Tal y como ya os avanzaba en el día de ayer, hoy os propongo una página de Zarzuela y además un fragmento de una de esas obras que prácticamente ni se representan ni escuchan. Se trata de la obra del maestro Pablo Sorozabal, "La isla de las Perlas" de la cual he extraído una romanza que dice así “No me quiere…”
Con este fragmento quiero compensar a nuestra amiga Marisa que hace unos días comentaba en otra entrada, que echaba de menos empezar el año con algo de Zarzuela y que no todo fuera música de los Strauss, por lo que he querido poner mi granito de arena para llenar ese pequeño hueco que a veces le dejamos al mal llamado "género chico" y que tantas veces sufre un trato desfavorable con respecto a otras músicas.
La de hoy, es una romanza que hace poco tiempo que "descubrí" y me parece realmente preciosa; este fragmento fue grabado por Kraus en 1958 bajo la batuta del propio compositor, en este año, tremendamente fecundo en lo que a grabaciones se refiere, y en la que Kraus y el maestro Sorozabal colaboraron de manera tan estrecha grabando varios discos juntos.
Así pues aquí os dejo con esta bonita página y lo dicho "Marisa",te la dedico a ti especialmente.
Feliz fin de semana a todos y que los Reyes Magos se porten bien con todos vosotros.
Un abrazo para todos.
No me quiere
la mujer que me quería,
y en lugar de despreciarla
y olvidarla,
yo la quiero con más ansia todavía.
¡No me quiere!
Su cariño me mentía
y en el alma no se muere
la ilusión que yo tenía
desde el día en que la ví pasar.
Ya sé que todo es mentira
si viene de esa mujer,
mas pienso en ella y suspira
mi pecho por su querer.
Se hundió el cariño tan fuerte
que ya no sé si la muerte
podrá su espina arrancar.
Olvido pide el dolor
que borre el fuego de amor
que yo no puedo apagar.
¡Por tí, Taipó ...!
¡Taipó ... ah, por tí sufro yo!
Y en el alma se me muere
la ilusión que yo tenía.
No me quiere.
Su cariño me mentía.
Su traición mi pecho hiere
y mis odios vengaría
pero al verla no podré matar.
¡Y su amor no he de olvidar!

Querido Werther:
Muchas gracias por corresponder a mi comentario del otro día con esta preciosa romanza que, en concreto, forma parte de uno de mis recuerdos de niñez. La escuchaba de pequeña en una grabación en la que, además de dos romanzas de "Los pescadores de perlas", aparecían temas de otras zarzuelas también de las menos conocidas como "Los pícaros estudiantes", "La villana", "Entre Sevilla y Triana", "Miguelón" o "La picarona".
Como siempre, un placer abrir tu página.
Un cordial saludo.
¡Qué romanza más bonita, y cómo la interpreta el Maestro! Al escucharla me ha venido a la memoria una experiencia que por simple e increíble no olvidaré en mi vida. Fue en una iglesia, durante un recital de Victoria de los Ángeles. Fue por el año 93, Victoria estaba cerca de la setentena, pero cantó como su apellido dice, como los Ángeles. Era increíble ver cómo administraba la voz para que sonase tan pura. Y aunque no cantaba con el fuelle de sus tiempos mozos, era tal la sabiduría y el buen gusto que le puso a la actuación, que dejó al auditorio totalmente transportado, sobre todo en la última propina, un Ave María de Schubert que cantó de espaldas al público y dedicándosela a la imagen de la Virgen que había en dicha iglesia. Pero volviendo al tema de "La isla de las perlas", durante un descanso en dicha actuación, una señora muy mayor que estaba al lado mío inició una pequeña conversación conmigo. Me llamó la atención la cara amigable y la mirada limpia de la señora. Iba vestida de negro, a la antigua usanza, sin ningún tipo de aditamento. Y no los necesitaba, porque su cara era tan amable, a pesar de las arrugas, y sus ojos tan sonrientes, que hacían de ella una de las mujeres más guapas que jamás he visto. El caso es que conectamos enseguida, fíjate, un muchacho de veintitantos años y una señora claramente octogenaria, hablando como si nos conociéramos de toda la vida. Con una complicidad, que enseguida me hizo olvidar la diferencia de edad. De hecho yo me sentía hablando con una persona joven, muy joven, mucho más joven que mucha gente de mi edad. Y cómo no, enseguida salió que nuestro tenor favorito era Alfredo Kraus. Entonces la señora me dijo que tenía en casa un disco amarillo de romanzas de Zarzuela de Alfredo Kraus, que le encantaba. Era el mismo que tenía yo, el disco de Hispavox que contiene las romanzas de "Black el payaso", "Entre Sevilla y Triana", etc. Y lo sorprendente de todo esto llegó cuando me dijo: "- Hay una romanza en particular que es la que más me emociona de todo el disco". Y sin que me dijese cuál era, o de qué Zarzuela se trataba, dije yo en automático y sin pensar: "- Ah sí, la misma que más me gusta a mí, la de La isla de las perlas, la que comienza por (tarareando bajito):Qué triste mi despertar....", y de seguido la señora, asintiendo, continuó tarareando: "... mejor sería volver a soñar..." y me dijo: - Es la romanza más bonita del disco, y una de las más bonitas que jamás se han escrito. En ese momento no me di cuenta de la imensa "casualidad?" de que nos gustase a los dos la misma romanza, entre tantas otras. Y puedo asegurar, porque esas cosas se notan a la legua, que la señora no lo dijo por amabilidad, lo dijo porque efectivamente esa era su romanza favorita. Luego pasado el tiempo, no paro de maravillarme de la "casualidad". Confirma mi convicción de que cuando la mente se pone en blanco y se calla el subconsciente, el flujo entre las personas es tan potente, que es cuando realmente uno se da cuenta de que todos somos olas de un mismo océano. Tristemente eso no podemos hacerlo conscientemente, al menos yo. Es más, cuanto más se fuerzan esas cosas, peor salen. Siempre tengo el puñetero subconsciente dando la lata ("estás echando barriga..", "no le caes bien a Fulano...", "¿has visto lo que te ha hecho Mengano?"......). Pero hay momentos mágicos, tan enormes por sí solos, que son capaces de acallar hasta al subconsciente más pejiguero. Y uno de esos momentos enormes fue el que me fue dado gratis en esa iglesia, con Victoria de los Ángeles y esa gran señora, viejecita, sin pintar, de negro, pero que me alegró la existencia, y me la sigue alegrando con su recuerdo.
Un fuerte abrazo
Mi querido Haddock, que preciosidad de relato el que acabas de compartir con nosotros, lleno de sensibilidad y ternura.
Efectivamente coincido plenamente contigo en que no importa la edad entre las personas para encontrar esos momentos mágicos... yo además creo ciegamente en que la música es además uno de los mejores hilos conductores para encontrar momentos tan especiales como el que tu nos has brindado y que lo transportan a uno a lugares y con sensaciones mágicas.
Recibe un fuerte abrazo y aprovecho para felicitarte el año.
Totalmente de acuerdo, la música es un canal directo hacia los momentos mágicos. Acabo de leer la propuesta que has hecho, Werther, de hacer monográficos con la participación de todos. Me parece una idea magnífica, e intentaré hacer alguna colaboración, cuando el tiempo me lo permita.
Feliz año a ti también y a todos los amigos del blog
Un abrazo