Alfredo y Rosi brindando en perfecta comunión
La Revoltosa de Ruperto Chapí es una de nuestras zarzuelas más populares entre el gran público y una buena parte de culpa de que esto sea así la tiene el fragmento que hoy os propongo; se trata del dúo entre Felipe y Mari Pepa que cuenta en esta ocasión además de con nuestro tenor, con la soprano Ángeles Chamorro.
La orquesta es la “Manuel de Falla” y la dirección corre a cargo de Enrique García Asensio. Esta Zarzuela fue grabada por Alfredo en 1976 para su sello discográfico, Carillón.
Dicho esto, os deseo un feliz y alegre día que no puede tener mejor acompañamiento que este desenfadado número musical.
Hasta mañana.
Fel. ¿Por qué de mis ojos
los tuyos retiras?
Mari-P. ¿Por qué me desprecias?
¿Por qué no me miras?
Fel. ¿Yo? ¡No!
Mari-P. ¡Tú!
Fel.¡No!
¿Por qué de ese modo
te fijas en mí?
Mari-P. ¿Qué quieres decirme
mirándome así?
¿Por qué sin motivos
te pones tan triste?
Fel. ¿Por qué de mi lado
tan pronto te fuiste?
¿Mari-P. Yo? ¡No!
Fel. ¡Tú!
Mari-P. ¡No!
Fel. ¿Por qué de ese modo
te fijas en mí?
Mari-P. ¿Qué quieres decirme
mirándome así?
Fel. ¡Así!
Mari-P. ¡Así!
Fel. ¿Me quieres?
Mari-P. ¿Me quieres?
Los dos ¿Me quieres?
Fel. ¡Sí!
Mari-P. ¡Sí!
¡Ay, Felipe del alma!
¡Si contigo solamente
yo soñaba!
Fel. ¡Mari-Pepa de mi vida!
¡Si tan sólo en tí pensaba
noche y día!
¡Mírame así!
Mari-P. ¡Mírame así!
Los dos ¡Pa que vea tu alma leyendo en tus ojos,
y sepa (serrana / serrano) qué piensas de mí...
Fel. La de los claveles dobles,
la del manojo de rosas,
la de la falda de céfiro,
y el pañuelo de crespón;
la que iría a la verbena
cogidita de mi brazo...
¡eres tú!... ¡porque te quiero
chula de mi corazón!
Mari-P. ¡El hombre de mis fatigas,
pa mí siempre en cuerpo y alma,
pa mí sola, sin que nadie
me dispute su pasión!
con quien iría del brazo
tan feliz a la verbena...
eres tú... ¡porque te quiero,
chulo de mi corazón!
Fel. ¡Ay, chiquilla! ¡Por Dios!
Mari-P. ¡Zalamero! ¡Chiquillo!
Fel. ¡Chiquilla!
Mari-P. ¡No me hables así!
Fel. ¡Te quiero!
Mari-P. ¡Te quiero!
Los dos ¿Me quieres a mí?
¿No te voy a querer, prenda mía?...
De mi, ¿qué seria sin ti?...
Fel. ¡Nena mia!
Mari-P. ¡Felipillo!
Fel. ¡Mi morucha!
Mari-P. ¡Mi querer!
Fel. ¡Tú eres esa!
Mari-P. ¡Tú eres ese!
Los dos ¡Pues si tú no fueras, mi vida!
¿quién lo había de ser?...
¿Me quieres?... ¿Me quieres?
¿Me quieres tú a mí?
¡De mí qué sería sin ti!

Muy lindo y bien logrado dúo! Tiene frescura y ambas voces son magníficas! Es una declaración de amor. Dudo que ahora se use declararse así! Más bonito y más romántico! Emocionante para los dos protagonistas y para nosotros también, evocador de tiempos y usanzas que se soñaron y que se fueron para siempre!
Qué más grande que el amor?
Un abrazo.
Desde 1959 que escuche por primera vez a Alfredo Kraus en un dico de
canciones italianas,Musica probida,Lolita, la Matinatta, o sole mio, y muchas otras que fueron la delicia de mi adolescencia , he seguido fiel
a esta maravillosa voz y delicada fuerza interpretativa. Habia escuchado un fragmento del curro Vargas y sonaba a una historia tragica que quise saber. No fue posible. Pasaron muchos años y ahora con la computadora
pude volver a escuchar y encontre en el blog de Alfredo Kraus a Curro Vargas y la cancion "Que siempre me ha querido.." Me encanto. Dura mas
de seis minutos. lei el libreto y Curro muere despues de matar a Soledad.
Pero la musica es bella. Por cierto los primeros compases tal vez Puccini
los tomo en una parte de la Bohemia. Estan cargados de nostalgia , melancolia y dolor. Me conmueve y esa voz... Gracias por conservar y darnos la oportunidad de conocer el gran repertorio de este gran cantante.
Recuerdo a Angeles Chamorro, gran amiga de Alfredo, en la época en que ambos grabarón una serie de zarzuelas, que salieron con el sello de Carillón.
Coincidimos en alguna ocasión en el chalet de El Viso (en Madrid), donde estaba la sede y oficina de esta firma discográfica, y alli se hablaba de música, y al final, en alguna ocasión se terminaba cenando.
