Todos los que hemos seguido de cerca de un modo u otro la carrera de Alfredo Kraus coincidiremos que desde el inicio de la misma hasta el final se mantuvo siempre en un mismo nivel de excelencia sin prácticamente altibajos lo cual no significa que en determinadas ocasiones, nuestro tenor tuviera momentos en los que se podría decir que estaba en un verdadero estado di grazia cual clasificación de tenor.

Uno de estos momentos y del cual ya me he ocupado en “artículos” anteriores fue el que se produjo en una noche estival de 1990 en la madrileña Plaza de las Ventas.

El ejemplo escogido para demostrar mi anterior aseveración es el recitativo, aria y cabaleta del Acto II de La Traviata en la que una vez mas muestra todo ese abanico de facultades y técnica al servicio del personaje homónimo en la obra de Verdi; esta interpretación alcanza su cenit en esta cabaleta final muy en desuso durante tiempo y del que Kraus fue un gran defensor y recuperador aunque no siempre bien entendida, para ejemplo(EMI-Kraus, Scotto;R.Muti).

Lunge da lei per me non v'ha diletto!
Volaron già tre lune
Dacchè la mia Violetta
Agi per me lasciò, dovizie, onori,
E le pompose feste
Ove, agli omaggi avvezza,
Vedea schiavo ciascun di sua bellezza
Ed or contenta in questi ameni luoghi
Tutto scorda per me. Qui presso a lei
Io rinascer mi sento,
E dal soffio d'amor rigenerato
Scordo nè gaudi suoi tutto il passato.

De' miei bollenti spiriti
Il giovanile ardore
Ella temprò col placido
Sorriso dell'amore!
Dal dì che disse: vivere
Io voglio a te fedel,
Dell'universo immemore
Io vivo quasi in ciel.

O mio rimorso! O infamia
E vissi in tale errore?
Ma il turpe sogno a frangere
Il ver mi balenò.
Per poco in seno acquetati,
O grido dell'onore;
M'avrai securo vindice;
Quest'onta laverò.