La Coctelera

Categoría: Pablo Sorozabal

El "No puede ser" Nipón


 

 Otro fragmento de ese recital en Tokio, en esta ocasión la conocidísima y popular  "No puede ser..." de La tabernera del Puerto del maestro Pablo Sorozábal.

Esta es la versión que en los últimos años nos dejó Alfredo con ese final en punta no escrito y que por ello fue en más de una ocasión un tanto criticado.

La verdad es que estas "cosas" no dejaban de  ser de algún modo una firma en la que podía leerse algo así: "esto solamente lo puedo hacer yo"

Saludos cordiales mi fiel parroquia.


 

 

 

Hace diez años ...

Retomo el recital que Alfredo dio con motivo del festival de música celebrado en Úbeda hace ahora diez años. Lo que escucharemos en el día de hoy es la romanza de “La tabernera del Puerto” con ese arreglo en el final, “a la Kraus” en forma de sobreagudo que en sus últimos años el tenor solía utilizar a menudo en esta romanza, si bien esa subida final no siempre fue bien recibida por todo el mundo sobre todo por los más críticos por lo innecesario de esa nota.

Escuchemos ya este “No puede ser” registrado el 29 de Mayo de 1998 durante el IX Festival Internacional de Música y Danza “Ciudad de Úbeda” y en el que acompañó al tenor, el pianista Edelmiro Arnaltes.



¡No puede ser! Esa mujer es buena.
¡No puede ser una mujer malvada!
En su mirar como una luz singular
he visto que esa mujer es una desventurada.

No puede ser una vulgar sirena
que envenenó las horas de mi vida.
¡No puede ser! porque la ví rezar,
porque la ví querer,
porque la ví llorar.

Los ojos que lloran no saben mentir;
las malas mujeres no miran así.
Temblando en sus ojos dos lágrimas ví
y a mi me ilusiona que tiemblen por mí.

Viva luz de mi ilusión,
sé piadosa con mi amor,
porque no sé fingir,
porque no sé callar,
porque no sé vivir.



Zarzuela para "Sant Jordi"


Esta rosa es para todas las Damas que "pasean" por este rincón


Al finalizar la guerra civil española (1939) se puede decir que el genero de la Zarzuela estaba ya en plena decadencia a lo que creación de nuevas obras se refiere; así puede decirse que la última gran composición tras la posguerra fue “Black el Payaso” del compositor donostiarra, Pablo Sorozábal.

Hoy os invito a escuchar esta bonita romanza que lleva por título “Deja la guadaña, segador” que he extraído de la grabación que en el año 1958 grabara Kraus bajo la dirección y supervisación del propio autor Sorozábal.

Si bien esta romanza os la dedico a todos vosotros, como siempre, hoy quiero hacerlo de manera más cariñosa para nuestro amigo "Nadir" a quién ayer le “negué” la posibilidad de que en la página se escuchara otra voz de tenor que no fuera la de Kraus.

Aprovecho igualmente el día de hoy festividad de San Jorge (Sant Jordi en Cataluña) para ofrecer a todas las Damas que hoy visiten esta página esta rosa como marca la tradición.

Felicidades a todos los Jorges



Deja la guadaña, segador,

que por fin concluye tu labor.

Deja la guadaña, segador,

que por fin concluye tu labor.

Al dejarla acaso pensarás

que con ella dejas algo más.

Llora con la ausencia mi dolor.

¡Pero no te olvides de mi amor!

¡Pronto, pronto, pronto volveré!

¡Siempre, siempre te recordaré!

Besos tuyos guarda el segador

y a buscar tus besos otra vez aquí vendré.

Pronto, pronto, pronto volveré!

¡Siempre, siempre te recordaré!

Besos tuyos guarda el segador

y a buscar tus besos otra vez aquí vendré

¡Pero no te olvides de mi amor!



Joven y una dama anónima...

El título del día de hoy hace referencia a un breve relato que hace unos días nuestro amigo "Haddock" compartía con nosotros sobre un encuentro fortuito con una anciana señora en el transcurso de un recital.

Para el que tenga curiosidad, aquí está el relato completo de nuestro amigo en el cual ambos hablaron y coincidieron en su gusto por una romanza de una Zarzuela no muy conocida; dicha obra es La isla de las Perlas de la que hace unas semanas ya os ofrecí otra preciosa romanza, pero la de hoy es la que comentaban nuestros protagonistas de este día, esa romanza lleva por título “Que triste mi despertar” y fue grabada por Kraus en 1958 bajo la batuta del propio compositor, Pablo Sorozábal.

