La siguiente entrevista fue publicada por el periódico elmundo en la fecha arriba indicada. Las fotografías no pertenecen a la misma, las he puesto yo, digamos que para adornarla un poco.
«Con el cerebro manejamos la voz. Si no puedes con ella, te conviertes en su esclavo»
(EL TENOR CUMPLE CUARENTA AÑOS DE CARRERA EL DIA 17. OCHO DIAS DESPUES, CELEBRA SU DEBUT EN EL TEATRO DE LA ZARZUELA CON UNA GALA)
Dispuesto a comenzar un maratoniano año repleto de conmemoraciones de sus debuts en los mejores teatros del mundo, don Alfredo parece que, a sus 69 años, ha hecho un pacto con el diablo. Aparece tranquilo y relajado, después de realizar una de sus pasiones: dar clase. No abandona su porte principesco, ni cuando está fuera de los escenarios, porque él es así: coqueto, educado, correcto y exquisito. Frío y distante, y a veces, sólo cuando baja la guardia, cálido y apasionado. Son cuarenta años de profesión, un largo viaje acompañado de sus inseparables Fernando, Alfredo, el duque de Mantua o Werther, que le han llevado, en esta carrera perfecta, a abrazar el éxito.
Pregunta.-¿Qué ha cambiado de aquel Alfredo Kraus que se subió hace 40 años al escenario del teatro de la Zarzuela con el Kraus que actuará en la Zarzuela el próximo día 25?
Respuesta.-Las arrugas, los años..., eso por lo pronto. Han cambiado muchísimas cosas. Desde todos los puntos de vista: vocal, técnica, interpretativa y psicológicamente. En resumen, todo.
P.-¿Ha cumplido sus metas?
R.-Pues diría que sí. La meta de un cantante es cantar, hacer ópera, llenar teatros, tener éxito y conseguir que la profesión se convierta en un estudio continuo. Cada vez que actúas hay una preparación previa sobre lo anterior. Llegas a un punto y el próximo es superior, así la carrera se convierte en un aprendizaje.
P.-¿Qué ha sido lo más importante de estos cuarenta años?
R.-No sé, quizá que te identifiquen con una ópera o con un personaje. Ahora dicen que mi interpretación del Werther es la más perfecta, la más cercana a la psicología del personaje... Pero me acuerdo de hace un montón de años, cuando debuté en el teatro San Carlos de Lisboa con Los puritanos, de Bellini, que durante uno de los ensayos, el director, el grandísimo Tullio Serafin, me dijo: «Oiga Kraus, ¿usted con quién ha estudiado esta ópera?». Me preocupé y le pregunté, «¿hay algo que no esté bien?», y me contestó: «No, es que parece que Bellini escribió esta ópera para usted». Eso pasa muchas veces. Debe ser así porque no he querido tener un repertorio muy amplio. Siempre he preferido ser el número uno, y la única manera de conseguirlo es limitando el repertorio.
P.-¿Ese es el secreto de su éxito?
R.-Sí, porque soy especialista en una serie de óperas como Werther, Los puritanos, La Traviata, Rigoletto, Romeo y Julieta y Manon y cuando la gente piensa en estas obras, piensa en mí. Hablo de la gente que entiende, naturalmente. El público de la calle oye campanas y no sabe dónde, pero un entendido, sabe quién es quién.
P.-¿Qué recuerdos guarda de estos años? ¿Alguno, en especial?
R.-Muchísimos. Ciertos debuts, el de Madrid, el de La Scala de Milán, el del Metropolitan, el de Buenos Aires. Hay teatros emblemáticos, en los que he tenido la suerte de debutar con gran éxito y esto se te graba. Son noches con duende.
P.-Y aquella noche en la Zarzuela, con Doña Francisquita.
R.-Sí porque, precisamente, me acababa de casar y me vine a pasar la luna de miel al teatro. Había un clima de mucha camaradería. Prácticamente tenía una actuación diaria.
P.-Por eso, la noche del día 25 resultará un tanto especial.
