La Coctelera

Categoría: Francesco Cilea

Siguiendo a Kraus en Jaén (1ª parte)

 Significativo, placa de la calle donde reside Eduardo Lucas


 

 Como muchos ya sabéis hace unos meses fui a pasar un fin de semana a Jaén aprovechando la invitación y hospitalidad del doctor Eduardo Lucas eminente foniatra y amigo personal de Alfredo Kraus durante los veinte últimos años de vida de este.

 

La verdad es que tenía puestas muchas ilusiones y expectativas en este viaje y he de decir que se cumplieron con creces e incluso se superaron. Para que os hagáis una idea (esto lo entenderán mejor los que hayan leído el libro del Dr. Lucas) este viaje para mí representaba en cierta medida una especie de peregrinación a los "santos lugares" de Jaén donde Alfredo había pasado muchos momentos de su vida sobre todo los dos o tres últimos años.

Una pequeña muestra del despacho donde pase la mayor parte del fin de semana


 

Bueno, lo primero que tengo que deciros es que semanas antes de este viaje, os había comentado que en previsión del mismo podía  haber la posibilidad de hacerle una nueva entrevista al doctor Lucas por lo que solicité ayuda de todos vosotros para que me enviarais las preguntas o dudas que os gustaría que fuesen contestadas, como quiera que solo hubo un par de preguntas por parte vuestra y yo no tuve tiempo de preparar una entrevista en condiciones, la citada charla quedará para mejor ocasión.

 

Fotografías dedicadas e infinidad de grabaciones inundan la estancia


 

Mi llegada a Jaén fue de lo más plácida tras un vuelo de poco más de una hora y allí en el aeropuerto estaba Eduardo esperándome para llevarme a su casa. Como no podía ser de otro modo, nuestro trayecto en coche de algo mas de una hora sirvió para que nos pusiéramos al día de recientes adquisiciones por parte de los dos, en mi caso además le llevaba copia de algunas galas y representaciones donde había actuado Alfredo y que Eduardo no poseía (muy pocas cosas hay que él no tenga); por esto mismo que os comento, entrar en su casa es como entrar en un santuario y donde Kraus aparece por todas partes incluyendo numerosas fotografías la mayoría con dedicatoria incluida. Los ojos me bailaban de un lado para otro sin saber a donde prestar más atención, estaba literalmente embriagado de tanta emoción..... Este primer día cenamos y estuvimos hablando un buen rato, no hace falta que os diga de que ¿no? o mejor dicho, de quien.

Eduardo se acostó pero yo a pesar de las horas intempestivas no podía pegar ojo ya que me encontraba rodeado de recuerdos, grabaciones,  fotografías............ yo que sé. Las veía una y otra vez, ojeaba y no dejaba de sentirme afortunado por tener acceso a todo esto.

Al día siguiente por la mañana Eduardo quiso llevarme a Úbeda y yo encantado; que ciudad más hermosa y monumental. Allí tuve el enorme placer de conocer a un buen amigo de Eduardo y que tuvo un papel fundamental en el libro sobre Kraus pues se encargó de todo lo referente a la cronología de Alfredo. Esta gran persona y al mismo tiempo entrañable es Antonio Fuentes (un apasionado de las voces antiguas) con quien ya he contactado en alguna ocasión.

Tras  ir al encuentro de Antonio, los tres dimos un pequeño paseo entrando en un momento dado en una alfarería donde Alfredo autografió un plato del que os muestro imagen; de allí nos dirigimos al parador nacional a tomar un café y donde Alfredo se hospedó cuando en 1998 dio un recital en el antiguo Hospital de Santiago con motivo del festival internacional de música de Úbeda... Antonio y Eduardo me contaban las anécdotas y el revuelo que se montó en aquellas fechas por la presencia de nuestro ilustre protagonista  y de las que yo no me perdía ni un detalle.

Tras otro breve paseo nos despedimos de Antonio y pusimos rumbo a Baeza... cualquiera diría lo que se puede encontrar en esta localidad Jienense. Desde aquí y en lugar de tomar una vía principal, nos dirigimos nuevamente hacia Jaén por carreteras secundarias entre otras cosas para hacer una parada en un pequeño pueblo, Torrequebradilla, que Alfredo también conocía y había visitado, y en donde  Eduardo confirmaría nuestra presencia al día siguiente domingo en un cortijo donde estábamos invitados a comer.

Un servidor entre Eduardo y Antonio Fuentes


 

El resto del trayecto en coche resulto de lo más agradable, hacía un día otoñal precioso con el sol luciendo en todo lo alto y los campos repletos de olivos a punto para su recolección, los campos lucían un verde espectacular debido a las ultimas lluvias.

Eduardo mientras, me iba comentando el aire campechano de Alfredo que se encontraba muy a gusto entre estos parajes y estas gentes, donde era casi... uno más y así nos lo explica en su libro cuando cuenta la anécdota de que Alfredo en cierta ocasión encontrándose por la zona, se subió a lo alto de un tractor para acompañar al dueño a realizar labores en el campo.