Poco más queda por decir salvo que disfrutéis de la cristalina voz de Kraus con apenas treinta añitos y esa portentosa voz al servicio de este bonito relato.

Hasta mañana y ser buenos.


¡Qué triste mi despertar!
Mejor sería volver a soñar ...

Era en lo más hondo
de mi mar azul
donde yo busqué cerrar la herida
que abriste tú.
Buscaba la muerte
huyendo de aquí
y al sentir mi cuerpo casi inerte
pensaba en tí.
Y en ese agonía
soñé que me amabas
y yo lo creía
y tú me besabas.
Te ví entre la bruma
llegar hasta mí
y darme entre espumas
la flor que perdí.

Ahora al despertar
ya te he perdido;
veo con pesar
que un sueño ha sido.
Vuelvo a renacer
a nueva vida,
vuelvo a renacer
para empezar de nuevo a padecer.
Un amanecer de rosas
cuando me ahogaba tuve bajo el mar,
y esas flores tan hermosas
con mi nueva vida veo marchitar.
Esta nueva vida
renueva mi herida
y al comenzar de nuevo a sufrir
tengo que pensar
que es mejor morir.

Era en lo más hondo
de mi mar azul
donde yo busqué cerrar la herida
que abriste tú.
Buscaba la muerte
huyendo de aquí
y al sentir mi cuerpo casi inerme
pensaba en tí.
Y en ese agonía
soñé que me amabas
y yo lo creía
y tú me besabas.
Te ví entre la bruma
llegar hasta mí
y darme entre espumas
la flor que perdí.
¡Pues si vivo yo
muerto está mi amor!

Algo de Zarzuela para empezar el año

Tal y como ya os avanzaba en el día de ayer, hoy os propongo una página de Zarzuela y además un fragmento de una de esas obras que prácticamente ni se representan ni escuchan. Se trata de la obra del maestro Pablo Sorozabal, "La isla de las Perlas" de la cual he extraído una romanza que dice así “No me quiere…

Con este fragmento quiero compensar a nuestra amiga Marisa que hace unos días comentaba en otra entrada, que echaba de menos empezar el año con algo de Zarzuela y que no todo fuera música de los Strauss, por lo que he querido poner mi granito de arena para llenar ese pequeño hueco que a veces le dejamos al mal llamado "género chico" y que tantas veces sufre un trato desfavorable con respecto a otras músicas.

La de hoy, es una romanza que hace poco tiempo que "descubrí" y me parece realmente preciosa; este fragmento fue grabado por Kraus en 1958 bajo la batuta del propio compositor, en este año, tremendamente fecundo en lo que a grabaciones se refiere, y en la que Kraus y el maestro Sorozabal colaboraron de manera tan estrecha grabando varios discos juntos.

Así pues aquí os dejo con esta bonita página y lo dicho "Marisa",te la dedico a ti especialmente.

Feliz fin de semana a todos y que los Reyes Magos se porten bien con todos vosotros.

Un abrazo para todos.


No me quiere
la mujer que me quería,
y en lugar de despreciarla
y olvidarla,
yo la quiero con más ansia todavía.

¡No me quiere!
Su cariño me mentía
y en el alma no se muere
la ilusión que yo tenía
desde el día en que la ví pasar.

Ya sé que todo es mentira
si viene de esa mujer,
mas pienso en ella y suspira
mi pecho por su querer.
Se hundió el cariño tan fuerte
que ya no sé si la muerte
podrá su espina arrancar.
Olvido pide el dolor
que borre el fuego de amor
que yo no puedo apagar.
¡Por tí, Taipó ...!

¡Taipó ... ah, por tí sufro yo!
Y en el alma se me muere
la ilusión que yo tenía.
No me quiere.
Su cariño me mentía.
Su traición mi pecho hiere
y mis odios vengaría
pero al verla no podré matar.
¡Y su amor no he de olvidar!

