La entrada de hoy podemos decir que entra dentro de lo anecdótico y pronto entenderéis el porqué. Retrocedemos en el tiempo veintidós años para situarnos en 1986 y concretamente en el mes de Noviembre, en estas fechas están anunciadas en el Metropolitan de Nueva York unas funciones del Romeo y Julieta de Charles Gounod teniendo como protagonista en el rol masculino a nuestro Alfredo. Hasta ahí todo normal, lo curioso viene cuando uno se fija en quien ocupará la tarima al frente de la orquesta, pues ni más ni menos que Plácido Domingo. Que curioso, un tenor dirigiendo a otro; la verdad es que por aquel entonces las relaciones entre ambos eran bastantes cordiales y como prueba de ello, unos meses antes, concretamente en el mes de enero, Kraus participó en una gala benéfica auspiciada por Plácido para la recogida de de fondos con los que ayudar a las víctimas del terremoto de México de 1985.
Bueno, la cosa es que aquí tenemos a Kraus en el corte que hoy os he preparado,la célebre cavatina de Romeo,de una de aquellas funciones, cantando sobre el escenario y con otro ilustre colega en el atril; digo yo (esto es una broma mía) que Domingo debió pensar “cual puede ser el mejor lugar para escuchar a este hombre y aprender así un poco….” y de ahí que solicitara la dirección de estas representaciones....ja,ja,ja.... esta broma mía cariñosa y sin ánimo de ofender a nadie, sobre todo a los “Dominguistas”, se la dedico a una de sus incondicionales y que también nos visita de vez en cuando, mi querida amiga “Papagena”.
Aquí os dejo el cartel de aquellas representaciones. Por supuesto a la finalización de este "solo" el Metropolitan se vino "abajo".
Roméo...................Alfredo Kraus
Juliette................Cecilia Gasdia
Frère Laurent...........Paul Plishka
Stéphano................Hilda Harris
Mercutio................Brian Schexnayder
Benvolio................John Freeman-McDaniels
Gertrude................Geraldine Decker
Capulet.................Dimitri Kavrakos
Tybalt..................Allan Glassman
Pâris...................Christopher Trakas
Grégorio................Philip Booth
Duke of Verona..........Andrew Wentzel
Conductor...............Plácido Domingo
Finalmente y además de desearos un feliz fin de semana a todos, deciros que estoy un poco justo de tiempo y no se si podré tenerlo listo como sería mi gusto, pero de poder ser, comunicaros que este próximo lunes tendremos el primer monográfico de los que se realizarán de todas las óperas que constituyeron el grueso del repertorio de Kraus. Este primer monográfico está dedicado a Rigoletto.
De no poder terminarlo a tiempo ya os compensaré con otras cositas la próxima semana.
Besos y abrazos a todos-as.

Curiosa la anécdota de estos dos tenores juntos, supongo que el madrileño -ya que no aprender, como sugieres en tu broma (y es que hay cosas que no se aprenden...)- encontró un buen lugar desde donde disfrutar y admirar de cerca al genio canario. Supongo que Domingo no ha gozado de muchas ocasiones así con Kraus, pues un tenor que rivalizaba por aquellos años con Pavarotti por "ser reconocido como el mejor cantante de ópera del mundo", según sus propias palabras, dudo mucho que se acercase a los teatros como espectador allí donde cantaba un compatriota que le superaba alímpicamente en todos los roles de sus respectivos repertorios en que coincidían -que por suerte para el madrileño no eran muchos, porque la comparación inevitable para mi gusto no la resiste ni de lejos, ni siquiera cantando zarzuela.
Leo lo que acabo de escribir y parece dicho con cierta saña (que me perdone también Papagena), pero lo cierto es que al principio yo admiraba a Domingo como si fuese el mejor tenor vivo del mundo (el marketing y mi ignorancia unidos ese gol me habían colado). Sigo admirando ahora su bonita voz de entonces, y sus interpretaciones verdianas y veristas sobre todo, pero... cuanto más escucho a Kraus, menos me convence Domingo. No debería tener nada que ver, pero es así.