En la próxima entrada os contaré la última parte de este relato y mientras para aderezar esta pequeña crónica os ofrezco un fragmento de la actuación celebrada en 1998 en el festival internacional de música de Úbeda. Lo que os invito a ver y escuchar es la que sin lugar a dudas es una de mis romanzas predilectas "E la solita storia..." donde Kraus siempre se recreó y nos deleitó con interpretaciones extraordinarias de esta romanza de Cilea  perteneciente a la ópera L'arlesiana.

 En esta ocasión acompañan a Alfredo el violonchelista Asier Polo y Edelmiro Arnaltes al piano.

Disfrutar  de la grabación y nos vemos en un par de días.

Besos y abrazos para toda la parroquia Krausista.


 

 

Un "lamento" para empezar la semana

Hace unos días os mostré en video una grabación del año 1990 de un recital de Alfredo del que hasta hace poco solamente tenía entrada en el blog, su versión de audio; ahora que también dispongo de las imágenes quiero compartirlas con todos vosotros.

La semana pasada os mostré una lección antológica con una versión de “La furtiva lagrima” realmente excepcional y lo que hoy os propongo es otra lección de gusto, elegancia, control absoluto de la voz, etc… que Kraus dejó en aquella velada en Las Ventas, al interpretar el "Lamento de Federico" de la Arlesiana como pocas, poquísimas veces un servidor a oído.

Aquí os dejo una vez más otro ejemplo del magisterio de Alfredo Kraus sobre un escenario. Espero que lo disfrutéis tanto como yo.

No quería dejar de pasar por alto el dar las gracias desde aquí al amigo “Iván” de México que es quien me ha permitido que dispongamos tanto del video de hoy como el de la semana pasada, muchas gracias Iván.

Para todos vosotros os deseo una ¡¡¡ Feliz Semana !!!



È la solita storia del pastore...
Il povero ragazzo voleva raccontarla
E s'addormì.
C'è nel sonno l’oblio.
Come l'invidio!
Anch'io vorrei dormir così,
nel sonno almen l'oblio trovar!
La pace sol cercando io vo'.
Vorrei poter tutto scordar!
Ma ogni sforzo è vano.
Davanti ho sempre
di lei il dolce sembiante.
La pace tolta è solo a me.
Perché degg'io tanto penar?
Lei! Sempre lei mi parla al cor!
Fatale vision, mi lascia!
Mi fai tanto male! Ahimè!



Hace casi 50 años...

En el año 1959 un ya más que revalorizado Alfredo Kraus tras su inicio exitoso refrendado con La Traviata junto a Maria Callas el año anterior, ofrece un recital junto a la soprano griega Elena Souliotis (esta es una pequeña duda por confirmar) en Milán, acompañados por la orquesta de la RAI y con dirección de Arturo Basile.

De dicho recital (en el que Kraus cantó cuatro romanzas) ofrecido por radio, existe una grabación y de la misma hoy comparto con vosotros la recreación que por aquel entonces Alfredo hacía de L’arlesiana de Cilea en su conocidísima página de “É la solita storia del pastore...”.

Disfrutar de esta maravilla de hace casi medio siglo donde Kraus ya añadía al final de la romanza ese sobreagudo no escrito pero que en este caso queda precioso y además enfatiza el dramátismo de ese instante.

E' la solita storia del pastore…
Il povero ragazzo
voleva raccontarla, e s'addormi.
C'è nel sonno l'oblio.
Come l'invidio!
Anch'io vorrei dormir cosi,
nel sonno almeno l'oblio trovar!
La pace sot cercando io vò:
vorrei poter tutto scordar.
Ma ogni sforzo è vano... Davanti
ho sempre di lei il dolce sembiante!
La pace tolta è sempre a me...
Perché degg'io tanto penar?
Lei!... sempre mi paria at cor!
Fatale vision, mi lascia!
mi fai tanto male!
Ahimè!

El cuarto tenor ..... o el primero

De este modo titulaba el periódico "El Mundo" la crónica del recital que ofrecía Alfredo Kraus en su regreso a los escenarios, en 1998 tras el fallecimiento de su esposa.
En honor a la verdad, hay que ser objetivo y no dejarse cegar por la pasión, admiración o como en mi caso (y la de muchos otros), la veneración, que por este artista siempre he tenido y tendré.
Realmente aunque podemos decir que el "examen" de este recital ha sido aprobado con algo más que solvencia, no es menos cierto que en algunos pasajes de las romanzas que este día interpretó, se ven pequeños momentos de tensión por parte de nuestro querido tenor como si necesitase hacer un esfuerzo extra para dar lo mejor de si mismo.
No hay que engañarse, son ¡¡¡ 70 años !!! y quizás para este entonces, esa grave enfermedad es posible que ya empezara a hacer sus estragos en este extraordinario ser.

