Tercera entrega del largometraje biográfico dedicado al tenor que da título a la película (Gayarre).
En esta escena Julian se presenta a concurso en el conservatorio de Madrid con el fin de poder ganar una beca que le permita trasladarse a Italia para perfeccionar su técnica.
La obra con la que el tenor roncalés se presenta a dicho concurso, es la archiconocida página que Verdi compuso para el Duque de Mantua en su ópera Rigoletto.
El documento de 1958 nos deja entrever como era la presencia de Kraus en aquellos primeros años de carrera.
Cuando era un chaval (allá por el Pleistoceno Medio) y empezaba a aficionarme al arte de este grandísimo artista, recuerdo que conversaba largo y tendido con un profesor de mi colegio acerca de ópera. Más bien me limitaba a preguntarle y a empaparme de su sabiduría del arte lírico. Él era, y es, aparte de una gran persona, un perfecto caballero y un genio de las matemáticas, un gran aficionado al arte lírico. Poseía (y supongo que todavía posee) una gran voz de tenor, y su afición era sobre todo Wagner. Aunque sabía de todo tipo de repertorio lírico, su mayor admiración recaía en los cantantes wagnerianos: Kirsten Flagstad, Birgit Nilsson, Simon Estes, Wolfgang Windgassen.... Les seguían los que poseían voces poderosas (Hipólito Lázaro, Mario del Monaco, Franco Corelli,..), y entre los que no poseían voces especialmente grandes, pero sí una buena dosis de "arte", admiraba a Carlo Bergonzi, Montserrat Caballé, Victoria de los Ángeles y José Carreras (de los tres últimos, aparte de su indudable pertenencia al Olimpo de los grandes, influía mucho que mi profesor era más catalán que la Virgen de Montserrat).
El caso es que sus opiniones, para mí, iban a Misa. Una vez se me ocurrió preguntarle sobre Alfredo Kraus. Y cuál fue mi decepción cuando me dijo: "Alfredo Kraus es como el altavoz de un tocadiscos, una voz que no sale de dentro, una voz sin cuerpo, sin potencia". Esa vez su opinión no fue a Misa, y fue la primera vez que me di cuenta de que podía discutir con él, tanta era la devoción que ya por entonces tenía yo hacia D. Alfredo. A partir de entonces siempre que salía el tema de Alfredo Kraus en nuestras conversaciones, yo insistía en su calidad de ser sobrenatural. El profesor no podía dejar de reconocer, que aunque su voz era como el altavoz de un tocadiscos, poseía notas inverosímilmente agudas, igualdad de emisión, buen gusto,... Con gran satisfacción veía que poco a poco esa inicial indiferencia se tornaba en respeto al gran Kraus. Como él era un gran admirador también del gran director Georg Solti, me permití el gusto de grabarle un par de cintas con la versión completa del Rigoletto de Solti, con Alfredo Kraus, Anna Moffo y Robert Merrill (¡vaya reparto!). Después de escucharlas me dijo: "Oye, tu ídolo está impresionante en esta grabación ¿eh?".
Como ya veía que se le iba ablandando el corazón hacia el tenor de la voz de altavoz, decidí seguir grabándole cintas. ¡No era posible que existiera alguien que no reverenciara a Alfredo Kraus!. Después de oir la grabación del Wether (la comercial, EMI), me dijo que no era posible encontrar otro cantante que lo hiciera mejor. Pero la puntilla fue cuando le grabé una cinta con la banda sonora de Gayarre. Al día siguiente de que se la di, me dijo gravemente: "Esto es un tenor". Para mí fue suficiente. Aunque sabía que su afición a los tenores de grandes voces no iba a cambiar, al menos me quedó la satisfacción de escuchar de su boca palabras de admiración y respeto al, para mí y para muchos, tenor de tenores.
Guardo gran recuerdo del profesor, y aunque casi no me dio clase (sustituyó a mi profesor de matemáticas durante una breve ausencia), siempre admiraré esa sabiduría enciclopédica sobre Ópera que tenía, y los buenos ratos que pasábamos discutiendo sobre nuestra común afición. Mira por dónde, voy a preguntarle a Mr. Google por él, a ver si por casualidad veo por dónde anda ahora.
Gracias a ti, Werther, por proporcionarnos un espacio en el que poder explayarnos a gusto. Es la primera vez en mi vida que puedo hablar largo y tendido sobre nuestro admirado Kraus, y eso lo proporciona tu blog, tus reseñas y el magnífico ambiente de respeto y camaradería que existe entre los "feligreses".
Un abrazo.