Probalemente toda esta reflexión, además de por la anécdota de esta grabación, ha sido provocada por la decepción que me he llevado esta misma mañana visionando la LUCIA DI LAMMERMOOR que Plácido Domingo osó cantar (junto a una mucho más aceptable Patricia Wise como Lucia) en 1981 en el Teatro de la Zarzuela. No quiero ser ni ingrato ni cruel con un tenor que me ha dado muchas alegrías pero su Edgardo me ha desagradado tanto, tanto que no me lo esperaba (esta versión de Lucia ya la había visto yo hace tiempo pero no la recordaba así, no sé por dónde andaban entonces mis oídos...). Acostumbrado a Kraus, no he escuchado ningún otro Edgardo que me convenza ni la mitad, aunque pueda parecer el comentario de un fanático. Pero el de hoy me ha parecido un ejemplo clarísimo de cómo no se debe cantar a Edgardo (hablo de cantar, no menciono su apasionada actuación, mucho más loable aunque carente de la nobleza propia del personaje), de cómo no se debe interpretar una partitura de Donizetti. ¿No recibió clases de 'Belcanto' o algo así? ¿o por lo menos de dicción?, porque es que apenas se le entendía ni aún sabiendo de memoria lo que tenía que decir, jo (XD). Y a pesar de los efusivos (exageradísimos me han parecido) aplausos y vivas que se llevó Domingo en su ciudad natal, lo cierto es que me he sentido casi defraudado, tanto como si hubiese comprado la entrada aquella noche, jajajá...
En fin, el disgusto se me va pasando ahora que lo comparto, quizás no sea para tanto y si mañana volviese a esta versión seguro que, ya sobre aviso, y evitando la comparación con Kraus (y aún con Bergonzi o Pavarotti), la impresión no sea tan terrible. Pero para mañana ya tenía prevista la LUCIA de Patricia Ciofi con Rolando Villazón ('il piccolo Domingo'), y la verdad es que, después del de hoy, ya le tengo miedo al Edgardo de Villazón. Bueno, pero esta vez Dios ya me cogerá confesado...
Como ves, querido Werther, me sigo poniendo las pilas con la Lucia di Lammermoor, leyendo, escuchando y visionando todo lo que puedo. Ahora que para el lunes ya sé que tenemos tu monográfico sobre RIGOLETTO, ya sabré a qué atenerme para preparar 'el mío'. Es una deuda voluntaría que tenía pendiente contigo y que cada día tengo más ganas de 'cumplir'... Mordiéndome las uñas hasta el lunes, me despido -¡por fin!- enviándote mi más caluroso y cordial abrazo.
Kraus...Domingo... estos dos nombres juntos me han provocado siempre una especie de sentimientos encontrados, pero graciosamente unidos a ciertas etapas de mi vida. Me explico, recuerdo que en mi adolescencia me hartaba bastante el hecho de ver a Plácido Domingo hasta en la sopa. Y no me desagradaba su voz, pero se daba tanto bombo como "el mejor tenor del mundo", que me cansaba. Plácido Domingo era el que mejor cantaba ópera, cantaba música ligera con John Denver, tocaba el piano, dirigía orquestas, era humano y sencillo, etc, etc. Así que, en mi rebeldía, me harté y ya todo lo de Domingo lo veía mal. Entonces para mí, Domingo no tenía agudos, se cargaba la música ligera con esa impostación tenoril que no le pegaba nada, parecía que estaba aprovechando la mínima ocasión para demostrar que aporreaba el piano, seguramente no era tan buen director, y de humano y sencillo tenía lo que yo de obispo. De esa forma empecé a interesarme más profundamente por las voces de otros tenores. Sólo por ir contracorriente. Y así es como me adentré en Kraus. Maravillado por el arte de Kraus, lo magnifiqué frente a Domingo. Y así empecé a ensalzar a Kraus y "machacar" a Domingo, que si Kraus tiene más agudos, que si tiene mejor gusto, que si es mejor actor, que si pone más sentimiento sin tanto "efecto especial", que si dice las verdades como las siente, etc. Y de la misma forma empecé también a preferir a Pavarotti frente a Domingo. Incluso traté de que me gustara más Carreras.