¡¡¡ Que gran artista, y que grandísimo ser humano !!!

A continuación os transcribo toda aquella crónica así como algunos ejemplos audiovisuales de lo que fue la mencionada velada.

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El 21 de febrero de 1998 puede inscribirse en la nueva historia del Teatro Real con los honores de la primera noche de gloria. Al menos, así se desprende del clamoroso triunfo que Alfredo Kraus consumó anoche en el coliseo madrileño, cuya envergadura, resumida en 25 minutos de ovaciones y bravos, ha sobrepasado definitivamente el tono de la emblemática velada inaugural, el concierto de los tres tenores y las distintas producciones operísticas que se han desencadenado desde el pasado mes de octubre.

En realidad, el rotundo éxito del tenor canario no puede explicarse desde una perspectiva exclusivamente musical, sobre todo porque los espectadores congregados anoche en el Teatro Real también celebraban el feliz regreso de Alfredo Kraus a la ópera con mayúsculas, el milagro de sus 70 años, el nostálgico reencuentro con un intérprete de culto y la sensación de que se ha sobrepuesto al fallecimiento de su mujer con la capacidad de desafíar el repertorio más arriesgado de Donizetti, Cilea y Massenet.

(Fotografiado junto a un busto del gran Julián Gayarre)

De hecho, Alfredo Kraus no tuvo más que insinuarse sobre el escenario para que los espectadores le tributaran un conmovedor recibimiento: el tenor canario sabía de que después de la calurosa reacción del público se econtraba en el compromiso de superar el filo de los nueve do de pecho despiadadamente encadenados en La hija del regimiento. Y fue entonces cuando pudo reconocerse que las emblemáticas virtudes de Kraus sobreviven a las circunstancias más desagradables, quizá porque la técnica, la inteligencia, el buen gusto, el exquisito fraseo, la magistral dicción y la personalidad trascienden la propia naturaleza vocal y constituyen un bagaje artístico imperecedero.

REPERTORIO EMBLEMATICO.- Y la valentía. No fue un recital generoso en el número de arias y romanzas -es cierto que las intervenciones solitarias de la versátil Orquesta Sinfónica de Madrid bajo la eficiente dirección de Rolf Reuter rompieron, en determinadas ocasiones, el ritmo y la magia del acontecimiento-, pero sí puede considerarse muy representativo de las tentaciones de Alfredo Kraus y de las obras que han señalado su impecable trayectoria. Por ejemplo, Lucia di Lammermoor, cuya oportunidad en el programa de anoche dio lugar a que el tenor canario se exhibiera categóricamente en la introducción y el aria de Tombe degli avi miei. Por ejemplo, Werther, recordada ayer con el memorable capítulo de Pourquoi me réveiller. Y, por ejemplo, Rigoletto: Alfredo Kraus, visiblemente emocionado, se resistía a conceder una propina, pero, dada la insistencia, no tuvo otro remedio que despedir el recital con el popularísimo testimonio de La donna è mobile.

Los espectadores, claro, reaccionaron de una manera desenfrenada, apasionada. Más o menos como sucedió cuando el tenor hizo su única alusión al repertorio español -No puede ser, de La tabernera del puerto-, cuando se recreó en El lamento de Federico y cuando recurrió al lirismo de Martha. La diferencia estriba en que las palabras escritas para las obras de Sorozóbal, Cilea y Flotow entrañan ahora un significado mucho más especial que antaño, quizá porque ya no narran experiencias ajenas ni se refieren a mujeres absolutamente anónimas.

Al contrario, no ha cambiado la profesionalidad de Kraus, ni su apabullante seguridad en los agudos, ni siquiera su capacidad para abstraerse de las circunstancias personales y afirmarse como un verdadero cantante de ópera. Un mes después del concierto de José Carreras, Domingo y Pavarotti, parece que es oportuno revisar la versoimilitud de alguna que otra fórmula exclusiva. Aquella de los tres tenores, por ejemplo.

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Ah, mes amis ...

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Tombe degli avi miei...

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M'appari (Marta)

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Lamento de Federico

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No puede ser...

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Pourquoi me réveiller

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La donna e mobile

El "Lamento de Federico" de L'ARLESIANA

A lo largo de su carrera y ya desde sus comienzos fue habitual en Kraus tanto en grabaciones como en sus interpretaciones en conciertos y galas la “utilización” de este conocido fragmento de L’arlesiana de Cilea.

Pues bien, a pesar de los testimonios que tenemos de ese recorrido cronológico a lo largo de todos esos años, bajo mi punto de vista, su mejor interpretación del “Lamento de Federico” pasa por ser la que nos brindó en 1990 en la Plaza de Toros de “Las Ventas”de Madrid.

A la excepcional interpretación se le una además una magistral toma de sonido, excelente, para tratarse de un escenario al aire libre.

Le acompañaba la Orquesta Sinfónica de Madrid bajo la batuta de Gian Paolo Sanzogno.