R.-Pues sí, será revivir cosas y recibir el homenaje de la gente. El reconocimiento de una labor, unos méritos... donde más se nota es en el aplauso directo.
P.-¿Qué le diferencia del resto de los cantantes para ser el tenor lírico más importante del mundo?
R.-En primer lugar, la edad, así que ya me deben un respeto, -dice riendo-. Por otra parte, me distinguen mis características, mi tipo de voz, la técnica con la que canto, el repertorio que elijo, la personalidad cantando e interpretando... Muchas diferencias.
P.-¿Y cómo vence el paso del tiempo?
R.-Primero, con una buena salud y segundo, desde el punto de vista vocal, recurriendo a una técnica que me permita emplear la voz de una forma que me cause el menor daño posible. También aplicando el repertorio apto para mi voz. No puedo cantar óperas superiores a mis facultades, a mis condiciones y mi capacidad. Eso hace que la voz dure más tiempo.
P.-¿Se cuida de alguna forma especial?
R.-No, sólo hago gimnasia. No como mucho, no fumo y no bebo.
P.-¿Qué se necesita para dominar ese don natural, ese instrumento, que a veces, parece ajeno a la voluntad humana?
R.-No se puede separar una cosa de la otra porque se domina, precisamente, con la voluntad. Nosotros somos nuestro cerebro. Con él manejamos la voz. Hay muchos casos en los que predomina la voz y no puedes con ella, porque a través de tu inteligencia, no has sabido ser su dueño y te conviertes en su esclavo.
P.-Entonces, ¿debe dominar el cerebro al sentimiento?
R.-Debería poder más aunque el sentimiento es otra cosa. Un instrumento que emite sonidos no tiene nada que ver con la manera de transmitir al público. Si el sentimiento me dice que debo hacer determinadas cosas con la voz, si técnicamente no las sé resolver, el sentimiento no me sirve para nada. De todas
maneras, éste es una expresión de la inteligencia.
P.-Así cuando a usted le tachan de cerebral, parece que esto choca con el sentimiento.
R.-Los «snobs» dicen: «es que es muy cerebral». La gente confunde la gimnasia con la magnesia. Pues eso es lo bueno, ser cerebral. Así dominas todo lo que haces.
P.-¿Siempre busca la perfección?
R.-Sí, siempre. Debe ser así, si no te quedas estancado. Permaneces a un nivel y ya no pasas de ahí. Y eso, si no empiezas a bajar. Muchas veces, uno se conforma con mantenerse.
P.-Pero, usted no.
R.-Hombre, no me conformo. Siempre he pretendido hacer un poco más. Si no se puede, no se puede. Pero si uno no se lo propone, nunca podrá.
P.-¿Es consciente del don de su voz?
R.-Sí, pero de una manera lógica y natural. Cuando nacemos todos tenemos algo, no es un mérito personal. Naces con ello, te lo ha dado Dios o te lo ha transmitido tu familia. El mérito es ser un buen profesional, dedicarte a lo que crees que te debes dedicar y lograr ocupar un lugar.
P.-Su técnica, la «voz en máscara» que le enseñaron sus maestros Andrés y Mercedes Llopart, debe ser milagrosa por los resultados, que a la vista están.
R.-Bueno, no sé si milagrosa. Es la única manera de utilizar el instrumento. Lo demás es falso.
P.-¿En qué consiste?
R.-Todos los instrumentos musicales tienen una caja de resonancia, donde resuena el sonido y le da vibraciones, armónicos, frecuencias. Lo que camina en el aire es la frecuencia del sonido. No podemos utilizar la voz si no la colocamos en los resonadores, que son los huesos que tenemos en la cara. En esas cavidades es donde hay que apoyar el sonido. Muchos cantantes cantan con la voz caída en la garganta y su sonido resulta opaco. Parece tan sencilla pero nadie la usa, sólo yo y algunos de mis alumnos.
P.-Pero, a veces se oyen voces fascinantes.
