La Coctelera

Categoría: Gaetano Donizetti

Una hija con ¡¡ 60 !! años

 

 El 22 de Mayo de 1986 Alfredo participó en una gala celebrada en la Staatsoper de Viena. El fragmento elegido por Kraus para esta velada fue el aria de Tonio de La hija del regimiento. Retrocedamos pues casi un cuarto de siglo y veamos a Alfredo en este conocidísimo fragmento de los nueve "does".

 

Kraus y la técnica (La favorita)

 Aquí os dejo una nueva entrega de la técnica de Alfredo Kraus al servicio del Bel canto comentada por Ricardo Cala. El fragmento elegido en esta ocasión es el "spirto gentil" de La Favorita de Donizetti en el que Kraus deja en todo momento una tras otra, pequeñas clases magistrales de cómo se canta con gusto, fiel a un modo de cantar casi extinguido hoy en día y para el  que Donizetti, Bellini y Rossini  dejaron maravillosas composiciones para que fueran interpretadas sólo por los elegidos.

Desde luego el repertorio belcantista no es el único que existe dentro de la lírica pero de lo que no cabe duda es de que es el más exigente, el más difícil y el que requiere un mayor control sobre el instrumento vocal, algo de lo que Alfredo Kraus sabía "un poco" .

Este ultimo comentario mío no es gratuito y obedece básicamente a la reivindicación de que en esta vida todos debemos tener cuidado en nuestros juicios que más allá de ser conscientes que todos incluimos en los mismos un porcentaje elevado de subjetivismo, estos al menos  deben apoyarse en consideraciones mínimamente argumentables.

Si dichos juicios a su vez vienen de la pluma o de la voz de personas que ejercen el periodismo, entonces las opiniones creo que deben realizarse si cabe con más cuidado, bien argumentadas, sin caer en el chauvinismo, y  principalmente apoyadas (si no los posee uno) en los conocimientos y fuentes suficientemente fidedignas para hablar con un mínimo de rigor y seriedad.

 

Esta pequeña o gran crítica por mi parte, obedece al hecho de que cada vez son más los que se "aventuran" a hablar y escribir sobre el mundo de la ópera sin tener la más mínima idea y con argumentos que se caen por su propio peso.

No me considero yo un erudito en el mundo de la lírica pero si es cierto que como la gran mayoría de todos aquellos que con frecuencia vuelcan aquí sus opiniones, el bagaje de años escuchando, leyendo y aprendiendo de los grandes maestros y de aquellos que saben de que "va" todo esto, nos da un mínimo de ventaja sobre los que acaban de llegar o los que simplemente pretender abordar  este fascinante mundo por el vanal y simple hecho de estar de moda.

 

Dicho todo esto y sin nombrar directamente a nadie seguro que más de uno y una sabe de que personajes y medios puedo estar hablando al realizar esta reflexión en voz alta, sean serios y tengan rigor cuando emitan juicios y opiniones cuando escriban ya que de locontrario pueden confundir o intentar confundir  a mucha gente.

Para estas ocasiones hay una frase que me parece especialmente acertada y es la que dice:  "La ignorancia es muy atrevida".

 

Feliz audición queridos amigos Krausianos y también no Krausianos.

 

Werther

Aquella "primera" Hija...

 La escena representa un pequeño piso de alquiler en la cuarta planta de un edificio de los años treinta, en la esquina de una callecita secreta, como olvidada, próxima a un teatro de ópera...

Ventanales semiobstruidos por comercios que atemperan claridad y calor de un mayo tórrido.

Huéspedes provisionales de estas paredes neutras, un mobiliario escogido in extremis por las necesidades de una estancia limitada a una serie de representaciones: conjunto de canapés y butacas cubiertas de terciopelo carmín, mesa baja de vidrio, biblioteca inglesa cuyos desguarnecidos estantes albergan sin embargo una o dos partituras de cubiertas usadas. Ni piano, ni cadena Hi-Fi, ni magnetofón. Cerca del teléfono, en un buen lugar, una amplia agenda.

Al levantarse el telón hay un hombre sentado de espaldas a la luz, en el ángulo del canapé, con el cuerpo ligeramente inclinado hacia delante, medio vuelto hacia su visitante, que ha tomado asiento en una butaca próxima. Vestido con unos pantalones negros y una camiseta alegre, cuesta trabajo reconocer a Alfredo Kraus, cuya silueta altiva, esbelta, elegante, es inseparable de los jubones, los redingotes, los uniformes cortados para héroes que transfigura pacientemente desde hace treinta años con la incandescencia y el secreto de una voz y un arte realzados por la extensión y el alcance de un reino.

Con una mezcla de curiosidad y vigilancia, se apresta a confiar la leyenda de la que es portador. Su rostro mil veces descrito: lo aguileño de su nariz, la extensión de la boca de labios finos bordeados por el trazo incisivo del estrecho bigote, la agudeza y el pudor alternados en la mirada de tonos grises, cambiantes, perpetuo evadido de un cuadro de Velázquez, príncipe conquistador, al que se podría considerar extraviado en este siglo, en el que Romeo vuela en Concorde, o Werther discute sus contratos.

