Alfredo Kraus en Chile (1992)

Como muchos ya se habrán dado cuenta este "video" ya lo colgué en su día en mi otro blog pero he querido igualmente dejar testimonio del mismo en esta página por un doble motivo. De una parte mostrar un "momento" tan emocionante, sentimental........ se podrían incluir una larga lista de adjetivos, vivido por un cantante durante una actuación, en este caso Kraus, y que podría darle otro punto de vista a todos los que a lo largo de su carrera lo vieron como un cantante "frío".
Yo creo que el control que tenía en todo momento Kraus de todo lo que sucedía en un escenario no estaba en ningún caso reñido con el apasionamiento de todo lo que cantaba, quizás la diferencia con otros-as radicaría en que estos segundos necesitan de otros medios, que no sean propiamente los vocales para transmitirnos emociones.
Bueno, es un tema que podría dar mucho que hablar pero yo personalmente debo decir que Kraus ha tenido y tiene la pasmosa facilidad de a un servidor hacerle emocionar en multitud de momentos y hacer que durante instantes mágicos uno contenga la respiración por lo que está escuchando.
El segundo motivo de incluir este fragmento es el de hacer un pequeño homenaje a todos los amigos Chilenos que con bastante asiduidad visitan este nuestro rincón.
Centrándome en este recital he de decir que tras descubrir esta "página de Gardel", pude verlo completo en su totalidad y lo cierto es que en aquella velada se podía palpar desde el principio ese "feeling" entre público y artista. Un público, el Chileno al igual que el de sus vecinos del Teatro Colón Bonaorense entregados siempre ante cualquier actuación del tenor canario.
Aquí os dejo pues con este "El día que me quieras" de Carlos
Gardel y con letra de Alfredo Le Pera; he podido saber de personas que asistieron a este recital que tras la conclusión del mismo y en camerinos aseguró que nunca más volvería a cantar este tema, por cierto la fecha de celebración del mismo fue el 5 de noviembre de 1992.

Sparafucille dijo
Amigo Werther
Aunque resulte una paradoja (o quizás una impertinencia), escribo este comentario para decir ante todo que este video del recital de Chile ... ¡no necesita comentarios!
Aparte de todas sus grabaciones, yo tuve la oportunidad de escuchar a Kraus "en persona" en dos ocasiones: un recital, con Edelmiro Armaltes, al piano en Murcia (mayo de 1991), y una ópera (La Favorita) en Madrid, al año siguiente. Y es cierto lo que dices: ese "feeling" entre el público y el artista se podía palpar desde que ponía los pies en el escenario. No lo escuchábamos solo con admiración por su excelencia artística, sino con cariño y agradecimiento. Y me parece que el agradecimiento era mutuo porque, especialmente en el recital de Murcia (era la primera vez que actuaba aquí, en el Teatro Romea) yo noté que actuó con una entrega y un nivel de exigencia increíbles. Daba lo mismo que actuase en Viena, en Londres o en una pequeña ciudad, siempre lo hacía con esa generosidad.
Y muchos de lo que asistimos al recital comentábamos al salir que estábamos agotados, no porque el recital se hubiera hecho pesado (al contrario, de buena gana lo hubiéramos secuestrado para que cantara toda la noche), sino por haber estado sometidos a una tensión emocional que nos mantuvo en vilo todo el tiempo.
Como ejemplo de ese "feeling" entre Kraus y el público, yo recuerdo otro momento muy especial: la Gala Lírica de inauguración del Teatro de la Maestranza, en Sevilla, en 1991. El público aplaudía intensamente las intervenciones de Plácido Domingo, Caballé, Aragall, Pons, Carreras... Recuerdo que éste último cantó el "No puede ser" de La Tabernera del Puerto con una gran entrega, pero acabó exhausto, jadeando, y pasó evidentes apuros en los agudos. El público lo premió con una gran ovación, pues en verdad cantó bastante bien, pero a continuación ... salió Kraus. Y se marcó una "La donna è mobile" memorable (para mí, la mejor que le he escuchado). Dio una exhibición magistral con el fraseo, uniendo frases y frases sin respirar, con un legato, una dicción y un control de la respiración extraordinarios. Y culminó con el si natural sobreagudo con una seguridad apabullante. Al final del aria, estaba más fresco que una lechuga. El público se volvía loco, hasta el punto de que acabaron aplaudiéndole a ritmo de sevillanas y tuvo que salir de nuevo a saludar. Los aplausos que sonaron para Kraus eran especiales, distintos. Yo no sé si recordáis ese momento, pero yo lo viví así. Tenía la admirable facultad de emocionar al público simplemente cantando bien, extraordinariamente bien, lo cual no es nada simple ni sencillo.
Y también tenía la facultad de emocionarse. Lo hemos visto aquí, en este video, y lo vimos cuando reapareció en el Real en febrero de 1998: la ovación con que lo recibió el público lo dejó "tocado" durante algunos minutos, se emocionó de manera visible y casi rompe a llorar. Y es que a mi se me saltaron las lágrimas, no era para menos.
1 Febrero 2007 | 02:29 AM