Por aquella época, Alfredo quería hacerse vegetariano, y no comia más que verduras, pasta, y algunos otros platos, que no llevasen carne. Entonces, Angeles Chamorro (que creo que era quién le había convenzido), le ponía unas inyecciones de vitaminas, con lo cual, los que estabamos allí bromeabamos. Por supuesto, no asistiamos al "acto de la inyección".
En cualquier caso, creo que esta incursión en la alimentación vegetariana, no le duro mucho, pues recuerdo que el día de fin de año, en Nápoles, a la hora de cenar, me recomendo un osobucco (que él tambien comío), y que estaba delicioso.
Otras anécdotas, que me vienen a la memoria.
Don Enrique: Quién mas podría contarnos estas anécdotas? Son tan sabrosas como el osso bucco de entonces!
Y las voces espléndidas! Angeles Chamorro poseía una bellísima!
Saludos a todos.
Queridos amigos "krausistas", me viene a la memoria alguna otra anécdota relacionada con el maestro, que quiero compartir con vosotros.
La última vez que Alfredo canto en Galicia, fué en Santiago de Compostela, el día 2 de octubre de 1998 en el Auditorio de Galicia.
Había venido dos dias antes acompañado de nuestro amigo el Dr. Lucas.
Alfredo se hospedaba en el Hostal de Los Reyes Católicos, y Eduardo Lucas, en otro hotel. Bien. Eduardo, buen conocedor de Alfredo, antes de que lo fuesemos a recoger al Hostal (el día 1), me advirtió que no le hablase de Rosi, pues él estaba tratando de recuperarse de la depresión, que la muerte de Rosi le había producido.
Llegamos al Hostal, lo llamamos a traves de la recepción, y al poco llegó él, y nos dimos un gran abrazo. Como es natural, lo primero que hize fué preguntarle "Alfredo, ¿como te encuentras?", y entonces el fué quien comenzo a contarme todo lo mal que lo había pasado durante la enfermedad de Rosi, y sobre todo como había "encajado" el fallecimiento de la misma. Quiero decir, que él, estaba queriendosé abrir conmigo, como amigo suyo que era.
Salimos los tres del Hostal, y fuimos a pasear un poco por el casco antiguo de Santiago. Yo lo llevaba cogido del brazo (como hacía con mi padre), e ibamos hablando. Por supuesto, había mucha gente que lo veían y al reconocerlo lo saludaban, e incluso alguno se paraba para expresarle la alegría de que cantase en Santiago.
Pero llegó el momento de ir a comer, y él nos invitó a Eduardo Lucas y a mí. Buscamos un lugar, y encontramos un restaurante, en el cual, al reconocerlo el dueño, nos ofrecio un lugar reservado, para que pudiese Alfredo comer, sin ser interrumpido por la gente que pudiera reconocerlo.
¿Y que vamos a comer?, dijo Alfredo. Y Eduardo Lucas sugirió una paella, pero ...... con pocos "tropezones", o sea, mucho arroz y poco de lo demás, que tanta sustancia dá a la paella. Alfredo dijo, "eso ... con pocos tropezones, y mucho arroz". Yo para mis adentros dije, ¡¡ me habeis hecho la puñeta, porque a mí sobre todo me gustan los tropezones ¡¡. Pero discretamente, no dije nada.
Vino el dueño del restaurante (Un joven de unos 40 años), que había trabajado en Australia, y en un momento le pregunto si había cantado alguna vez, en aquel pais, a lo cual él le contesto que nó, ya que eran muchísimas horas de vuelo, y además para dos o tres funciones, no le compensaba.
Y por fín terminada la comida, llegó el momento de pagar. Le trajeron la factura, en una bandejita de plata; Alfredo hecho mano de la billetera, y entrego una tarjeta de crédito. Al poco ... "Sr. Kraus, disculpe, pero la máquina no acepta la tarjeta", ¡¡ Que raro ¡¡ dijo Alfredo. Volvio a sacar la billetera y entrego otra tarjeta. "Sr. Kraus, disculpe de nuevo, pero está tarjeta, tampoco sirve". Yo llevaba en mi billetera, unas 3.000 ptas. (de entonces), y pensaba ¡¡ pues como tenga que pagar yo, haber que hago con el dinero que llevo ¡¡. Yo pensaba, ¡¡ haber si ALFREDO KRAUS, no tiene ni un duro ¡¡ ......... Y ¡¡ POR FIN ¡¡. Una tercera tarjeta funcionó, y yo respiré tranquilo.
Al día siguiente cantó maravillosamente bien, y despues del concierto fuí con unos amigos que habian ido de La Coruña, a cenar a una taberna. Estabamos cenando y aparece Alfredo y Eduardo. La taberna estaba llena, y logicamente todos, les ofrecimos que se juntasen con nosotros, que les hacíamos sitio. Hablaron con el dueño de la posada (¡¡ pobre hombre ¡¡), y no les hizo un hueco para acomodarlos (me imagino que no lo reconoció), con lo cual, muy amablemente, y a pesar de nuestra insistencia, se fueron a otro lugar a cenar. Fué la últimima vez que lo vi con vida.
Un abrazo para todos.