Los monográficos - RIGOLETTO (II)

Tal y como os decía en el día de ayer, Rigoletto tiene indudablemente su importancia en la carrera de Kraus y esto se debe a diferentes motivos; por un lado esta es la obra con la que hizo su debut profesional en enero de 1956 en la ópera de El Cairo, y de otra parte está el dato estadístico de que es el título operístico con el que ha participado en mas producciones, cincuenta y siete para ser exactos si no me fallan mis datos, todas ellas con las respectivas funciones.
Para los amantes de los números os dire que los años mas prolíficos en lo que a representaciones de Rigoletto se refiere por parte de Kraus fueron los de 1962 y 1971 respectivamente con cinco producciones en otras tantas ciudades.
Siguiendo con la estadística, las última representación que llevo a los escenarios Kraus, metido en la piel del Duque de Mantua se produjo en el Metropolitan de Nueva York en noviembre de 1994 junto a Sumi Jo (con la que ya compartiría escenario y obra cuatro años antes) y Paolo Gavanelli en los principales papeles.
Viendo todos estos números, se hace dificil encontrar (por no decir imposible) a un tenor que haya mantenido en su repertorio al duque de mantua durante ¡36 años! ya que es un rol que debido a su tesitura, los cantantes suelen abandonarlo con el paso de los años debido precisamente a la imposibilidad de seguir cantando este personaje tan exigente creado por Verdi.
Tras esta breve introducción, continuo con el relato de la acción de la obra.

Nos quedábamos ayer en el final del primer cuadro del Acto I.
Pues bien, en el segundo cuadro aparece un Rigoletto tremendamente impresionado por la maldición que sobre el han dejado caer; y es que este ser jorobado y perverso se da cuenta que al igual que el Conde Monterone, el también es padre y tiene una hija a la que quiere salvaguardar de cualquier peligro. En un oscuro callejón tiene lugar el encuentro ente Rigoletto y Sparafucile, un asesino a sueldo que le ofrece sus servicios, los cuales son rechazados por el bufón aunque al mismo tiempo solicita más información de cómo este lleva a cabo su “oscuro” trabajo a lo que este le cuenta que con la ayuda de su bella hermana Magdalena, la cualle sirve de cebo para sus víctimas. Tras la marcha del asesino, Rigoletto compara su oficio con el del asesino dándose cuenta de la similitud que existe entre ambos, uno hiere con la daga y el otro con la lengua. Nuevamente la maldición de Monterone le atormenta pero para alejar esos malos presagios corre al lado de su hija Gilda. Se produce aquí un hermoso dúo entre padre e hija donde Verdi da un giro por completo a la personalidad del bufón mostrándonos en este instante el lado más humano, tierno y sensible de ese padre que en otras ocasiones se transforma en un ser vil, malvado y alcahuete.
A raíz de este nuevo dúo se puede resaltar como Verdi con esta obra empieza a romper los moldes establecidos hasta ese entonces en lo que a estructura musical se entiende. Tanto el en sus primeras obras, como lógicamente sus predecesores en el arte de la composición, daban un lugar preponderante a los cantantes por lo que la obra estaba plagada de momentos escritos para el lucimiento de estos. Verdi con Rigoletto comienza ya de una manera clara a cambiar esta tendencia y así, el mismo,comenta como esta obra la ha concebido como si de una sucesión de dúos se tratara. Por supuesto que existen todavía algunas arias precedidos en algunos casos de recitativos y también con cabalettas finales, pero estos números de lucimiento único y personal del cantante en este caso no están en cualquier caso concebidos para el efecto fácil y un lucimiento excesivo tal y como era entendido hasta ese momento.
Prosiguiendo con la trama, Rigoletto recuerda a Giovanna (el ama), que vele por su hija, la cual está recluida en la casa por orden expresa de Rigoletto y tan salo sale de la misma para ir a la iglesia algunas mañanas. En la calle se escuchan ruidos por lo que Rigoletto sale a verque es lo que sucede; este instante es aprovechado por el Duque para adrentarse en el domicilio del bufón sin ser visto. Regresa nuevamente Rigoletto y tras las últimas recomendaciones a su hija, parte, momento en el cual el libertino Duque se da cuenta de que no es la amante de Rigoletto sino su propia hija. A la marcha de su padre, Gilda con remordimientos cuenta a Giovanna como no ha sido capaz de explicarle a su padre que desde hace unos días un joven la sigue a la iglesia y le ha declarado su amor. En este momento irrumpe el Duque que permanecía escondido y tiene lugar un bello dúo entre ambos, que es lo que a continuación vamos a escuchar.
A la finalización de este dúo, Gilda se queda sola y entona su “Caro nome” propio de la joven enamorada que es. Tras la marcha del Duque, en la calle se escucha el ruido producido por los cortesanos que se dirigen a casa de Rigoletto con el fin de raptar a quienes ellos consideran su amante. Rigoletto regresa a su casa ante un funesto presentimiento que se le ha aparecido y es entonces cuando se topa con los nobles, estos disimulando le hacen creer que está allí para raptar a la mujer del Conde Ceprano lo cual a Rigoletto le satisface por lo que incluso decide ayudarles en tal misión. Lo que desconoce el atormentado Rigoletto es que tras serle vendados los ojos lo que realmente hace es ayudar a la captura de su propia hija.
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