en estos momentos, Juan Diego Florez.
En febrero de 1993 llegaba Kraus a la ópera de Roma para tomar parte de unas representaciones de Lucia. Gracias a un programa de la RAI he podido recuperar este fragmento que ahora comparto con vosotros y en el que al principio se ven unas imágenes de los ensayos con el director Daniel Oren para luego poder contemplar el final del dúo del primer acto entre Lucia y Edgardo, "Verranno a te sull'aure...".
El reparto completo de aquellas representaciones lo conformaban... Kathleen Cosello, Giorgio Zancanaro, Carlo Colombara, Dir. Daniel Oren.
Llegada esta época estival al menos aquí en Europa no me queda otra que desearos a todos un feliz verano y que disfrutéis de vuestras vacaciones cuando os toque.
La Sonnambula forma con Norma y Los Puritanos las tres grandes obras de Vicenzo Bellini, cuya temprana muerte (falleció a los 33 años) nos privó seguramente de mas obras maestras como las anteriormente citadas.
Compuesta en 1831, "La Sonnambula" es toda una prueba de toque para cualquier tenor ligero por las grandes dificultades que presenta comenzando por su alta tesitura. Estas dificultadas nunca parecieron tales, en la voz de Alfredo y más en los años en que esta obra perteneció a su repertorio, donde la voz joven y fresca parecía encontrarse como "pez en el agua" en la partitura de Bellini.
Lo que hoy os propongo es escuchar el dúo del primer acto "Son geloso del zefiro errante..." en compañía de Kraus y de su gran amiga la soprano Renata Scotto. Se trata de una grabación en directo tomada en 1961 en el teatro de La Fenice bajo la dirección de Nello Santi.
Disfrutar de este fragmento antes de que esta semana, primero el miércoles y posteriormente el viernes os ofrezca en dos entregas una crónica de un viaje que realicé hace unos meses y en los que lógicamente Kraus tuvo mucho que ver.
En 1996 nuestro querido Kraus cumplía cuatro décadas sobre los escenarios tras el debut de 1956 en la Ópera de El Cairo, a modo de conmemoración durante ese año realizo una especie de gira por diferentes escenarios de todo el mundo donde ir celebrando esos cuarenta años en los más alto de la lírica.
Una de esas "paradas" tuvo lugar en el país del sol naciente en donde en junio de ese año 1996, Kraus ofreció un recital del que a continuación os voy a ofrecer un fragmento.
Con el acompañamiento musical a cargo de Edelmiro Arnaltes al piano, Alfredo cantó junto a la soprano Emiko Suga el dúo de Lucia di Lammermoor y como suena todavía la voz de Alfredo y una vez más nos vuelve a dejar su magisterio en esta célebre página del bel canto.
Gaetano Donizetti ha sido el compositor con el que Alfredo Kraus se ha prodigado más a lo largo de sus más de cuarenta años de carrera con un total de siete títulos en su repertorio entre los cuales se encuentran por un lado una de las cuatro obras mas representadas por Alfredo como fue Lucia di lammermoor y también una de las de paso más fugaz por su repertorio como es el caso del rol de Carlo de Linda de Chamoniux.
Hoy me centraré en esta Linda de la que os hablo y del primer contacto de Kraus con la misma; este suceso tuvo lugar durante unas representaciones que se llevaron a cabo en el Teatro alla Scala de Milán en Marzo de 1972. Aquellas representaciones quedaron para la posterioridad como paradigma de maestría a la hora de abordar a Donizetti y el belcanto en general.
Por suerte para todos nosotros, alguien tuvo la brillante idea de grabar una de aquellas representaciones, concretamente la del 16 de marzo y es la que hoy en día treinta y seis años después nos permite maravillarnos una vez más con el ARTE supremo de este músico inigualable.
A propósito de estas representaciones y para los más inquietos, os invito a que a través de Internet o de cualquier otro medio averigüéis todo lo que os sea posible acerca de estas representaciones del año 1972 ya que el viernes os pondré otro fragmento de esta representación y utilizaré la misma para rectificar todo lo concerniente a un tema que se suscitó la temporada pasada en el teatro Milanés, pero eso queda para el viernes.
Hoy para abrir boca os dejo este dúo del primer acto entre Carlo y Linda, interpretados respectivamente por Alfredo Kraus y Margherita Rinaldi.
Junto a ellos y conformando un extraordinario elenco de artistas se encontraban el barítono Renato Brusón y en la dirección musical, el maestro Gianandrea Gavazzeni.