La Coctelera

Alfredo Kraus, "EL TENOR"

Vida y obra de un milagro de la naturaleza humana.

13 Febrero 2008

Los monográficos - RIGOLETTO (III)

En una estancia del palacio ducal, entra este contrariado y muy agitado porque al volver a casa de Rigoletto esta se encuentra desierta y cree que Gilda ha sido raptada.

Antes de mostraros la fantástica intervención de Kraus en este solo, os pondré el que constituye el segundo capítulo sobre la técnica de Kraus y que tiene como protagonista para su explicación este recitativo y aria del Duque. Merece la pena escuchar con atención los comentarios del profesor Ricardo de Cala para apreciar en su justa medida el valor de lo que Kraus hacía, y al mismo tiempo percibir la dificultad que este pasaje de Rigoletto tiene para cualquier tenor. Tras este vídeo proseguiremos con el relato de la acción de este segundo acto.

Tras escuchar este vídeo veamos ahora el fragmento de esta representación en el Teatro de la Zarzuela madrileño donde podremos poner en práctica los conocimientos que acabamos de adquirir en nuestra "clase teórica".

Como os decía, el Duque muy agitado canta primeramente un recitativo casi sin acompañamiento,lleno de desesperación por el rapto de Gilda que finalmente se confirma cuando vuelve a su casa presuroso. En este instante su canto hasta entonces frenético se vuelve una melodía amorosa.

Entra en escena nuevamente Rigoletto quien contrariado y cariacontecido intenta disimular con indiferencia, que es ajeno a todo lo que sucede; mientras se suceden las risas y burlas de los cortesanos hacia este. Cuando el bufón ya no aguanta más la situación, Rigoletto solicita a los presentes que le dejen ir al encuentro con su hija ante la sorpresa de todos que tenían a Gilda por la amante del bufón.

Arremete entonces Rigoletto contra los cortesanos en la conocida “Cortigianni, vil razza danata” primero con furia y luego a través de la súplica.

Aparece entonces Gilda que va al encuentro de su padre y busca consuelo en este tras la deshonra de que ha sido objeta. El padre intenta consolarla mientras por la sala cruza Monterone que es conducido al patíbulo; al paso de este, Rigoletto le asegura que el hará caer la venganza sobre el Duque y que este no quedará impugne.

Un aspecto bastante significativo tras el estreno de la obra es la contradicción tan grande que existió entre público y crítica; mientras el primero había acogido con enorme éxito la obra prolongando notablemente el número de representaciones y el ansia de otros teatros de representar la obra, los segundos tienen tal desconcierto ante la nueva composición que escriben cosas como:


“Todo ha sido escuchado infinidad de veces y desde tiempos pasados y no muestra siquiera buen gusto…” (Italia musicale)


“La partitura es pobre en melodías y prácticamente carece de conjuntos. En la búsqueda de nuevas armonías, Verdi se ha desviado y tomado el rumbo de la escuela alemana, y no pocos críticos italianos opinan que haría bien en volver a las fuentes de Rossini y Bellini …” (Gazette musicale, París)


“…Música pueril, ridícula, ordinaria, y extravagante, pobre en ocurrencias… “ (Atheneum, Londres)


“ … En la búsqueda de la simplicidad Verdi ha caído en la chabacanería… es su ópera más floja, vacía y carente de inspiración. Sería una perdida de tiempo y espacio dedicarle un mayor análisis… “ (Times, Londres)

Tras leer estos comentarios no me queda otra más que decir que por aquel entonces igual que ahora, había críticos a los que bien por un problema genético o bien por algún tipo de enfermedad tienen una atrofia en el nervio auditivo y tenían una percepción de los sonidos bastante pobre lejos de la belleza e inspiración con que estos fueron creados.Menos mal que ese viejo e inexorable "sabio" que es el tiempo, pone todo en su sitio.

Como contraposición a todos estos juicios de los críticos, decir que al año siguiente la obra tendría en Venecia más representaciones que el año precedente. Mientras, otros teatros de Italia rivalizan para presentar la obra, eso si, muchos de ellos tuvieron que pelear nuevamente con la censura como había sucedido en Venecia y así la obra hubo de presentarse en otras ciudades con títulos diferentes tales como: Viscardello, Clara di Perth, o Lionello y todo esto acompañado de diferentes cambios y objeciones que se le pusieron al argumento.

Al cabo de una año la obra ya se había presentado en muchos escenarios europeos: Graz, Budapest, Praga, Stuttgart, Bremen, y Londres entre otros. En los siguientes cinco años la ópera de Verdi daría la vuelta al mundo.