Luego, por la ley de la "acción y reacción" supongo, había evidencias, según mis gustos, que me decían que me estaba pasando. Una de ellas fue cuando escuché por primera vez a Kraus cantando el "himno a la espada" de "El Huésped del Sevillano". Me gustó, pero ahí me reconocí a mí mismo que la versión de Domingo me gustaba mucho más. Y lo mismo pasó con el brindis de "La Traviata", y con la jota de "La Dolores". Todo eso unido a que ya se me estaba pasando algo de la rebeldía adolescente, empecé a apreciar la voz de Domingo con independencia del "marketing" que él mismo se había creado. Llegado a ese estado de serenidad, reconocí que el arte de Domingo me gustaba mucho más que el de Pavarotti y muchísimo más que el de Carreras. Y ahora, ya con canas en el pelo, sigo teniendo como número uno indiscutible a D. Alfredo Kraus, como número dos... no sé quizás Carlo Bergonzi (sobre todo en grabaciones de representaciones en directo) o Nicolai Gedda, y ya de seguido viene Plácido Domingo. Siempre me emociono cuando escucho el dúo de Soledad y Rafael de "El Gato Montés". Cuando Plácido ataca el "torero quiero ser, y torear pá ti...." me salé de dentro un "olé tus ...." (con perdón) y creo que pasarán muchos lustros hasta que haya un tenor que lo haga igual. Y ahora, con más serenidad en el cuerpo, soy más capaz de separar lo que es la vida "circense" de los artistas, y apreciar su arte por el arte en sí. Ahora cuando me hago un CD de arias de ópera para escuchar en el coche, grabo, entre otras (y con gran predominio de arias de Kraus), por ejemplo, el "Pour me rapprocher" de Kraus, y el "Nessun dorma" de Plácido. Podría grabar el "Nessun dorma" de Kraus, pero para mí eso rayaría el masoquismo.
Ya dentro de lo anecdótico, el magnífico comentario de Orlando me ha recordado algo referente a la Lucia de Domingo en el Teatro de la Zarzuela. Me acuerdo que la televisaron, y a mí también me decepcionó. Recuerdo que en el aria final "Tu che a Dio spiegasti l´ali", Domingo tuvo muchas dificultades vocales, incluso creo que, sin llegar al gallo, se le quebró la voz un poco. Pero también recuerdo que en el aria anterior "Tombe de gli avi miei", atacó el "Ah" del "rispetta al men le ceneri Ah" con tal fuerza y contundencia, que me impresionó. Por supuesto, en conjunto, la versión de Kraus le da, para mí, cien vueltas. Pero me pasa igual que con el sexteto, para mí la frase previa "hai tradito il cielo e amor...maledetto maledetto sia l´istante" y siguientes hasta llegar al "vi disperda!", como la hacía Giuseppe di Stefano, no la hacía nadie.
de lo que sí estoy prácticamente seguro es, como dice Orlando, que Plácido debió sentir algo especial mientras escuchaba a Kraus. Los artistas son artistas, y como tales no se les debe escapar el reconocimiento y admiración, aunque sólo sea interno, hacia todo aquel que produce arte. Y en este caso arte sublime como era el de Kraus.
Un abrazo
Kraus produce embriaguez!
¡Muchas gracias, Haddock, por tu generoso comentario! Enseguida me di cuenta ayer de que me estaba pasando, pero necesitaba un pequeño desahogo y ninguno mejor que compartir aquí mi decepción, desahogo que me puso "a huevo" Werther con su broma y la anécdota de ayer. He sido un ferviente admirador de Domingo y sigo siendo un admirador suyo no tan ferviente.
En realidad no creo que se trate de uno u otro tenor, como para muchos era en otros tiempos o la Callas o la Tebaldi (otro ejemplo que sigue funcionando con algunos: o la Caballé o la de los Ángeles), pero precisamente porque sus repertorios, por el tipo de voz, debían ser diferentes ¿porqué se mete Domingo a cantarlo todo si no vale para todo igual (y hablamos de un tenor que en 1981 aún estaba en plenas facultades a sus cuarenta añitos...)?
Fue Plácido Domingo el cantante que me abrió a la Zarzuela, y eso siempre le queda a uno, realmente es un intérprete 'bravo' y siempre me ha gustado su expresividad apasionada en la belleza de su voz pero... de verdad desde que he escuchado más atentamente a Alfredo Kraus éste me ha convencido más. En el caso de la zarzuela, donde ambos han coincidido más es donde más fácilmente puedo compararles porque son probablemente los dos más grandes tenores que se han dedicado a ella con cierta asiduidad; y justamente citas una romanza que me encanta escuchar por uno y por otro, el 'Himno a la espada', y sin negar que me encantaba (me sigue encantando) cantada por el madrileño, la verdad es que prefiero ahora la limpieza, la pureza y la engañosa sencillez de la línea de canto del canario, que, como dice Victoriakraus, me produce embriaguez –y una admiración enorme. Cuestión de gustos sin duda, ante lo que no hay nada que discutir.
