De nuevo en las Islas
Diario "La Provincia" (MIGUEL F. AYALA)
Kraus ya está en casa. Siete minutos pasaban de la una de la tarde cuando un vehículo funerario alcanzaba ayer el Cementerio de Las Palmas, en Vegueta, con los restos del tenor fallecido en Madrid en 1999. Poco más de 50 personas, casi en su totalidad familiares, le esperaban en éste su último viaje y, con acordes de una suite de Bach como fondo, presenciaron el retorno de Alfredo Kraus a la tierra que le vio nacer.
A la sombra de cuatro frondosos árboles y bajo el brillante cielo azul que ayer iluminó la capital grancanaria, desde las once y media de la mañana un grupo de operarios cavaba en un pequeño parterre localizado junto a la entrada del camposanto la que, sólo unas horas más tarde, iba a convertirse en la última morada de uno de los más universales artistas que ha dado Canarias.
Procedente del cementerio madrileño de Boadilla del Monte, los restos del belcantista aterrizaban aproximadamente a las doce de la mañana en el Aeropuerto de Gran Canaria y poco después, en coche fúnebre, partían por la GC-1 hacia la ciudad donde nació Kraus en 1927. Su hija, los hermanos del artista y demás familiares llegaban casi tras él al cementerio de Vegueta. José Miguel Pérez, el presidente del Cabildo grancanario, lo hacía un poquito más tarde sacando un hueco de su agenda para acudir por petición familiar al enterramiento.
EMOCIÓN. Alrededor de la pequeña tierra horadada, muy cerca de ese pequeño hueco que se antoja minúsculo para acoger una personalidad y una voz tan inmensas, recibieron todos a la una y media de la tarde el ataúd de madera clara que, con un gran crucifijo, agasajaba al cantante. Tras recorrer en su vida profesional los escenarios del mundo y fallecer en la capital de España, Kraus volvía a ser llorado en su Isla natal 10 años después de su desaparición.
La jornada se presentaba complicada para los seres queridos de Alfredo Kraus pero aunque evitaron la presencia de medios de comunicación con el fin de no perturbar la intimidad del acto, no impidieron en ningún momento que fotógrafos y periodistas les acompañaran a cierta distancia en un momento tan personal: ver la caja fúnebre del tenor -el padre Kraus, el hermano Kraus, el primo Kraus...- perderse en la oscuridad de aquella pequeña zanja no fue fácil para ninguno de ellos. A pocos metros, el violonchelista Carlos Rivero interpretaba una composición de Juan Sebastián Bach, aportando un poco de belleza y pasión a un momento tan amargo. Complicado martes y trece para esta unida familia Kraus. Seguro.
El sacerdote José Alonso ofreció entonces unas plegarias y poco después, fue el hermano del intérprete, Francisco Kraus, de gran parecido físico con el artista, quien leyó un emotivo texto en el que, quizá, fue el momento de mayor sentimiento para todos. Rosa, hija del Werther más brillante de la Historia, no pudo contener las lágrimas. Eran las dos menos veinte de la tarde cuando la tierra comenzó a sepultar los restos del artista.
Minutos más tarde y cubierto de flores el irrepetible tenor por fin descansaba en casa.

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selenedenebulae dijo
Qué bien narrado... Supongo que esa era su voluntad, y está muy bien que la hayan cumplido, a pesar de los momentos tan duros para su familia.
Muchos besos.
14 Octubre 2009 | 10:16 PM