Antes de que su visitante se haya atrevido a hacer su primera entrada, Alfredo Kraus le dedica una sonrisa enigmática o socarrona, alisa su bigote con un dedo vivaracho y articula las siguientes palabras con gran suavidad:

 

A.K.: Es muy difícil esto que vamos a intentar hacer juntos, porque ¿sabe?, semejante voz ¡no existe!

Calibra por un instante el efecto sorpresa producido en su interlocutor y prosigue:

A.K.: Si, nuestra voz no es nada concreto, ni definible. No se puede mostrar; es un misterio eternamente perseguido, hostigado, que se nos escapa en cuanto comienza a desvelarse, en cuanto se le atrapa.... ¿Puede definirse una vida centrada en algo que no existe? ¿No le parece peligroso?

F.L.:  ¿A usted?

A.K.: ¡No, a usted! ( Se ríe.)

F.L.: Mi único riesgo, y es de envergadura, sería no conseguir dar cuenta fiel del descubrimiento que intento hacer de usted...

A.K.: ¿Quién le ha dicho que tengo necesidad de descubrirme? (Sonríe sin dejar de considerar, con los brazos cruzados, a su oponente.)

F.L.: Usted, por el solo hecho de haberme recibido esta tarde para un encuentro...

A.K.: Un encuentro...

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 Extracto de   "Confidencias para una leyenda"  Francis Lacombrade

 


 

 

Cuando se habla de La Hija del Regimiento casi automáticamente se nos viene a todos a la mente el célebre "Ah!, mes amis...." y sus famosos nueve "Do" sin embargo hay más pasajes donde el tenor puede lucirse y mostrar su valía como puede ser por ejemplo este dúo del primer acto que hoy os propongo.

Al valor ya de por si intrínseco de la pieza musical podemos a su vez añadir lo especial de la versión que os invito a oír y que no es otra que una de las representaciones que supusieron el debut de Alfredo Kraus en el papel de Tonio.

Este acontecimiento se produjo en 1973 en la ciudad de Chicago teniendo como pareja para tal ocasión a la "stupenda" Joan Sutherland.

De esta misma representación ya os ofrecí en su momento el "Ah! Mes amis" del que hablaba al comienzo y se puede comprobar la reacción del público, no menos efusiva que unos minutos antes cuando Sutherland y Kraus remataron y bordaron este precioso dúo.

Hoy os dejo este dúo que como el resto de la obra estoy estos días escuchando continuamente para "ambientarme" en la representación que dentro de pocas semanas presenciaré en el teatro del Liceo con el mejor Tonio posible en estos momentos, Juan Diego Florez.

Cariños para todos.

 

Delicadeza, belleza....... ARTE

 

 En los preámbulos del verano de 1985 Kraus iba a presentarse en el Liceo barcelonés para llevar a cabo una serie de funciones de "L'elisir d'amore" de Donizetti.

Nos encontramos en el mes de junio para ser mas concretos y acompañan a Alfredo en el reparto, Sona Ghazarian como Adina, Ingvar Wixell como Belcore, y Carlos Chausson como Dulcamara, la orquesta y coros eran los del gran teatro del Liceo y todos a las ordenes de Brian Saletsky.

Ni que decir tiene que aquellas funciones resultaron un éxito de primer orden y es que la sola presencia de Alfredo en un reparto ya es de por si un valor seguro para cualquier producción, y en este sentido o similar se expresaba Joan Arnau en un artículo de La Vanguardia de aquellos días:

 

Kraus, una interpretación poética y elegante

Entre el suspiro ingenuo de "Quanto é bella, quanto é cara" y la emoción viva de "Una furtiva lágrima" se ha diluido la ironía, la leve caricatura inicial del personaje, desmaterializado, casi, en pura efusión lírica que le aleja del tipo usualmente motivo de mofa en la vieja ópera bufa. Todo este proceso tiene un no sé qué de melancolía por otra parte habitual en la música de Donizetti que no logra evitar el buen final de la obra. Y es que Dulcamara se marchó con su prodigioso elixir del amor.

No sé hasta qué punto Alfredo Kraus coincidirá con estas apreciaciones, pero puedo asegurarle que a mí me las ha sugerido su interpretación cuidadosamente estudiada, servida con un estilo poético y elegante que es idealización de un personaje que así, como lo canta él, pertenece en propiedad a Donizetti y al romanticismo. Ya no voy a elogiar otra vez ¡Son tantas, con admiración! la técnica perfecta de Alfredo Kraus y el portentoso dominio que ésta ejerce sobre la emisión de la voz, pero de alguna manera las dos me sirven para intentar explicar cómo su versión de Nemorino se llena de matices -musicales en primer lugar- que llegan a darse en un solo sonido una vez colocado en la exacta zona de resonancia. Producido con opacidad, porque así conviene al sentido de la frase, se vuelve traslúcido porque así es más expresiva la intención del mórbido fraseo, siempre con dicción impecable, dúctil a reguladores fascinantes, a alegatos emocionantes que, en suma, dan a la interpretación la más variada gama de sentimientos. Patético en "Adina, credimi", soñador en "Una furtiva lágrima", por no alegar las citas, la línea de buen gusto llega al refinamiento más exquisito.