Nuca he llegado a cogerle 'tirria' a Domingo ni como artista ni como "persona pública", la verdad es que hasta me cae bien y le admiro bastante pero es también cierto que Don Alfredo Kraus, para los que le admiramos con mayor o menor juicio crítico (o casi ninguno como es mi caso), ha dejado un listón tan alto en aquellos terrenos que acertó a 'tocar', que los que han venido después (después de escucharle a él, quiero decir) lo tienen muy difícil para convencernos. Se trata sólo de eso, en el caso de ayer no expresado sin saña, lo admito. Vuelvo a echarle la culpa a lo reciente de la decepción (ayer era más bien indignación pero reconozco también que exagerada)...
(Por cierto, de acuerdo también con el Edgardo de Di Stefano, quien demuestra que se puede cantar a Donizetti con todo el ardor y sin faltar espantosamente al estilo belcantista, aunque sus méritos como enamorado de Lucia sean desiguales -y más teniendo como compañeras a Lucías como la Callas o la Scotto... )
Bueno, pues gracias por tu atención y tu comentario, Haddock. Espero seguir tu ejemplo y que el tiempo (de edad debemos andar cercanos) me lleve no muy tarde a ese ‘estado de serenidad’ en que te encuentras tú. Un fuerte abrazo.
Jaja, no creo que te hayas pasado en ningún momento, amigo Orlando. Has dado tu opinión, y de forma bien respetuosa. Yo también, a pesar de mis preferencias puntuales de otros tenores, estoy totalmente de acuerdo en que en las óperas de repertorio de Kraus, no había, ni hay, quien le tosa. Considerando óperas completas, y de su repertorio habitual, no veo ninguna en que me guste más otro tenor. Y aunque no dejo de reconocer cierta valentía en los cantantes que, como Plácido, se han adentrado en óperas que no le iban a su voz, cuando los oigo pienso "quién le mandará a este/a meterse en camisa de once varas, está haciendo el ridículo". Es curioso, con esto del paso de los años, me veo más sereno y tolerante en algunos aspectos, pero mucho más intransigente y tajante en otros (bueno, tampoco soy tan viejo, tengo cuarenta años de vellón). Gracias a Dios, en esto de los cantantes tiendo a estar más cerca de la comprensión que de la intransigencia.
Un fuerte abrazo.
QUE INTERESANTE ANÉCDOTA Y QUE SINGULAR GESTO PARA MÉXICO. DEBO CONFESAR QUE NO LO SABÍA ESTE DETALLE PERO...SUFRIMOS EL TERREMOTO YA QUE VIVÍAMOS EN MEXICO ESTUDIANDO YO EN LA UNAM.
APROVECHO SR. WERTHER PARA PLANTEARLE LA PETICIÓN DE "COLOCAR" en la COCTELERA "MEDITERRANEO" QUE TAMBIÉN ME GUSTA COMO EL 100% DE LA DISCOGRAFIA KRAUSIANA: ...AZUL MEDITERRANEO, ...., MEDITERRANEO LLEGUÉ HASTA TU ORILLA PARA OFRECERTE ....
Gracias por la dedicatoria, querido Werther!!!
No sabía de esta anécdota, la verdad es que es curioso escucharlo sabiendo que es Plácido quien dirige, jejeje
Sobre las bromitas, sin comentarios :-P
Besos placideros
Estimado "Leonel", cuenta con esa dedicatoria que muy posiblemente podré lleva a cabo esta misma semana.
Mi querida "Papagena" como decía en mi entrada y ahora repito, espero que mi comentario lo tomes en su justa medida sin ánimo de ser ofensivo en absoluto; se trataba de una travesura de alguien que ya sabes que te aprecia y te quiere mi buena amiga. Tu ya sabes que como buen gallego en muchas ocasiones me gusta ironizar pero siempre dentro del respeto y en esta ocasión no iba a ser menos.
Un beso grande, mi "madrileña bonita".
Espero yo también no haber resultado ofensivo, repito que Domingo me encanta en otras facetas suyas, pero que el otro día me pillasteis con una indignación exagerada que a lo mejor se amplificó por otros motivos...
Solo tres años me saca Haddock, pero es casi ese tiempo el que llevo escuchando ópera así que ya me direis si hay razón para tanta 'intransigencia', aprenderé de la serenidad y tolerancia de Haddock y si un cantante me disgusta en una interpretación me lo callaré por lo menos hasta que yo aprenda a hacerlo mejor jejeje Abrazos muchos.