servido por Werther 6 comentarios compártelo

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Paco Roa

Paco Roa dijo

Si me permite, apreciado anfitrión, hacerle una mínima observación sobre la orientación de estos trabajos, después, claro está, de felicitarle muy sinceramente por tan interesante iniciativa de incluir en el foro estudios monográficos de las óperas más significativas del repertorio krausiano, personalmente le sugeriría dar un enfoque mucho más, cómo le diría, centrado en la particular relación de Alfredo Kraus con el título en cuestión que se analice. Vamos a ver, poco más que contextualizados brevemente obra y autor que toquen, toda vez que, en términos generales, van a ser títulos de sobra conocidos por cualquier aficionado y no precisarían, pues, de mayores desarrollos, en mi opinión lo que verdaderamente tendría un estimable valor añadido y, sin duda, más interés sería pasar, tras esta somera introducción, a examinar detenidamente la trascendencia que pudo tener la ópera que se proponga esa semana en el curso de la carrera del maestro, la lectura personal que Kraus hizo tanto de la obra en general como del personaje por él representado, actoral y vocalmente, las razones por las que lo incorporó a su repertorio y, llegado el momento, lo retiró del mismo, reseña de críticas obtenidas, teatros donde más cantó la ópera y alguna función memorable de la misma, una comparativa con otros tenores rivales que también cataron el papel, y, en fin, todo aquello que mejor pueda ilustrar sobre sus Duque de Mantua, Elvino, Tonio, Arturo, Edgardo, Fausto, Gennaro, Alfredo, Ernesto…

Pero, ya digo, esto es únicamente una sugerencia, que, como es natural, puede y debe obviar si Vd. entiende que la misma se aleja o difiere totalmente de los objetivos y propósito que se haya podido marcar con estos estudios monográficos. En todo caso, nuevamente le doy mi más cordial enhorabuena por el resultado ya conseguido con lo publicado de esta primera entrega, la cual enriquece el foro y, estoy seguro, animará a más de un krausiano a recoger el testigo para futuras monografías. Saludos muy cordiales.

P.D.: Como curiosidad le diré que asistí a una de las funciones de este rutinario “Rigoletto” madrileño; nada especialmente reseñable que yo recuerde a excepción, claro está, de la actuación de nuestro querido tenor.

13 Febrero 2008 | 12:42 PM

Werther

Werther dijo

Estimado Roa:
Como siempre he dicho, cualquier comentario o sugerencia que aquí se me haga siempre será bienvenida y esto no iba a ser menos con la sugerencia que hoy me ha dado teniéndolo en cuenta para futuros monográficos.
El principal motivo de haber orientado este Rigoletto de este modo era básicamente para dar a conocer, sobre todo al público que empieza ahora a aproximarse al mundo de la ópera y solo conocen fragmentos sueltos o determinados pasajes (bueno, mas o menos como hemos comenzado todos), una obra en su integridad, cuales fueron sus orígenes, cual es su trama, aspectos de los personajes, del compositor, del contexto en que fue escrita, etc. Me pareció que todo esto podía enriquecer bastante los vídeos que aquí pondría de cada título.
Dicho esto y sin perjuicio de que los futuros monográficos sigan contando con esta ambientación de la obra y todo lo que la rodea, efectivamente haré todo lo posible para profundizar todo lo que me sea posible, en la relación de Kraus con el título de turno.
Una vez más gracias por su palabras Don Paco.
Reciba un afectuoso saludo.

P.D.
Por cierto le cojo parte de su comentario cuando expresa su sugerencia para mi persona o la de aquellos que vayan a hacer otro monográfico; los próximos monográficos que vean la luz serán La Traviata, Werther y Lucia di lammermoor esta última por cierto correrá a cargo de nuestro amigo “Orlando”.
Pues yo le invito a que si le apetece y con calma (no hay prisas, los tres títulos que ya le he mencionado nos llevarán seguramente a después de las vacaciones estivales) hiciera ”suyo” alguno de los roles Krausianos para escribir sobre el mismo y con mucho gusto aquí lo publicaríamos. Ahí le dejo el “guante” ....
Y esto mismo vuelvo una vez más a hacerlo extensivo a todos los que de manera anónima por aquí pasan cada día, casi de puntillas sin decir nada, y el que quiera que se anime a redactar algo sobre uno de los múltiples personajes que Kraus interpretó.

Esto es todo, un abrazo a todos y todas.

13 Febrero 2008 | 03:05 PM

Paco Roa

Paco Roa dijo

Pues fíjese, apreciado anfitrión, que igual me animo y le remito un monográfico; todo es cuestión de tiempo y, sobre todo, de oportunidad. En cualquier caso, adelante con este proyecto que bien merece la pena y hasta podría ser objeto de una obra impresa, todo sería cuestión de buscar editor. Saludos cordiales.