 

Dicho esto por parte de Joan Arnau en La Vanguardia poco mas cabe reseñar pero si os advertiré de un par de cosas la primera es que aquí vais a volver a tener de nuevo la oportunidad de escuchar uno de esos documentos realmente excepcionales precisamente por lo excepcional que también era ver a Alfredo Kraus bisando durante una representación.

Efectivamente, el Liceo entero sucumbe a la delicadeza, al arte de este MAESTRO y tras la célebre aria de Nemorino, que todo el teatro escucha encogido por la emoción y lo intimista de la interpretación, se viene abajo en una salva de aplausos, bravos e incluso como podréis escuchar alguien del público le "lanzará"  el mejor piropo que cualquier "Krausista" podría decirle a su ídolo. Tras lo escandaloso de la ovación y ante un enfervorecido público, Kraus accede a bisar aunque fuera solo con la segunda parte del aria, esa "Furtiva lágrima" de tanta, tanta belleza.

Para finalizar me gustaría dedicar este post del día de hoy a una amiga y gran admiradora de Kraus que es la "Baronesa de A." quien además podría rememorar este momento ya que ella lo vivido en primera persona por encontrarse en el teatro durante aquella representación.

Amigos mios, cerrar los ojos y poner los cinco sentidos en degustar esta joya de orfebrería que Alfredo produce con su arte.

Va por todos vosotros y especialmente para ti, Baronesa.


 

 

 

Una lágrima en Extremadura (1991)

 

 En breves fechas (8 de Septiembre) vuelve a conmemorarse nuevamente el Día de Extremadura y dicha festividad hace ahora dieciocho años, contó como uno de los grandes acontecimientos de aquella festividad, con el recital que ofreció Alfredo Kraus en la localidad de Trujillo.

En un ambiente festivo y de gran jolgorio realizó  Alfredo este recital donde nos dejó como una de las piezas del programa esta romanza de Nemorino de la ópera L'elisir d'amore que es sin duda uno de los fragmentos predilectos para este servidor de todo el repertorio para tenor.

Acompañaban al tenor, la Orquesta Sinfónica de Bilbao a cuyo frente se encontraba Gian Paolo Sanzogno.

A disfrutar Krausistas.


Una Lucia de los noventa

 En febrero de 1993 llegaba Kraus a la ópera de Roma para tomar parte de unas representaciones de Lucia. Gracias a un programa de la RAI he podido recuperar este fragmento que ahora comparto con vosotros y en el que al principio se ven unas imágenes de los ensayos con el director Daniel Oren para luego poder contemplar el final del dúo del primer acto entre Lucia y Edgardo, "Verranno a te sull'aure...".

El reparto completo de aquellas representaciones lo conformaban... Kathleen Cosello, Giorgio Zancanaro, Carlo Colombara, Dir. Daniel Oren.

Llegada esta época estival al menos aquí en Europa no me queda otra que desearos a todos un feliz verano y que disfrutéis de vuestras vacaciones cuando os toque.

 Saludos cordiales

 

 


  

Un "Ernesto" en Nueva York

 Imagen tomada en aquellas funciones neoyorkinas de 1979


 

 En enero de 1979 Alfredo se presentaba en el Metropolitan de Nueva York con la obra de Donizetti, Don Pasquale.

Lo que hoy os quiero ofrecer de aquella representación es la entrada de Ernesto con el  "Sogno soave e casto".

Junto a Alfredo compartieron escenario en aquella ocasión la soprano Beverly Sills y el barítono  Gabriel Bacquier.

Disfrutar de este fragmento antes de que esta semana, primero el miércoles y posteriormente el viernes os ofrezca en dos entregas una crónica de un viaje que realicé hace unos meses y en los que lógicamente Kraus tuvo mucho que ver.

 

Besos y abrazos además de una muy feliz semana.


 

 

 

La gira del 40º aniversario

 

 En 1996 nuestro querido Kraus cumplía cuatro décadas sobre los escenarios tras el debut de 1956 en la Ópera de El Cairo, a modo de conmemoración durante ese año realizo una especie de gira por diferentes escenarios de todo el mundo donde ir celebrando esos cuarenta años en los más alto de la lírica.

 

Una de esas "paradas" tuvo lugar en el país del sol naciente en donde en junio de ese año 1996, Kraus ofreció un recital del que a continuación os voy a ofrecer un fragmento.

Con el acompañamiento musical a cargo de Edelmiro Arnaltes al piano, Alfredo cantó junto a la soprano Emiko Suga el dúo de Lucia di Lammermoor y como suena todavía la voz de Alfredo y una vez más nos vuelve a dejar su magisterio en esta célebre página del bel canto.

Saludos mis queridos amigos.