R.-Parecen fascinantes, pero no lo son. Desgraciadamente, la gente oye una voz y ya no se preocupa de más. Utilizan el instrumento que Dios les ha otorgado generosamente, pero no le sacan rendimiento. No basta con tener una hermosa voz, ancha, voluminosa y fuerte sino que hay que hacer arte con ella. Una cosa es cantar bien y otra, tener buena voz. Gente que cante bien y haga arte, se pueden contar con los dedos de una mano.
Reconocimiento
P.-¿Qué es el triunfo?
R.-Cantar bien y ser reconocido por quienes entienden cómo canto. No es lo mismo triunfar cantando bien que triunfar utilizando el «marketing». Ser popular no quiere decir que se cante bien.
P.-Su larga carrera no habrá sido un camino de rosas y existirán momentos amargos.
R.-No, no me acuerdo de ninguno. Tampoco me ha parecido un gran esfuerzo. Todo el que quiere algo, tiene que trabajarlo. Lo he hecho a gusto, disfrutando. A veces me gusta más trabajar en el estudio que actuar porque cantas más para ti. Hallas una serie de matices que en la actuación no encuentras.
P.-¿Sigue pasándolo mal, cuando sale al escenario?
R.-Siempre hay una tensión nerviosa. Cuanto más años pasan, peor porque eres más conocido, tienes más responsabilidad. Piensas que la gente pretende cada vez más de ti y esto te hace sentir un peso mayor, pero es normal.
P.-Lo suyo, ¿fue vocacional?
R.-Sí, completamente. Creo que debe ser así. Hay una vocación por la música, por el canto en sí mismo, por el teatro... Es complejo pero debe existir una amalgama de todas estas cosas.
P.-¿Cómo recuerda sus comienzos en el coro del colegio Beato Padre Claret de Canarias?
R.-Me acuerdo bastante, porque allí empecé a cantar. Pedían niños que quisieran cantar en el coro para ir a la iglesia y yo me ofrecía siempre. Allí me inocularon ese veneno.
P.-¿Cuál ha sido la noche más emocionante de su vida?
R.-Muchas. La de la Callas, en mi debut en el San Carlos de Lisboa con La Traviata. Fui la sorpresa de la noche, nadie me conocía mientras que ella era famosísima. La gente se sorprendió conmigo. Fue una especie de descubrimiento. Me hizo salir a saludar. Estuvo muy normal y muy sumisa, dispuesta a aceptar las sugerencias del maestro. Se portó como lo que era: una gran profesional. También recuerdo mi debut en Buenos Aires, con La Favorita, una de mis óperas emblemáticas, donde hubo muchos aplausos después de la «romanza». Mi debut en París con Werther... muchos recuerdos.
P.-Defíname su voz.
R.-No sé, eso lo dejo para que lo digan los críticos. Sé lo que hago con la voz, no sé cómo es.
P.-¿Qué hace con ella?
R.-Trabajarla para obtener un resultado artístico y usarla como un instrumento que produce arte.
P.-¿Cuánto ha durado su máxima ovación?
R.-Después de una «romanza», diez minutos. Es una eternidad porque uno ya no sabe qué hacer en el escenario. Se habla por ahí de que he tenido aplausos de 40 y 50 minutos. Es verdad, pero al terminar una ópera. Al final, la ovación puede durar lo que el público quiera.
P.-La ópera, ¿está destinada a desaparecer?
R.-No, nunca. Lo que ocurre es que hay crisis. Por parte de los teatros, económica y vocal. Faltan grandes voces. Hay que capear los temporales como se pueda.
P.-Parece que su generación no tiene sucesores.
R.-No diría tanto, recambio siempre hay. La primera regla que nunca se me olvidará es que todos somos necesarios, pero ninguno imprescindible. Me muero ahora mismo y el teatro sigue adelante. Murió la Callas y todo el mundo se rasgó las vestiduras. Eso demuestra que la ópera no va a morir. Hay jóvenes prometedores que saldrán en 15 ó 20 años.
P.-¿Qué ocurre con las óperas contemporáneas que parecen tener menor aceptación que las clásicas?