P.D. Se me olvidó decir en mi comentario que él me regaló también varias cintas. Gracias a ellas descubrí la Marina de Hipólito Lázaro, Merecedes Capsir y Marcos Redondo, y el Fausto de Nicolai Gedda, Victoria de los Ángeles y Boris Christoff (insuperable versión de estudio, en mi humilde opinión).
Cuando era un chaval (allá por el Pleistoceno Medio) y empezaba a aficionarme al arte de este grandísimo artista, recuerdo que conversaba largo y tendido con un profesor de mi colegio acerca de ópera. Más bien me limitaba a preguntarle y a empaparme de su sabiduría del arte lírico. Él era, y es, aparte de una gran persona, un perfecto caballero y un genio de las matemáticas, un gran aficionado al arte lírico. Poseía (y supongo que todavía posee) una gran voz de tenor, y su afición era sobre todo Wagner. Aunque sabía de todo tipo de repertorio lírico, su mayor admiración recaía en los cantantes wagnerianos: Kirsten Flagstad, Birgit Nilsson, Simon Estes, Wolfgang Windgassen.... Les seguían los que poseían voces poderosas (Hipólito Lázaro, Mario del Monaco, Franco Corelli,..), y entre los que no poseían voces especialmente grandes, pero sí una buena dosis de "arte", admiraba a Carlo Bergonzi, Montserrat Caballé, Victoria de los Ángeles y José Carreras (de los tres últimos, aparte de su indudable pertenencia al Olimpo de los grandes, influía mucho que mi profesor era más catalán que la Virgen de Montserrat).
El caso es que sus opiniones, para mí, iban a Misa. Una vez se me ocurrió preguntarle sobre Alfredo Kraus. Y cuál fue mi decepción cuando me dijo: "Alfredo Kraus es como el altavoz de un tocadiscos, una voz que no sale de dentro, una voz sin cuerpo, sin potencia". Esa vez su opinión no fue a Misa, y fue la primera vez que me di cuenta de que podía discutir con él, tanta era la devoción que ya por entonces tenía yo hacia D. Alfredo. A partir de entonces siempre que salía el tema de Alfredo Kraus en nuestras conversaciones, yo insistía en su calidad de ser sobrenatural. El profesor no podía dejar de reconocer, que aunque su voz era como el altavoz de un tocadiscos, poseía notas inverosímilmente agudas, igualdad de emisión, buen gusto,... Con gran satisfacción veía que poco a poco esa inicial indiferencia se tornaba en respeto al gran Kraus. Como él era un gran admirador también del gran director Georg Solti, me permití el gusto de grabarle un par de cintas con la versión completa del Rigoletto de Solti, con Alfredo Kraus, Anna Moffo y Robert Merrill (¡vaya reparto!). Después de escucharlas me dijo: "Oye, tu ídolo está impresionante en esta grabación ¿eh?".
Como ya veía que se le iba ablandando el corazón hacia el tenor de la voz de altavoz, decidí seguir grabándole cintas. ¡No era posible que existiera alguien que no reverenciara a Alfredo Kraus!. Después de oir la grabación del Wether (la comercial, EMI), me dijo que no era posible encontrar otro cantante que lo hiciera mejor. Pero la puntilla fue cuando le grabé una cinta con la banda sonora de Gayarre. Al día siguiente de que se la di, me dijo gravemente: "Esto es un tenor". Para mí fue suficiente. Aunque sabía que su afición a los tenores de grandes voces no iba a cambiar, al menos me quedó la satisfacción de escuchar de su boca palabras de admiración y respeto al, para mí y para muchos, tenor de tenores.
Guardo gran recuerdo del profesor, y aunque casi no me dio clase (sustituyó a mi profesor de matemáticas durante una breve ausencia), siempre admiraré esa sabiduría enciclopédica sobre Ópera que tenía, y los buenos ratos que pasábamos discutiendo sobre nuestra común afición. Mira por dónde, voy a preguntarle a Mr. Google por él, a ver si por casualidad veo por dónde anda ahora.
Un abrazo.
Querido Haddock:
Amigo mío, muchas gracias por compartir con nosotros esas vivencias con este profesor del que nos hablas.
Recibe un fuerte abrazo.
Gracias a ti, Werther, por proporcionarnos un espacio en el que poder explayarnos a gusto. Es la primera vez en mi vida que puedo hablar largo y tendido sobre nuestro admirado Kraus, y eso lo proporciona tu blog, tus reseñas y el magnífico ambiente de respeto y camaradería que existe entre los "feligreses".
Un abrazo.
P.D. Se me olvidó decir en mi comentario que él me regaló también varias cintas. Gracias a ellas descubrí la Marina de Hipólito Lázaro, Merecedes Capsir y Marcos Redondo, y el Fausto de Nicolai Gedda, Victoria de los Ángeles y Boris Christoff (insuperable versión de estudio, en mi humilde opinión).