¡¡¡ GRACIAS ALFREDO !!!
Alfredo junto a su hermano y su madre en los años ochenta
Hoy es el gran día, tal día como hoy de hace ochenta años, doña Josefa Trujillo daba a luz a un pequeño ruiseñor de ojos azules que con el tiempo, la dedicación, el estudio y unido a unas portentosas facultades, enamoraría con su voz a miles y miles de personas en todo el mundo una de las cuales es un servidor.
En este día tan especial, también el contenido de la entrada de hoy tenía que ser especial y a la altura de las circunstancias; espero que con la elección que he realizado para este día pueda cubrir las expectativas de tan magno acontecimiento.
Solamente pondré una pega al material que hoy mostraré y es un pequeño defecto en el sonido; podría parecer que la voz de Kraus suena diferente y así es, pero no por un problema de su extraordinario instrumento sino de un problema técnico en la grabación espero que tras ver y oir los fragmentos de hoy me digaís si valía la pena o no mostrar estos extractos aun a pesar de cierta deficiencia con el sonido.
Bueno y ya pasemos a lo que nos interesa, al canto puro y duro.
En la vida de todo artista hay noches de un “clima” especial, veladas en las que se conjuran gran número de circunstancias y hacen de ese momento algo único e irrepetible. Uno de estos momentos tuvo lugar el 5 de Marzo de 1984, esa noche Alfredo ofrecía un recital en el Teatro Real madrileño (años antes de que se produjera su remodelación para convertirse en lo que es hoy en día) y que servía de algún modo como colofón y cierre a unas jornadas que días previos había dedicado el tenor a la transmisión de sus enseñanzas a un grupo de jóvenes que tuvieron el privilegio de asistir a las explicaciones del gran catedrático de la voz.
El mencionado concierto de Kraus había provocado un enorme interés en la capital y es que no en vano el madrileño ha sido junto con el de cinco o seis ciudades más, el público más entusiasta del tenor canario.
Desde el comienzo del recital la unión entre público y artista fue total, había un “algo” en el ambiente de carácter mágico que tenía a los espectadores embelesados además de la propia voz de Alfredo, por supuesto.
De este recital cuyas diferentes piezas no tienen ninguna, desperdicio alguno, he escogido como más ilustrativa una en la que utilizando un símil circense, Kraus riza el rizo.
La obra en cuestión es La Favorita y de ella la romanza del Acto I “Una vergine…” hasta aquí todo más o menos correcto dentro de la dificultad que supone cantar esta exigente pieza. El canto de la misma transcurre con la elegancia y sobriedad de Alfredo, con un fraseo inmaculado, unas respiraciones inverosímiles y así hasta ese momento grandioso de la nota sobreaguda en la cual Kraus se sube a lo más alto y consigue alcanzar ese momento casi inhumano
escrito por Donizetti; una vez más lo ha conseguido, y mientras todos estaban reponiéndose de ese instante mágico, va el bueno del tenor y como diciendo “ahora veréis lo que es bueno” realiza una última filigrana en lo más alto que dejó a todos los presentes y aun servidor cuando lo vio y escuchó en esta grabación, con la boca abierta. Ya no había calificativos para semejante demostración de valentía, de control absoluto sobre el instrumento y en una palabra, de ARTE. El Real por supuesto se vino abajo y la cosa no era para menos.
A continuación os muestro algunos extractos de la crónica que del presente evento publicó el desaparecido periódico Ya y que he extraído del libro de Eduardo Lucas.
Tras la mencionada crónica podréis recrearos con este fragmento de La Favorita del que os he hablado y a continuación tendremos más. Efectivamente, dado el carácter extraordinario y festivo del día de hoy no sólo os voy a ofrecer un "bis" sino que incluso habrá lugar para una segunda propina, la ocasión bien lo merece. Pero eso será más tarde. He aquí la crónica del mencionado periódico:
“Dos días después de ponerse a la venta las entradas para el recital, se agotaron, obligando a habilitar otros salones del mismo teatro para, a través de un circuito cerrado de televisión poder ampliar el número de oyentes. Hacía demasiado tiempo que el gran tenor no venía por Madrid. Solo las noticias frecuentes de sus éxitos en los primeros teatros de ópera del mundo y sus discos, conservando vivo el recuerdo, acrecían el deseo del reencuentro. Una enorme ovación saludó ya de entrada, su aparición en el escenario adornado con flores, ovación que se repetiría, cada vez mayor, a medida que su canto iba haciéndose admirable realidad, con la estupenda compañía pianística del buen camerista que José Tordesillas. De la voz de Kraus, que se conserva admirablemente, poco hay que decir que no haya sido dicho en todos los idiomas. Era la dulzura y persuasión del timbre; la sutil capacidad expresiva, que dispone de todos los recursos, dinámica y fraseo exquisito, para manifestarse; pero, sobre todo, esa técnica de canto suya, que parece espontanea, fluida, natural, que más que ser producto del largo estudio, parece su antecedente y raíz. Es Kraus, diríamos, quién crea las reglas, más que aplicarlas. Y siempre, con la infalible guía de la musicalidad más depurada, como si lo cantado no pudiera ser de otra manera. Al final llegó el capítulo de los insistentemente pedidos regalos: canciones tan populares como el “Adiós, Granada”, “Quiéreme mucho” o “Morucha”, aclamadas para terminar con la famosísima “Donna è mobile”, entre el general entusiasmo.”
Como os explicabla, este recital fue un auténtco frenesí por eso las propinas que proporcionó Kraus fueron un bálsamo para apaciguar los ánimos, aunque sólo levemente. Que decir de la primera propina "Quiereme Mucho" la elegancia con que es intrepetada por Kraus tan solo puede ser igualada por la letra de este tema llena de sensibilidad, ternura, AMOR. Observar como el realizador se recrea con las caras de los espectadores, especialmente las señoras, ante tal manifestación de romanticismo.
Y despues otra canción que no hace mucho ya os brindé por aquí aunque en esa ocasión fue en la versión de estudio que Kraus grabara en el año 1959, hablo de "Morucha" otro deleite para el oido, no me cansaré de decirlo, que manera más exquisita de cantar, saborear, acariciar una canción; todo esto y más es lo que Kraus realiza con este tema del maestro Quintero.
Si antes os comentaba algo acerca de la realización de este evento, por si alguno presta atención, en alguna que otra ocasión, los cámaras captan las imágenes de dos jóvenes que hay entre el público y que más de uno de vosotros reconocerá, se trata de una de las hijas de Kraus, Laura concretamente y de una de las ahijadas del tenor, la cantante Marta Sánchez.
Y de este modo estimados amigos, cierro esta semana especial dedicada al 80 aniversario de Don ALFREDO KRAUS TRUJILLO.
El próximo lunes continuaremos de nuevo por aquí y ahí va un avance, que los amigos argentinos presten especial atención.
Besos y abrazos para todos.


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AMarisaC dijo
Divinas felicidades. Espero que hoy el brindis de La Traviata esté sonando para tí Alfredo, en el Olimpo donde te encuentres.
24 Noviembre 2007 | 02:48 PM