Aunque pueda resultar muy tentador para los aficionados el establecer comparaciones vocales, valga la expresión, a pelo entre todos los cantantes líricos, apreciados contertulios, en puridad sólo podemos cotejar la mayor o menor calidad vocal de aquellos que compartan, además, como es lógico, la pertenencia a la misma cuerda, idéntica tesitura (no confundir con extensión) y rango “tímbrico”. Yo no sé ahora, porque esto de la enseñanza está definitivamente dejado de la mano de Dios, cómo se impartirán las primeras nociones de Aritmética a los niños, pero los de mi quinta recordamos perfectamente que una de las cosas más elementales que nos enseñaban cuando parvulitos en el cálculo numérico, para poder realizar las operaciones correctamente o, simplemente, siquiera poder plantearlas cabalmente, era la necesaria homogeneidad entre los términos; dicho de otra manera, que no se podían sumar peras con limones. Pues tan básico principio de las Matemáticas es aplicable también al canto lírico, por lo que el rango vocal de un tenor spinto, como es el caso de Domingo, incluso con posibilidad para poder llegar sin forzar en exceso a dramático, no es comparable con el de un lírico-ligero, tipología tenoril de nuestro admirado Alfredo Kraus, lisa y llanamente porque es imposible “sumarlos”, son incompatibles vocalmente y, por mucho que se empeñase Domingo en interpretar ciertos papes belcantistas que hizo suyos el tenor al que aquí rendimos tributo –así pasaba lo que pasaba cuando a tal se arriesgó-, no podían cantar el mismo repertorio. Al madrileño, pues, hemos de juzgarle en relación con otros tenores de su misma familia canora, pongamos con un Jon Vickers o también con, qué sé yo, un Mario del Mónaco, todos muy bien capacitados para representar a esta categoría dignamente, y otro tanto cabe hacer –repito, si procedemos con lógica musical- con Kraus, para convenir si el canario era mejor o peor tenor que, p.ej., Francisco Araiza, o que, válganos para el caso, Raúl Giménez, homólogos de aquél e igualmente reputados intérpretes.
Ahora bien, prescindiendo de la disimilitud del instrumento de ambos intérpretes, lo que, como digo, hace –así lo entiendo- inviable el que podamos establecer cabal examen comparativo alguno como tenores, donde sí es posible someterles a una confrontación juntos es en la manera, tan distante como distinta, que tuvieron de entender la profesión, y, por ende, enfocar sus respectivas carreras. Vamos a ver si soy capaz de explicarme en lo que sigue. Si hubiera que resumir –sentado que todo reduccionismo es injusto- en una especie de eslogan la trayectoria profesional de estos dos genios –uno del marketing y no tanto del canto y el otro del canto y muy poco del marketing-, para el caso de Kraus, yo me quedaría con la conocida sentencia latina “non multa, sed multum” (en traducción libre, no importa la cantidad, sino la calidad), y para Plácido Domingo, resumiría su popular carrera en estos dos conocidos dichos castellanos, “cría fama y échate a dormir” y “quien mucho abarca, poco aprieta”. Creo que queda claro, mientras que Alfredo Kraus, siempre exigente consigo mismo y dispuesto, desde el más absoluto rigor, a servir fielmente a la música sin concesión alguna, concretaría su compromiso ético con la ópera y la audiencia, que siempre esperaba lo mejor de él, solamente en unos cuantos títulos y papeles, los que mejor se avenían con su perfil vocal e idiosincrasia, dejando en todos ellos indeleble huella y todo un referente interpretativo, el tenor madrileño, antes que especializarse en un repertorio concreto, contrariamente optó por la, digámoslo así, “biodiversidad” de incontables papeles, algunos de los cuales cantados un poco a salto de mata y sin la debida preparación –en mi modesta opinión, únicamente dejará su impronta con el Otello verdiano-, e imponiéndose, como un objetivo personal, una singular manera de querer popularizar la ópera, a base de macroconciertos al aire libre y en sociedad (anónima) con sus amigos (?) Carreras y Pavarotti.
En fin, dos muy diferentes modos de entender el ejercicio de la profesión, contando los dos, entre sus colegas y la afición, tanto con un gran número de defensores como con no menor número detractores. Particularmente, antes que con el modelo “prêt-à-porter” de mi paisano Domingo, el cual, sea dicho todo, me cae fenomenal como persona, puro corazón, me quedo con el modelo de “alta costura” que lució el sin par arte de Alfredo Kraus. Saludos cordiales.