R.-La ópera moderna no tiene salida porque no está al servicio de la melodía ni al de una voz. Alguien que vaya a una de estas óperas, ¿sale silbando algún motivo? No. Pues eso tiene que fracasar a la fuerza como ópera.
P.-Entonces en la ópera del futuro, ¿no habrá innovaciones?
R.-No, será con los mismos compositores de ahora. La ópera tiene un repertorio amplísimo que nadie conoce, ni se han estrenado todas las obras. Pero las que están en cartel, se seguirán oyendo siempre. Con lo que hay es suficiente. Que no hagan experimentos, que lo dejen como está.
P.-El Teatro Real, ¿le gustaría inaugurarlo?
R.-Pues sí, el Real y cualquier otro teatro. Sería un orgullo, además de la satisfacción de ser el teatro más representativo del país. El Real siempre será conflictivo, con tensiones político-administrativas. Lo principal es que esté, y luego que funcione.
P.-En algún momento, ¿piensa en la retirada?
R.-Como una posibilidad, pero no lo planteo como lejana o cercana. Algún día lo haré y, seguramente, llegará por sorpresa. No me voy a prefijar una fecha.
Vejez
P.-¿Le asusta envejecer?
R.-Asustarme, no pero yo creo que a nadie le gusta. Por mucha ley de vida que sea, uno se rebela un poco. También hay que pensar en las cosas positivas. Se posee una mayor riqueza cultural de conocimientos y de experiencias, que cuando uno es joven.
P.-Imparte clases en la escuela Reina Sofía. ¿Qué tal la enseñanza? ¿Le gusta?
R.-Sí, me encanta. Además, existe una razón moral: si sabes algo, debes transmitirlo. Por otra parte, descubrir cómo se forma la voz, reflexionar y corregir defectos, resulta enriquecedor.
P.-¿Qué consejos les da a sus ocho alumnos?
R.-Les digo que canten bien. El canto es el instrumento más ingrato y más difícil que hay pero... es un estudio muy serio y como tal hay que abordarlo.
P.-¿Qué proyectos tiene?
R.-Seguir cantando lo que salga y me interese. No acepto cualquier cosa, ciertos teatros, ciertas condiciones aparte de las económicas... que haya un motivo que no sea simplemente abrir la boca, cantar y cobrar el dinero.
P.-Y si volviera a nacer...
R.-Me conformo con lo que he hecho. No digo que no se pudiera hacer mejor, con mayores posibilidades de estudio, mejor voz... pero firmaría por pasar por todo lo que he pasado, por lo bueno y lo malo. Como el chiste, que me quede como estoy.
P.-¿Usted es la ópera?
R.-Ni muchísimo menos, soy una parte de la ópera. Formo parte de la historia de los teatros. Los que tienen historia son ellos: La Scala, el Liceo... Nosotros sólo somos marionetas de esa historia.
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¡Hola a tod@s!
Lo primero es lo primero: dar las gracias a Werther, por colgar esta entrevista. De las cosas que decía, de simples detalles que contaba Kraus en esta entrevista, se entresacan ciertos aspectos técnicos muy importantes (pero es como todo, hay que tener ojos para poder leer lo que dice entre líneas).
Eso sí, a mi me gustaría poderle preguntar, cosas tan sencillas como... ¿que sensaciónes tiene usted cuando canta? No solo sobre el control del instrumento, sino de como se siente cuando interpreta un personaje.
Algunas preguntas no las haría yo ni harto de vino, porque parecen hasta ofensivas (vease la ultima: USTED ES LA ÓPERA?).
Pero la verdad, que es muy muy curiosa la entrevista, porque demuestra no solo que Kraus era un hombre inteligente: sino que sabía hablar en público y hablar a la prensa, escapandose de esas preguntas "escabrosas".
Kraus es justo uno de los cantantes que admiro, y que tomo como modelo ( y disfruto) cuando canta. Al mismo tiempo, que Aureliano Pértile, y por supuesto, nuestro querido Fleta.
Un besiño para tod@s!