Semana grande, Kraus ya es octogenario

Mis queridos amigos,tal y como ya os adelanté la semana pasada, la presente será un poco especial y eso se debe a que esta semana se cumple el 80 aniversario del nacimiento de nuestro protagonista, Alfredo Kraus.
Con motivo de este acontecimiento, lo que os he preparado es un especial para toda la semana en el cual escucharemos y también veremos a Kraus a lo largo de las cinco décadas que abarcó su carrera, entiéndase los años 50, 60, 70, 80 y 90.
Y esta semana de modo excepcional el sábado también os pondré un vídeo ya que ese día, el 24 de Noviembre es cuando se cumple exactamente la mencionada efeméride.
Haré pues un breve repaso por esos cuarenta y dos años de ARTE que Kraus nos regaló con ese don de la naturaleza, que fue su voz.
Para empezar este repaso, hoy vamos a escuchar una version de los años 50, en concreto una grabación de 1958. En este año Kraus grabo unas versiones que podríamos decir históricas de algunas Zarzuelas; el calificativo de histórico viene dado porque la dirección musical de estas grabaciones corrieron a cargo del propio compositor, en este caso Pablo Sorozabal.
Lo que escucharemos en el día de hoy es el "No puede ser" de La tabernera del Puerto que Kraus grabó en este 1958 junto con otras dos obras, Black el payaso y Katiuska.
El reparto completo de la grabació incluía a Leda Barclay, Renato Cesari, Jorge Algorta, Enriqueta Serrano, Luisa Espinosa, Enrique Fuentes, José Ramón Henche, José Marín.
Junto a todos estos, el Coro Cantores de Madrid y la Oquesta de Conciertos de Madrid, todos bajo la atenta mirada y dirección del autor de la obra, Pablo Sorozábal.

En esta versión del día de hoy quiero hacer hincapié una vez más en una de la cualidades que Kraus abanderó a lo largo de su carrera, se trata del fiato; el ejemplo de hoy es bastante ilustrativo, cuando nos disponemos a escuchar el final de la romanza, en ella los cantantes e incluso el propio Kraus en años posteriores realizan una pausa tras el "porque no sé" final, para recuperar aire y atacar el "vivir" final. En este registro de hoy puede escucharse como Kraus canta todo el verso de una tacada y por si alguno quiere, que mida el tiempo transcurrido desde la última respiración hasta el final de su postrera nota.

Saludos muy cordiales para todos y feliz semana Krausiana.

No puede ser! Esa mujer es buena.
¡No puede ser una mujer malvada!
En su mirar como una luz singular
he visto que esa mujer es una desventurada.

No puede ser una vulgar sirena
que envenenó las horas de mi vida.
¡No puede ser! porque la ví rezar,
porque la ví querer,
porque la ví llorar.

Los ojos que lloran no saben mentir;
las malas mujeres no miran así.
Temblando en sus ojos dos lágrimas ví
y a mi me ilusiona que tiemblen por mí.

Viva luz de mi ilusión,
sé piadosa con mi amor,
porque no sé fingir,
porque no sé callar,
porque no sé vivir.

Katiuska y el "año mágico" (1958)

Con la voz fresca de alguien que apenas tiene treinta y un años, afronta Kraus el año 1958 con gran cantidad de proyectos en el horizonte, su primera película “Gayarre”, una legendaría representación de “La Traviata” en Lisboa Junto a María Callas, y otros como el de las grabaciones en estudio de óperas y Zarzuelas.

Concretamente en este ámbito de la Zarzuela grabaría Alfredo Kraus tres obras completas para el sello Hispavox; “Katiuska”, “La Tabernera del Puerto” y “Black, el payaso” que como bien se habrán percatado son todas ellas, obras del mismo compositor, Pablo Sorozábal.
De la primera, es decir de esta “Katiuska” de inspiración rusa es de la que me ocuparé en el día de hoy. Es esta grabación, al igual que muchas otras, el único testigo que nos queda de ese acercamiento de Kraus a nuestro género y es que Alfredo sólo llevo a escena (que yo tenga entendido) dos títulos, Marina y Doña Francisquita.
De esta Katiuska merece la pena recordar el elenco que acompañaban al joven Kraus y que encabezaba ni mas ni menos una jovencísima también, Pilar Lorengar, secundados ambos por: Renato Cesari, Manuel Gas, Enriqueta Serrano, Selica Pérez Carpio, Ana María Fernández, Francisco Maroto, y José Marín.
El conjunto coral corría a cargo del “Coro Cantores de Madrid” teniendo de director a José Perera y la Orquesta de Conciertos de Madrid con la dirección del propio compositor de la obra Pablo Sorozábal ponían la música.
Escuchemos ya del Acto I de Katiuska, la romanza “Es el príncipe” a cargo de Alfredo Kraus.

El cuarto tenor ..... o el primero

De este modo titulaba el periódico "El Mundo" la crónica del recital que ofrecía Alfredo Kraus en su regreso a los escenarios, en 1998 tras el fallecimiento de su esposa.
En honor a la verdad, hay que ser objetivo y no dejarse cegar por la pasión, admiración o como en mi caso (y la de muchos otros), la veneración, que por este artista siempre he tenido y tendré.
Realmente aunque podemos decir que el "examen" de este recital ha sido aprobado con algo más que solvencia, no es menos cierto que en algunos pasajes de las romanzas que este día interpretó, se ven pequeños momentos de tensión por parte de nuestro querido tenor como si necesitase hacer un esfuerzo extra para dar lo mejor de si mismo.
No hay que engañarse, son ¡¡¡ 70 años !!! y quizás para este entonces, esa grave enfermedad es posible que ya empezara a hacer sus estragos en este extraordinario ser.