13 Febrero 2008 | 06:29 PM

orlando

orlando dijo

¡SALUDOS KRAUSIANOS!
Cómo nos gustaría -seguro que hablo aquí por muchos- un monográfico por usted, nuestro admirado señor Roa. La verdad es que yo me animé enseguida porque me pareció, me sigue pareciendo, una idea muy bonita la de la participación colectiva en esta página que para muchos de nosotros cuenta como una de las preferidas. Buenas sugerencias las que hace usted, querido Paco Roa, yo también pensaba dar menos importancia a las informaciones que más al alcance se encuentran de cualquier aficionado, puesto que ya las conocemos todos pero hay que darlas de todas formas,y más a las curiosidades, datos o anécdotas que me parecieran más interesantes y que menos aburrirían a los ya iniciados.
La idea 'divulgativa' de Werther es igual de necesaria y de bonita, antes de correr hay que caminar, y en mi caso no me puedo dar el lujo de correr mucho, hay muchas cosas que escapan de mi alcance y que no mejorarán a no ser que empiece a estudiar música y canto, lo que de momento -y no por falta de ganas- no puedo hacer ni creo que vaya a poder si (es broma, claro) no me tocan este domingo los 20 millones de euros que hay de bote de la primitiva (yo ya lo intento, jajaja). Para no serguir tan prosaico, le diré que me refiero concretamente a algunas de las también importantísimas sugerencias que hace con respecto a la relación de Kraus con el rol, pero pondré el texto que escriba a disposición de nuestro querido anfitrión para que lo complete como le parezca más oportuno con lo que considere más interesante y a mí se me haya escapado.
Quiero yo también animar a tados desde aquí a poner su granito de arena ya que la idea, cuánto me repito, me parece de lo más bonita. Un fuerte abrazo

15 Febrero 2008 | 10:49 AM

Marisa

Marisa dijo

Estando siempre encantada de aprender de quienes tienen más conocimientos técnicos de canto y música que yo, sólo permitidme que difiera de mi percepción de estas representaciones.
Yo también tuve la fortuna de ver el estreno de esta función y aún recuerdo la emoción gloriosa que sentí durante toda la obra.
Por cierto, que puedo comentaros la anécdota que supuso un "enfrentamiento" con mi madre, del que aún me dura la envidia. Yo estaba esperándola con las entradas (que casi sangre me costó conseguir) en la entrada principal del teatro y ella, que llegó un poco más tarde, se cruzó con Alfredo Kraus que acudía muy deprisa pues sólo faltaba media hora para el inicio de la representación. Aún así, se detuvo a hablar muy educadamente con ella durante algunos minutos y se excusó por tener que dejarla porque tenía que acudir a maquillarse y se le había hecho muy tarde. ¡Para una vez que la dejo sola, fijaos lo que me perdí¡.
Bueno, espero que se me perdone la osadía de no estar de acuerdo con el Sr. Roa en cuanto a lo rutinario de la representación.
Un saludo para todos

24 Febrero 2008 | 09:31 PM

Paco Roa

Paco Roa dijo

Pero Dña. Marisa, cómo va a ser una “osadía” discrepar de mi opinión, puede y debe hacerlo, sólo faltaba, de entenderlo conveniente. Si Vd. me ha leído con anterioridad en los foros en los que participo, sabrá que uno de los puntos que defiendo con más denuedo es el de la (educada) discrepancia entre los aficionados a cuenta de una producción operística en su conjunto, de un determinado cantante en particular o sobre cualquier otro elemento constitutivo, principal o secundario, de este (casi) siempre maravilloso espectáculo que de ordinario resulta ser la ópera, pues el argumentado disenso entre nosotros es lo que el gol al fútbol, la salsa: todo un estímulo para el debate ordenado. Dicho lo cual, me apresuro a extenderme algo más sobre mi valoración como “rutinaria” de la producción que ha ilustrado la primera entrega de la serie de monografías. Por el tiempo de dicha producción capitalina, todavía a unos cuantos años vista de la reapertura del Real, la temporada operística madrileña tenía lugar en un teatro –dándose la inexplicable circunstancia de ser la única capital europea “importante” que no disponía de un coliseo “ad hoc” para hacer ópera-, el Lírico Nacional La Zarzuela, que, como su propio nombre indica, estaba y está concebido, tanto por sus especiales características de diseño como reducido tamaño general (especialmente exiguo y problemático es su escenario), únicamente para nuestro género chico, razón por la cual los muchos montajes operísticos que se hicieron por aquellos años de la larga travesía del desierto para la sufrida afición “gata”, además de corresponderse con los de una plaza de segunda como lo era Madrid, con todo lo que ello implica, se tuvieron que meter, la mayoría de ellos al menos, con calzador en el citado teatro de la calle Jovellanos.

Fíjese, lo que más recuerdo de este “Rigoletto” que nos ocupa es, sin entrar en pormenores muy concretos, que, como Vd. bien puede comprender, ya no retengo en mi memoria, el cierto regusto malo que nos quedó al salir del teatro, una vez concluida nuestra función, que (me creo) fue la quinta y última. Algo parecido a “no había para tanto”, es lo que, en la misma escalinata de La Zarzuela, me soltó con toda razón mi amigo Miguel, uno de mis habituales compañeros de fatigas operísticas de aquellos años ochentas. Y es que en relación con el excepcional despliegue publicitario y el mucho bombo y platillo que se había dado en los medios a este “Rigoletto”, incluyendo la presencia de las cámaras de TVE, a nuestro juicio la producción fue, eso, “rutinaria”, una de tantas y tantas con los decorados de siempre, discreta dirección musical y cantantes nada extraordinarios –particularmente malo el barítono de turno-, la típica, pues, ya digo, destinada para teatros de segunda línea, y que únicamente la presencia de Kraus en ella, más, pienso, por hacernos un favor que por otra cosa, la salvó de la pitada general. Saludos cordiales, Dña. Marisa.

25 Febrero 2008 | 12:43 PM

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