¡¡¡ Que gran artista, y que grandísimo ser humano !!!

A continuación os transcribo toda aquella crónica así como algunos ejemplos audiovisuales de lo que fue la mencionada velada.

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El 21 de febrero de 1998 puede inscribirse en la nueva historia del Teatro Real con los honores de la primera noche de gloria. Al menos, así se desprende del clamoroso triunfo que Alfredo Kraus consumó anoche en el coliseo madrileño, cuya envergadura, resumida en 25 minutos de ovaciones y bravos, ha sobrepasado definitivamente el tono de la emblemática velada inaugural, el concierto de los tres tenores y las distintas producciones operísticas que se han desencadenado desde el pasado mes de octubre.

En realidad, el rotundo éxito del tenor canario no puede explicarse desde una perspectiva exclusivamente musical, sobre todo porque los espectadores congregados anoche en el Teatro Real también celebraban el feliz regreso de Alfredo Kraus a la ópera con mayúsculas, el milagro de sus 70 años, el nostálgico reencuentro con un intérprete de culto y la sensación de que se ha sobrepuesto al fallecimiento de su mujer con la capacidad de desafíar el repertorio más arriesgado de Donizetti, Cilea y Massenet.

(Fotografiado junto a un busto del gran Julián Gayarre)

De hecho, Alfredo Kraus no tuvo más que insinuarse sobre el escenario para que los espectadores le tributaran un conmovedor recibimiento: el tenor canario sabía de que después de la calurosa reacción del público se econtraba en el compromiso de superar el filo de los nueve do de pecho despiadadamente encadenados en La hija del regimiento. Y fue entonces cuando pudo reconocerse que las emblemáticas virtudes de Kraus sobreviven a las circunstancias más desagradables, quizá porque la técnica, la inteligencia, el buen gusto, el exquisito fraseo, la magistral dicción y la personalidad trascienden la propia naturaleza vocal y constituyen un bagaje artístico imperecedero.

REPERTORIO EMBLEMATICO.- Y la valentía. No fue un recital generoso en el número de arias y romanzas -es cierto que las intervenciones solitarias de la versátil Orquesta Sinfónica de Madrid bajo la eficiente dirección de Rolf Reuter rompieron, en determinadas ocasiones, el ritmo y la magia del acontecimiento-, pero sí puede considerarse muy representativo de las tentaciones de Alfredo Kraus y de las obras que han señalado su impecable trayectoria. Por ejemplo, Lucia di Lammermoor, cuya oportunidad en el programa de anoche dio lugar a que el tenor canario se exhibiera categóricamente en la introducción y el aria de Tombe degli avi miei. Por ejemplo, Werther, recordada ayer con el memorable capítulo de Pourquoi me réveiller. Y, por ejemplo, Rigoletto: Alfredo Kraus, visiblemente emocionado, se resistía a conceder una propina, pero, dada la insistencia, no tuvo otro remedio que despedir el recital con el popularísimo testimonio de La donna è mobile.

Los espectadores, claro, reaccionaron de una manera desenfrenada, apasionada. Más o menos como sucedió cuando el tenor hizo su única alusión al repertorio español -No puede ser, de La tabernera del puerto-, cuando se recreó en El lamento de Federico y cuando recurrió al lirismo de Martha. La diferencia estriba en que las palabras escritas para las obras de Sorozóbal, Cilea y Flotow entrañan ahora un significado mucho más especial que antaño, quizá porque ya no narran experiencias ajenas ni se refieren a mujeres absolutamente anónimas.

Al contrario, no ha cambiado la profesionalidad de Kraus, ni su apabullante seguridad en los agudos, ni siquiera su capacidad para abstraerse de las circunstancias personales y afirmarse como un verdadero cantante de ópera. Un mes después del concierto de José Carreras, Domingo y Pavarotti, parece que es oportuno revisar la versoimilitud de alguna que otra fórmula exclusiva. Aquella de los tres tenores, por ejemplo.

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Ah, mes amis ...

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Tombe degli avi miei...

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M'appari (Marta)

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Lamento de Federico

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No puede ser...

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Pourquoi me réveiller

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La donna e mobile